El «Gigante de Cardiff»

Izquierda: Fotografía del gigante. Derecha: Fotografía tomada en el año 1869 en el momento en el que se desenterró el gigante de Cardiff.

Tal día como hoy… 16 de octubre de 1869 se descubrían en Cardiff los restos de un gigante

 

El 16 de octubre de 1869 se descubrían en Cardiff (Nueva York, EEUU) los restos de un gigante de 3,10m de altura, brazos de metro y medio y pies de medio metro. Se le llamó el «Gigante de Cardiff» y se pretendía que era un ejemplar de la mítica raza de gigantes, los nefilim, que según la Biblia poblaron la Tierra en sus primeros tiempos. Fue uno de los bulos más famosos de la historia de los Estados Unidos.

 

CV / En el montaje participaron, con voluntades e intereses distintos y hasta contrapuestos, tres individuos. El primero fue un tal George Hull, un tabaquero, «naturalista» aficionado, ateo militante y lector de Darwin; el segundo, un granjero llamado William Newell; y el tercero, Phineas Taylor Banum,  un hombre del negocio del espectáculo, especializado en exhibir monstruosidades y rarezas.

En el montaje participaron, con voluntades e intereses distintos y hasta contrapuestos, tres individuos

Todo provino de uno de los pasajes más intrigantes de la Biblia; concretamente ‘Génesis 6,4’: “Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después, cuando los hijos de Dios se unieron a las hijas de los hombres y engendraron hijos…”. Al parecer, los nefilim procederían del cruce entre ángeles, o demonios, con mujeres humanas. Los hombres habrían pedido ayuda a Yahvé, sin que se sepa si Dios fue sensible a tal petición. Eso sí, el diluvio habría acabado con ellos; aunque alguno tal vez sobreviviera, como por ejemplo el Goliath muerto por David en el primer libro de Samuel 17:4-23; 21:9.

Hull tuvo un día una discusión con un pastor metodista que sostenía que la Biblia se tenía que interpretar al pie de la letra, y se le ocurrió hacer negocio con esta interpretación literal. Compró un inmenso bloque de yeso con el pretexto de esculpir una estatua de Abraham Lincoln y se fue a Chicago a encargarles a unos escultores un trabajo muy bien remunerado a cambio de su silencio: la estatua de un hombre desnudo de tres metros, con las extremidades contraídas en agonía, al modo de los restos humanos de Pompeya, acotado sobre su espalda y con el brazo derecho sobre su estómago. Cuando le entregaron el encargo, lo roció con ácido sulfúrico para que pareciera erosionado y antiguo. Luego se fue a ver al granjero Newell y acordaron repartirse los futuros dividendos que la idea de Hull iba a aportar gracias a la credulidad de la gente.

Solo en la primera semana acudieron 2500 personas. Y a medida que los periódicos locales lo calificaron como «el descubrimiento del siglo», acudieron muchas más

Un año después de estos hechos, unos poceros que trabajaban en la granja de Newell dieron con el gigante, y se creó una gran expectación. Pronto acudió Hull y acreditó que se trabaja de un ejemplar fosilizado de la bíblica raza de los nefilim. La fosilización se atribuyó a la humedad del terreno por los pantanos circundantes; versión que fue corroborada por algún «sabio» local. Y empezó el negocio, que consistió en cobrar por las visitas para ver al infortunado gigante. Solo en la primera semana acudieron 2500 personas. Y a medida que los periódicos locales lo calificaron como «el descubrimiento del siglo», acudieron muchas más.

El negocio iba tan bien que pronto llegaron ofertas de compra por parte de acaudalados hombres de negocios. Un sindicato de empresarios compró tres cuartas partes del negocio por 30.000$. Sus comisionados, los geólogos de las universidades de Nueva York y de Rochester, James Hall Henry Ward, afirmaron que se trataba del objeto más increíble que se había encontrado en el país. Y tenían razón, pero en sentido opuesto…

La cosa se complicó cuando el empresario circense, del espectáculo y de rarezas, propietario del American Museum (Nueva York), en el cual exhibía mujeres barbudas, microcéfalos que presentaba como el eslabón perdido y escabrosidades por el estilo, decidió exhibir una réplica del gigante en Manhattan afirmando que el suyo era el original y el de Newell y Hull una copia. Y se fue complicando aún más cuando autoridades académicas más competentes que los antecitados empezaron a denunciar el engaño. Luego los escultores de Chicago empezaron a hacer más copias, y al final, aunque parezca increíble, llegaron a exhibirse media docena de «gigantes» por todo el país.

Finalmente Hull reveló el montaje, que afirmó haber realizado para mofarse de los fanáticos creyentes de la Biblia

Al año siguiente, 1870, había pasado de causar sensación a ser objeto de burla. Finalmente, y a raíz de un pleito judicial contra Banum por la autenticidad del gigantón, Hull reveló el montaje, que afirmó haber realizado para mofarse de los fanáticos creyentes de la Biblia.

El «gigante» de Hull está actualmente expuesto en el Farmers Museun de Copperstown (Nueva York). El de Banun, en el Museo de Farmington Hills (Michingan). Y sigue habiendo quien va a verlos, pero, es al menos de suponer, ya con otro objeto.

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