El Manifiesto comunista

Definirá un proyecto político y de acción revolucionaria para este nuevo grupo social: el proletariado / Imagen: Marx (izda) y Engels (dcha)

Tal día como hoy… 21 de febrero de 1848 se publicaba en Londres ‘El Manifiesto (del Partido) comunista’

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El 21 de febrero de 1848 se publicaba en Londres ‘El Manifiesto del Partido comunista’, sin duda uno de los libros más influyentes de la historia. Lo escribieron Karl Marx (1818-1883) y Friedrich Engels (1820-1895), por encargo de la Liga de los comunistas.

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CV / Es una de las obras más conocidas de Marx y de Engels, y probablemente también la más leída, al tratarse de un escrito breve y de fácil lectura; a diferencia de, por ejemplo, ‘El Capital’, también sin duda una de las más conocidas y profusamente citadas, pero a la vez de las menos leídas y peor comprendidas.

Se estaba gestando la revolución de 1848 que en breve iba a extenderse por toda Europa

Corrían tiempos agitados en Europa. El Congreso de Viena había liquidado en 1815 la revolución francesa restableciendo el absolutismo en lo político, pero en lo económico, el capitalismo se desarrollaba de forma imparable y las sociedades urbanas de la revolución industrial propiciaban la extensión y el ascenso de nuevas clases medias y profesionales liberales, en principio poco proclives a un modelo que seguía mirándose en el espejo de un tiempo dejado irremisiblemente atrás. Se imponía un cambio político que sintonizara en términos de evolución histórica con los nuevos tiempos. Se estaba gestando la revolución de 1848 que en breve iba a extenderse por toda Europa…

Hasta entonces, las plebes urbanas siempre habían participado en las algaradas y conatos revolucionarios, pero por lo general, bajo la dirección de otros grupos o instrumentalizados por ellos.  También esto estaba empezando a cambiar. De la revolución industrial surgía también un nuevo grupo social: los trabajadores de las fábricas y mecanofacturas, operarios manuales que el nuevo modo de producción precisaba en cantidades ingentes. Una nueva clase social que se nutrirá de las masas campesinas expelidas del campo a la ciudad, y de los sectores urbanos más pauperizados que antes habían sido estas plebes desocupadas o en estado de semiproletarización- los sans culottes de la Revolución Francesa-. Pero ahora constituyendo una clase social que, como tal, ocupa un lugar concreto en el proceso productivo y tiene como grupo sus propios intereses de clase.

Un grupo social que es el más desfavorecido por el lugar que le ha correspondido en el proceso productivo -las relaciones sociales y económicas de producción, en términos marxistas-, que ha de adquirir su propia conciencia de clase y ha de construir su proyecto: ser el sujeto histórico que lleve a cabo la revolución que acabará con las diferencias y las injusticias sociales. Para esto necesita su propio programa político. Y esto es lo que pretenderá ser el Manifiesto comunista.

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“La historia avanza por su lado negativo”

Marx y Engels se propondrán en primer lugar distinguir el grano de la paja, desmarcándose de la mera reivindicación de una mejora salarial y de las inhumanas condiciones de trabajo, caso del cartismo en Inglaterra o el lassallismo en Alemania, y que arremeterá contra las ideologías supuestamente revolucionarias por entonces predominantes entre los sectores más combativos: el anarquismo y el socialismo utópico. Y no dejarán títere con cabeza.

Las diferencias entre estas ideologías eran más bien difusas en los primeros años del siglo XIX que marcaron el inicio de las luchas obreras. Tampoco estaba nada claro el término «clase obrera», al ser su propia aparición reciente. Con el ‘Manifiesto comunista’, todo esto empezará a perfilarse política e ideológicamente. Marx y Engels cargarán contra los moderados que solo pretenden mejoras salariales porque, según su propia compresión del sistema capitalista y sus dependencias intelectuales de la filosofía hegeliana, esta aspiración no solo es imposible, sino que su imposibilidad radica en la concepción antidialéctica de la historia que subyace a ella. Para Marx, como para Hegel, la historia avanza por su lado negativo.

Frente a las ideologías como el anarquismo o el socialismo utópico, propondrán su propia elaboración intelectual: el socialismo científico

Frente a las ideologías como el anarquismo o el socialismo utópico, que considerará aquejadas de romanticismo timorato, propondrán su propia elaboración intelectual: el socialismo científico. El ‘Manifiesto comunista’ se postulará como la expresión práctica de su filosofía. Definirá un proyecto político y de acción revolucionaria para este nuevo grupo social: el proletariado. Aun siendo más una proclama que un tratado, sigue siendo fiel a XI tesis de Marx sobre Feuerbach: “Los filósofos hasta la fecha se han limitado a entender el mundo; de lo que se trata es de cambiarlo”.

El Manifiesto comunista es en realidad un programa que pretende dar carta de naturaleza a un movimiento que, o no lo tenía o no estaba concretado. Y con esta intención plasma la realización práctica de su teorización de la lucha de clases como motor de la historia. La mayoría de citas que en los decenios siguientes correrán como reguero de pólvora pertenecen a este manifiesto: Un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo… -frase con la que comienza la obra-; la historia de la sociedad hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases; los proletarios no tienen nada que perder, sino sus cadenas; o la arenga con que concluye: ¡Proletarios de todo el mundo, uníos!…

Los parias de la tierra ya tenían un programa de acción política: el Manifiesto comunista.

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También un 21 de febrero se cumplen estas otras efemérides

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