Ni un de Gaulle ni un Mendes-France, ni siquiera un Mitterrand

 

X.M. / x.masso@catalunyavanguardista.com

Me gusta tanto Alemania que, como aquel ministro polaco, preferiría que hubiese dos… o tres. Hubo en un tiempo más de una docena, y produjeron lo suyo, aportando un extraordinario impulso al acervo cultural occidental y universal. Y lo siguen haciendo, qué duda cabe. Son los Leibniz, Kant, Marx, Goethe, Schopenhauer, Novalis, Schiller, Hölderlin, Nietzsche, Kepler, Gauss, Cantor, Hilbert, Planck, Einstein… Una nómina difícilmente superable. Pero Alemania tiene también su lado oscuro, que se ha manifestado muy especialmente casi tantas veces como ha sido una unidad política. A lo mejor es que carece de las dosis de finezza que se requieren inevitablemente para poder, y sobre todo saber, ejercer de potencia hegemónica.

El más fuerte nunca lo es lo suficiente para consolidar su liderazgo frente al resto si no sabe convertir su fuerza en derecho y la obediencia a sus designios en deber. Pero no basta con eso, porque la propia afirmación anterior incluye la intrínseca necesidad de un cierto savoir faire, de una cierta cintura, vamos, con sus inevitables transacciones e interacciones contextuales, del que siempre han andado más bien escasos. Les pasó con el II Reich y no digamos con el tercero; les está empezando a pasar con el cuarto.

Alemania se ha estado dedicando desde 1989 a comprar todo lo que había intentado infructuosamente conquistar militarmente

La verdad es que Alemania se ha estado dedicando desde 1989 a comprar todo lo que había intentado infructuosamente conquistar militarmente durante, como mínimo, los últimos 150 años. Y la verdad es también, o a mí me lo parece al menos, que aun habiendo cambiado los medios utilizados para sus fines, no ha sido así con su actitud. Una especie de destino manifiesto que aparece recurrentemente a la que se desacompleja de sus anteriores desafueros.

Algún día alguien deberá explicar la responsabilidad política de Alemania en el estallido del conflicto de Yugoslavia, cuando reconoció unilateralmente a Eslovenia y a Croacia al día siguiente que se declararan independientes. O en la actual crisis de Ucrania… O ahora, con Grecia y la decisión del BCE, dictada por Frau Merkel a su edecán Draghi, de detener la compra de bonos griegos.

A un alumno se le puede suspender porque no haga los deberes, pero no porque diga que no los va a hacer, y menos si dice que no los podrá hacer porque está enfermo y lo demuestra. Y así es como se ha actuado con Grecia. Pero es que además, que se sepa, y al menos desde que se ha constituido el nuevo gobierno, los griegos no han dicho en ningún momento que no vayan a pagar su deuda, sino que, ante la imposibilidad de cumplir con las draconianas condiciones impuestas por la troika y sin posible solución de continuidad que no pase por un replanteamiento del tema, lo que proponen es renegociar los abusivos intereses y los plazos del pago, de forma que tengan un mínimo respiro que les permita, precisamente, poder afrontar dicho pago.

Con este objetivo, han iniciado una gira dirigida a entrevistarse con sus socios europeos para sondear actitudes y plantear el tema. Obras son amores y no buenas razones, cierto, pero no lo es menos que Italia ha dicho entender y acoger con simpatía y comprensión las peticiones griegas, y Francia también. Ha bastado que se manifieste una cierta solidaridad formal con la situación griega, aun en el terreno de las meras declaraciones de buenas intenciones, para que la reacción del BCE haya sido, a las pocas horas, anunciar que no comprará bonos griegos a partir de ahora. Y esto es ni más ni menos que condenar a Grecia, o bien a la muerte por inanición, o a salir de la zona euro. Sin más.

Y la lástima es que, ahora mismo, no haya en Francia ningún político de talla en el poder

Es decir, han decidido atajar el tema cortando por lo sano antes de que cunda el ejemplo griego, que es lo que realmente inquieta. Y la lástima es que, ahora mismo, no haya en Francia ningún político de talla en el poder. Porque de haberlo, Merkel tendría un problema. Pero no hay un de Gaulle ni un Mendes-France, por citar a derecha e izquierda; ni siquiera un Mitterrand. Sólo Flanby Hollande, sin talla ninguna, y Sarkozy, un político que ha hecho de la farsa discurso y que es más sumiso ante Merkel incluso de lo que pueda serlo Rajoy.

Y esta es la oportunidad que ya se ha dejado que pase de largo demasiadas veces. Si Francia, Italia y España –segunda, tercera y cuarta economías de la zona euro, respectivamente-, fueran capaces de presentar un frente mínimamente coherente, no sólo estarían defendiendo a Grecia y articulando una voz para la Europa del sur, tan lejos del epicentro de la UE y de los intereses alemanes hoy en día, sino que estarían, a la vez que echándole un capote a Grecia, defendiendo sus propios intereses –Italia y España- y recuperando –Francia- la iniciativa política que por historia le corresponde, y que perdió desde que Alemania salió del armario.

Me temo que es muy improbable que ocurra. Pero igualmente, si lo que se pretende humillando a Grecia es que propuestas como la de Siritza naufraguen, lo que puede ocurrir también es que se produzca un efecto rebote en países tan afectados como Grecia, pero más relevantes, y nos encontremos con un heteróclito frente «objetivo», pero no objetivable, sino más bien subjetivable, con PODEMOS en España, el FN de Le Pen en Francia y, a saber qué, puede ser cualquier cosa, en Italia. Probablemente sería el final de la zona euro y puede que de la Unión Europea.

Y desde luego, no tengo nada claro que esto le fuera a importar demasiado a Alemania, que ya tiene sus zonas de influencia prioritaria en Centroeuropa y en el este. No es el Reich que algunos soñaron, pero ahí está. Quizás todavía no, pero al tiempo. Si a Alemania le sigue interensado ahora mismo el euro es porque, entre otras razones, un nuevo marco alemán se hipervaluaría tanto que sus exportaciones quedarían seriamente afectadas, con todo lo que esto conlleva. Pero para tales designios no es necesaria una Grecia en el euro.  Porque el objetivo es estrictamente económico, y en clave alemana. Y también por ello no hay política europea, sino alemana. Pero una cosa es imponer al dictado, y otra muy distinta liderar. Y aunque esté haciendo lo primero, mucho me temo que la Alemania de Frau Merkel no está capacitada para lo segundo.

Haría bien en ser algo más condescendiente y demostrar una cierta flexibilidad; por su propio interés. Y el de todos los demás.

UN ÚLTIMO DATO: Acabo de ver  que Flanby afirma ahora estar de acuerdo con las medidas adoptadas por el BCE. Ayer dijo «digo» y hoy dice «Diego». Con personajillos así…

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Xavier Massó

Licenciado en Filosofía y en Antropología Social y Cultural

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