El Paleógeno, un Cretáceo bajo nuevos actores

Las franjas tropicales dominaron gran parte del planeta / Foto: David Rabadà

Después de la crisis de finales del Cretáceo el clima se recuperó bajo condiciones parecidas. Es decir, y durante los 43 millones de años del Paleógeno, la meteorología devino bastante similar a la del Cretáceo. Los polos siguieron, inicialmente, sin glaciares, y las franjas tropicales dominaron gran parte del planeta.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista @DAVIDRABADA

Este periodo se extendió desde los 66 a los 23 millones de años, un extenso tiempo que los geólogos han dividido entre Paleoceno, Eoceno y Oligoceno. Durante estas tres divisiones los mamíferos placentarios, las aves, los “peces” teleósteos, las sepias, los calamares, los corales, los gasterópodos, los artrópodos, las angiospermas y los equinodermos se diversificaron de lo lindo. Aunque en ello evolucionaron grupos como las gramíneas, los nummulites, los ungulados, los cetáceos, las monocotiledóneas, las alveolinas, los globorotálidos y los mamíferos carnívoros entre otros. De todas formas otros se vieron reducidos como los braquiópodos, los crinoideos, los nautiloideos, los helechos, las cicadales y las coníferas.

Al inicio del Paleoceno, y cerca de los 60 millones de años, el antiguo Tethys ya se hallaba reducido cerrando el actual mar Mediterráneo. De todas formas todavía seguía abierto hacia al Índico. En aquellos océanos, y bajo las nuevas posibilidades después de la crisis cretácica, la evolución del fitoplancton tuvo infinitas posibilidades. Grupos como los discoasters, ebridianos, diatomeas y los silicoflagelados se diversificaron brutalmente.

Foto: David Rabadà

Pero el continente tampoco se quedaba corto ya que allí se diversificaron grandes forestas que albergaron nuevos mamíferos. Con un aspecto parecido a los actuales lémures, los Plesiadapiformes se estaban diversificando deviniendo, y quizás, en los ancestros comunes de casi todos los primates. Aunque el grupo debió comenzar antes ya que por aquellos tiempos ya existían otros grupos hermanos de los primates. Concretamente el género Purgatorius, con su aspecto de ardilla, comenzó sus andadas hace unos 66 millones de años y pervivió hasta los 56. Es decir, este grupo cercano a los primates ya estaba evolucionando antes que los propios Plesiadapiformes llegaran a coexistir con ellos. Por eso decimos que el grupo primates comenzó a evolucionar mucho antes.

Pero en aquellos 56 millones de años, y cuando a Purgatorius le perdimos la pista, pareció ocurrir algo sorprendente. En aquellos momentos la Tierra volvía a revolverse en sus entrañas para provocar un nuevo evento. De hecho el grado geotérmico en muchos puntos del planeta aumentó significativamente. Aquello provocó el deshielo de muchos suelos polares y la fusión de muchos clatratos marinos liberando metano. Cabe indicar que los clatratos son metano helado debido a la presión y a la baja temperatura de los fondos profundos.

Los polos se volvieron tropicales con aguas de unos 24 grados

A todo lo anterior se sumó una intensa actividad volcánica que liberó grandes cantidades de dióxido de carbono. Al final este gas, más el metano liberado, aumentaron el efecto invernadero y las temperaturas ascendieron de 5 a 7 grados durante unos 15.000 años. Los polos se volvieron tropicales con aguas de unos 24 grados. Aquello propició grandes depósitos de petróleo en el Ártico y la Antártida, cosa que ciertas compañías ya han localizado.

Pero aquellos océanos tan calientes perdieron capacidad de disolver oxígeno desde la atmósfera y muchos fondos devinieron anóxicos y tumbas para muchos de sus organismos. Todo lo anterior lo sabemos gracias a los más de 430 metros de muestras obtenidas en 2004 por el barco Vidor Viking.

Aquellos océanos tan calientes perdieron capacidad de disolver oxígeno desde la atmósfera y muchos fondos devinieron anóxicos y tumbas para muchos de sus organismos

En fin, que hace unos 56 millones de años entre el 30 y el 50 % de las especies marinas sucumbieron. En Caravaca, Murcia, en donde ya se había detectado la crisis cretácea, el llamado límite K/T, también se han hallado rastros claros de esta nueva extinción en margas marinas de 56 millones de años. Ahí vieron que la productividad biológica cayó en picado bajo la extinción de la mayoría de sus foraminíferos. La subida de las temperaturas del mar fue su causa.

En cierta forma, y en su conjunto, se había repetido un contexto similar al que zanjó la vida a finales del Pérmico (ver: El Pérmico, un periodo que lo cambió todo). Es decir, y en pocos miles de años, un calentamiento global inducido por un intenso vulcanismo con elevados niveles de dióxido de carbono cercanos a los 900 ppm, más la pérdida de oxígeno de los océanos, redujo gran parte de las biotas de nuestro planeta.

