El modelo social nórdico, basado en una paradoja

¿Deberían los países nórdicos frenar su crecimiento económico en aras del desarrollo sostenible? Varios miembros del equipo de esta investigación opinaron que eso sería cortar por lo sano. Por ello se decantan por que la región redefina su concepto de crecimiento y encuentre formas de consumo más racionales.

La base de un nivel elevado de bienestar

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¿Puede un sistema capitalista hacer gala de un sistema de prestaciones sociales generoso? ¿Puede una sociedad rica aplicar el principio de igualdad? ¿Puede prosperar el colectivismo donde rige el individualismo? Pues sí. Un buen ejemplo de ello se encuentra en los países nórdicos, donde al parecer han encontrado la manera de que se cumpla todo lo anterior. Según un estudio reciente, la base de su prosperidad económica es la capacidad de reconciliar conceptos teóricamente incompatibles.

Esta iniciativa, financiada por el Consejo de Investigación de Noruega (RCN) y publicada el 24 de febrero, dio a diez investigadores nórdicos de distintas especialidades científicas la oportunidad de evaluar el modelo nórdico como forma alternativa de capitalismo, prosperidad y bienestar.

El énfasis en la aplicación de distintos puntos de vista no fue casual. «Es crucial que en el debate se cuente con las perspectivas de investigadores capacitados para aplicar un enfoque interdisciplinario», explicó Anne Kjersti Fahlvik, directora ejecutiva del Departamento de Innovación del RCN. El proyecto fue coordinado por el profesor Atle Midttun, de la Escuela de Gestión de Noruega BI (Bedriftsøkonomisk Institut) y por la profesora Nina Witoszek, de la Universidad de Oslo.

¿Qué caracteriza al modelo social nórdico? «En un país como Noruega», explicó Carlos Joly, profesor visitante de la ESC (Escuela Superior de Comercio) de Toulouse (Francia) y antiguo director de una gran empresa financiera noruega, «hay un sentir general de que la sociedad debe basarse en un reparto equitativo.

Este es el modo en el que Noruega y otros países nórdicos resolvieron el conflicto sustantivo que surgió entre capital y mano de obra al principio del siglo pasado. Hoy en día esta equidad está edificada sobre fundamentos tales como los convenios colectivos para los trabajadores y las instituciones estatales de arbitraje.»

Per Ingvar Olsen, profesor asociado de la Escuela de Gestión de Noruega BI, en Oslo, corroboró la importante función de la negociación colectiva, para lo cual aludió en concreto a la baja tasa nacional de desempleo.

«Si hay más población empleada», indicó, «el gobierno recibe más ingresos fiscales. Las clases medias están sujetas a elevados tipos impositivos, por lo que adquieren interés en el estado. De este modo se sienta la base de un nivel elevado de bienestar.»

Además del firme compromiso con la igualdad, los investigadores hacen hincapié en el fuerte sentido de la solidaridad, el cual se ve reforzado (y no mermado) por una acusada tendencia hacia el individualismo. «En los países nórdicos», apuntó Lars Trägårdh, profesor de la Escuela Universitaria Ersta Sköndal de Estocolmo (Suecia), «casi todo el mundo tiene la posibilidad de independizarse de sus familiares y de su entorno social. Nos hemos convertido en unos individualistas. Esto ha ejercido una influencia muy grande, entre otras cosas para la emancipación de la mujer. Gracias a la existencia de estructuras patriarcales débiles y a una dependencia escasa de los demás, en los países nórdicos hay una proporción grande de personas que siente que maneja las riendas de su vida.»

Según la profesora Witoszek, «el modelo nórdico no se puede explicar meramente como el fruto de una combinación de política económica, instituciones específicas y buena suerte. Se trata también de un modelo con profundas raíces culturales.» Ésta destacó la función de la educación y la cultura en el reparto de la riqueza de una sociedad, su larga tradición en esta región, y la naturaleza excepcional de la modernidad nórdica surgida a finales del siglo XIX, aspectos singulares que, sospecha, pueden restringir la aplicabilidad de este modelo a otras regiones.

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La inquietud del desarrollo sostenible

Recientemente Islandia optó por una vía distinta, consistente en una reducción de la fiscalidad y la venta de una serie de bienes públicos, indicó Throstur Olaf Sigurjónsson, profesor ayudante de la Escuela Universitaria de Negocios de Reikiavik. «Hace unos años en Islandia se decidió que el estado del bienestar constituía un fenómeno trasnochado. Esta percepción quedó cuestionada tras la debacle económica de 2008, que según su parecer ha reavivado el interés de Islandia por el sistema aplicado en sus vecinos nórdicos. ¿Y tiene éste alguna contrapartida?

Al parecer, el desarrollo sostenible es una cuestión que despierta cierta inquietud, incluso en esta parte del mundo, que presenta una larga tradición de protección del medio ambiente, una protección favorecida en parte por su singular modelo social. El cambio climático plantea un tipo de desafío muy diferente, en opinión del profesor Lennart Olsson, de la Universidad de Lund (Suecia).

«La cuestión ya no consiste sencillamente en eliminar el azufre de la gasolina, lo cual sería fácil. Ahora el meollo es la huella ecológica total que dejamos para las generaciones venideras. En la actualidad los países nórdicos rinden peor en este ámbito que la media de la Unión Europea. Son grandes consumidores de los escasos recursos del planeta.»

«Si se reparten mil millones de coronas de forma equitativa entre mil personas», apuntó el profesor Midttun, «lo más probable es que se provoque un daño medioambiental mayor que si todo ese dinero va a parar a una sola persona.»

¿Deberían los países nórdicos frenar su crecimiento económico en aras del desarrollo sostenible? Varios miembros del equipo de esta investigación opinaron que eso sería cortar por lo sano. Por ello se decantan por que la región redefina su concepto de crecimiento y encuentre formas de consumo más racionales. Se trata sin duda de un consejo interesante que probablemente sea válido también fuera de esta región.

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