El invento del papel carbón

Hoja de papel de calco. / Wikimedia - Pavel Krok

Tal día como hoy… 7 de octubre de 1806 se inventaba el papel carbón

 

El 7 de octubre de 1806, en Londres, un inventor llamado Ralph Wedgewood registraba la patente de un ingenio denominado Stylographic Writer. Dos años después, un italiano llamado Pellegrino Turri, inventaba una máquina de escribir pulsando un teclado, con cada una de las teclas correspondiendo a una letra o número, que, mediante pulsación a presión a través de una cinta, lo imprimía sobre un papel. En ambos casos, se había inventado el papel carbón.

 

CV / Aunque hoy en día es prácticamente inexistente y solo objeto de curiosidad, el papel carbón fue un elemento imprescindible para obtener copias de un original antes de que se inventaran las fotocopiadoras y, más recientemente, las impresoras vinculadas a un ordenador, que nos permiten hacer cuantas copias deseemos de cualquier original. O también, tratándose de un manuscrito, escanearlo. Pero antes de que todo esto existiera, y tampoco hace tanto, solo había el papel carbón.

Igualmente, antes de que existiera el correo electrónico, la gente acostumbraba mantener correspondencia epistolar, cartas manuscritas que se enviaban por correo postal –se consideraba una muestra de mal gusto escribir a máquina la correspondencia personal-. Y en muchos casos, la gente acostumbraba a reproducir -igualmente manuscrita-, una copia de la misiva enviada, que guardaba en su archivo personal. Igualmente, el destinatario también acostumbraba a archivar la correspondencia recibida.

En muchos casos, la gente acostumbraba a reproducir -igualmente manuscrita-, una copia de la misiva enviada / Pixabay

Esto puede parecer hoy en día raro, pero fue una costumbre que ha permitido conocer muchas cosas sobre los entresijos de grandes descubrimientos, grandes amistades y grandes rivalidades a lo largo de la historia; también grandes amores y grandes desengaños. Pues bien, el papel carbón fue un invento que, en muchos casos, evitó a los remitentes de las cartas tener que reescribirla íntegramente para guardar una copia y registro de lo escrito en el original.

El papel de calco funciona por el método de impacto o presión, que ejerce la punta de la pluma, lápiz o bolígrafo sobre el papel original

Se trata de una lámina, o cinta en el caso de las máquinas de escribir, que permite hacer copias simultáneamente. Funciona por el método de impacto o presión, que ejerce la punta de la pluma, lápiz o bolígrafo sobre el papel original, debajo del cual se sitúa esta lámina, impregnada con cera y carbón por una de sus caras –o tinta, posteriormente, en las máquinas de escribir-, de manera que, situado un papel en blanco debajo de dicha lámina, se obtiene por presión una copia del original. Precisamente porque actúa por impacto, solo se puede hacer una o, a lo sumo, dos copias.

Lo que resulta curioso es que ni Wedgewood ni Turri concibieron el papel carbón para hacer copias de originales, sino que, en ambos casos, su finalidad era facilitar un medio de escritura para invidentes mediante el uso de algún tipo maquinaria. En el caso de Wedgewood, el Stylographic Writer consistía en un punzón de metal que sustituía a la pluma, con un papel impregnado de tinta secada –papel carbonatado, lo denominó- entre dos hojas de papel. Todo ello sobre un tablero con alambres de metal que servían de guía para el punzón.

Hasta los años ochenta, los trabajos a máquina que hacían los estudiantes acostumbraban a utilizar el papel carbón para guardar una copia –las fotocopiadoras eran caras-

Comercialmente fue un fracaso. La costumbre de guardar copias de la correspondencia era, ciertamente, algo propio de la aristocracia, de la burguesía y de intelectuales –pensemos, por ejemplo, en la polémica epistolar entre Leibniz y Newton, con Clarke en medio-, y eso de recurrir a una copia carbonatada se consideró algo chusco, impropio. Luego, con el auge de la correspondencia comercial, el uso de papel carbón empezó a generalizarse. Hasta los años ochenta, los trabajos a máquina que hacían los estudiantes acostumbraban a utilizar el papel carbón para guardar una copia –las fotocopiadoras eran caras-.

En el caso de Turri, probable inventor de la primera máquina de escribir que funcionó, diseñó su ingenio para que una gran amiga suya, la joven condesa Carolina Fantoni, que era ciega, pudiera mantener correspondencia. La máquina no se conserva, pero sí algunas cartas escritas por la condesa. El invento de Turri combinaba el papel carbón y la máquina de escribir con teclas, por el mismo sistema que, tres cuartos de siglo después, utilizó la primera máquina de escribir comercial, una Remington fabricada por Sholes & Glidden.

Tras más de dos siglos de esplendor, la invención de las fotocopiadoras relegó progresivamente el papel carbón a la categoría de rareza o antigualla

Tras más de dos siglos de esplendor, la invención de las fotocopiadoras relegó progresivamente el papel carbón a la categoría de rareza o antigualla. Y no digamos ya con los ordenadores personales… En cualquier caso, los modernos sistemas informáticos le han rendido homenaje poniendo su nombre en un instrumento que todos utilizamos cada día, aunque muchos lo ignoren: los correos electrónicos.

Cuando enviamos un email y queremos que otros destinatarios reciban copia del mensaje, recurrimos a la función CC, que, contra lo que muchos piensan, no son las iniciales de «Con Copia», sino de «Carbon Copy».

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