‘El Origen de las Especies’

Detalle de página interior con el título de la edición de 1859. / Wikimedia

Tal día como hoy… 24 de noviembre de 1859 se publicaba ‘El Origen de las Especies’, de Charles Darwin

 

El 24 de noviembre de 1859, la editorial John Murray publicaba en El Reino Unido un libro que cambiaría la concepción que hasta entonces se había tenido de la vida y la historia natural: ‘El Origen de las Especies‘, de Charles Darwin. El título completo: ‘On the Origin of Species by Means of Natural Selection, or the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life‘.

Charles Darwin

CV / La obra era el resultado de la combinación entre las intuiciones de Darwin y los resultados de sus observaciones empíricas, muy especialmente las obtenidas durante su viaje a bordo del Beagle. El libro introducía la expresión científica de la idea según la cual las especies evolucionan en el transcurso de las generaciones según un proceso conocido como «selección natural». Un principio que dará lugar a la Teoría de la Evolución, que contradecía dogma fijista que había imperado a lo largo de los últimos dos mil quinientos años de civilización.

La obra era el resultado de la combinación entre las intuiciones de Darwin y los resultados de sus observaciones empíricas, muy especialmente las obtenidas durante su viaje a bordo del Beagle

Había habido evolucionistas en la antigua Grecia. Algunos filósofos presocráticos consideraron que las distintas formas de vida provenían del agua y que habían ido cambiando de forma con el tiempo. Eran planteamientos meramente intuitivos, exactamente igual que los fijistas que se impusieron a partir de la «evidencia» que, hasta donde llega la memoria colectiva, no se perciben cambios en las especies vivas, por lo tanto, habrán sido siempre «fijas», invariables; igual que el mapa de los continentes… desde que «el mundo es mundo». Luego, el cristianismo y su idea de la creación consagraron el fijismo para los siguientes veinte siglos. El planteamiento no solo era «biológico», sino también cosmológico, en un universo invariable, estático, desde que había sido creado.

Con la Revolución Científica del siglo XVII, algunos pilares de este modelo empezaron a crujir. Resultó que era la Tierra la que se movía alrededor del Sol, y el avance de los conocimientos físico-matemáticos proporcionó herramientas, tanto instrumentales como conceptuales, que permitieron elaborar un nuevo modelo que culminó con la Física de Newton. Los avances de la Química en el XVIII comportaron, a su vez, una nueva concepción de la naturaleza de la materia y su composición, muy distinta a la anterior.

Darwin poco antes de la publicación de la obra / Wikimedia

Con todo ello llegamos al contexto preevolucionsta de la Ilustración, que vemos en Diderot o Maupertuis, previamente intuido en Leibniz. Los hallazgos de fósiles de especies extintas, o de animales marinos en las montañas, parecían indicar que quizás no todo había permanecido siempre tan estático como se suponía. Se trataría de especies desaparecidas con el diluvio universal, olvidadas por Noé fuera del Arca… El primer intento de formular el evolucionismo lo llevó a cabo el naturalista francés Jean-Baptiste Lamarck (1744-1829), que planteó que las especies evolucionaban adaptándose, y que los cambios se transmiten hereditariamente. El planteamiento de Darwin será mucho más científico en el sentido moderno del término.

Para entender la diferencia de planteamientos entre Lamarck y Darwin, tenemos el ejemplo de la tolerancia al alcohol. Hoy sabemos que la capacidad de digerir alcohol depende de unos enzimas llamados deshidrogenasas. Así, en las sociedades occidentales se da una tolerancia al alcohol que no se produce en los indígenas americanos ni en los aborígenes australianos. Para el lamarckismo, la explicación sería que estando las sociedades occidentales en contacto con el alcohol, sus miembros habrían ido adquiriendo una progresiva tolerancia que se habría transmitido al grupo. Para el darwinismo, en cambio, la explicación sería que, habiendo estado separados genéticamente durante 800 generaciones -unos 25.000 años-, los individuos con mayor tolerancia al alcohol habrían ido adquiriendo ventaja biológica, imponiendo en el pool genético esta característica en su genoma. Algo parecido habría ocurrido con la tolerancia a la leche en los adultos humanos, a diferencia del resto de mamíferos.

La aparición de ‘El Origen de las Especies’ suscitó enconados debates y descalificaciones, más por razones ideológicas que científicas

La aparición de ‘El Origen de las Especies’ suscitó enconados debates y descalificaciones, más por razones ideológicas que científicas. Aunque Darwin nunca dijo que el hombre venía del mono -lo que dijo es que había un antepasado común-, se interpretó así y como un insulto a la especie humana. Desde el punto de vista religioso, la cosa era mucho peor, porque el alcance de la Teoría de la Evolución suponía un certero torpedo en plena línea de flotación teológica.

Para entendernos, la evolución no era integrable en el dogma religioso. No bastaba, por ejemplo, con adaptar la creación bíblica a que Dios hubiera cogido un mono -en lugar de una porción de barro- y lo hubiera convertido en hombre. Y no bastaba porque lo mismo hubiera tenido que hacer con el antepasado de este mono y con el de todos los mamíferos, y así, regresivamente, hasta la primera célula orgánica en el universo -por no hablar, más modernamente, de la deriva de los continentes, o de la formación de los sistemas planetarios y estelares hasta el big bang-. Y no servía porque el hombre no era ninguna excepción, sino simplemente un caso más.

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