Foto: David Rabadà

Pero unos 200.000 años más tarde parece que el sistema volvió a regularse aunque bajo niveles de dióxido de carbono y metano distintos al estadio anterior. El clima iba a cambiar durante el Paleoceno para pasar al Eoceno. Un hecho que indicó aquel cambio fue que los polos comenzaron a helarse para formar los actuales casquetes glaciales. Ante ello, y por Europa, la cordillera Varisca del Carbonífero se hallaba totalmente erosionada mientras los Pirineos ya llevaban un tiempo levantándose y erosionándose.

La crisis biológica entre el Paleoceno y el Eoceno abrió un mar de posibilidades para los mamíferos placentarios. Este nuevo marco impulsó su diversificaron en gran medida

Pero la crisis biológica entre el Paleoceno y el Eoceno abrió un mar de posibilidades para los mamíferos placentarios. Este nuevo marco impulsó su diversificaron en gran medida bajo nuevos grupos y variedades (ver el Nature de marzo de 2007). Por ejemplo hace 56 millones de años ya se diversificaban los antepasados de los elefantes (proboscídeos) aunque en aquellos momentos tenían más el aspecto de un tapir. También los artiodáctilos, o ungulados con un número par de dedos, se habían diversificado. Ejemplos de ello fue la evolución de los suidos (actuales cerdos, búfalos y jirafas entre otros), e incluso algunos parientes de los actuales cetáceos hallados en Pakistán se dieron cita a inicios del Eoceno. En nuestro caso, y hace esos 56 millones de años, fue el género Pakicetus. Este artiodáctilo tenía el aspecto de una rata gigante pero estaba emparentado con los antepasados de los cetáceos.

Pero los perisodáctilos, o ungulados con un número impar de dedos, también se estaban diversificando. Ejemplo de ello estaban siendo los futuros caballos, que con antepasados del tamaño de un perro, poseían varios dedos al final de sus extremidades. Aunque toda aquella diversidad de herbívoros estaba siendo seguida con atención por sus depredadores, los carnívoros placentarios. Estos, y como no, también se estaban diversificando. Prueba de ello fue que los félidos y los cánidos se habían separado.

Los primates, mientras, estaban adquiriendo mayor encefalización, ojos frontales estereoscópicos y la adquisición de garras en lugar de uñas

Los primates, mientras, estaban adquiriendo mayor encefalización, ojos frontales estereoscópicos y la adquisición de garras en lugar de uñas. También los quirópteros hallaron su gran momento de dispersión  Desde formas anteriores, con piernas muy largas y ausencia de radar, llegaron los actuales murciélagos. Es decir, primero fue el vuelo y después el radar. De hecho, y hace unos 52 millones de años, el Icaromycteris hallado en los depósitos lacustres de la formación Greenriver en Wyoming, USA, era un murciélago moderno. Este ya poesía patas cortas y clóquea muy desarrollada, es decir radar nocturno incorporado.

Pero la carrera de los mamíferos no había terminado y siguieron evolucionando nuevos grupos y especies. Por ejemplo hace unos 48 millones de años un herbívoro acuático, el Indohyus, devino el pariente de las ballenas. Su cráneo y oído ya se acercaba a ellas aunque no sus extremidades. Éstas, aún largas y con dedos con pezuñas, le denunciaban claramente como un artiodáctilo (ver el Nature de diciembre de 2007). Sólo un poco más tarde, hace unos 45 millones de años, y por los mares del Índico, ya se zambullía una gran ballena primitiva con dientes y cuatro extremidades terminadas en aletas, el Basilosaurus. Fue por aquel entonces que la tectónica estaba dando gran parte de sus frutos.

Indohyus_Skulptur / Wikimedia – Autor Dellex

Cerca de aquellos 45 millones de años comenzó la desaceleración de la subducción entre el Pacífico y Norteamérica, aunque esta ya había elevado gran parte de las Rocosas. Otra elevación importante se daba entre la placa Adriática y la Centroeuropa contorneando los Alpes. A ello cabía añadir la India que estaba elevando un Himalaya al chocar con Asia. Los Pirineos también se sumaban a este conjunto de cordilleras en ascenso durante aquel Eoceno. El cierre del Tethys, entre África y Asia, estaba elevando un gran número de cordilleras. Todo aquello, y como veremos, tendría sus consecuencias para el clima global.

Foto: David Rabadà

Pero por nuestras cercanías, y entre los 47 y los 41 millones de años, el llamado Eoceno medio, los Pirineos al norte, y la cadena Ibérica al este y suroeste, contorneaban una extensa bahía abierta al Atlántico. En ella, grandes deltas como los que formaron los montes de Montserrat en Cataluña, o potentes arrecifes de coral por sus alrededores, delimitaron los litorales bajo un clima tropical. Les seguían hacia el Atlántico extensas plataformas marinas que terminaban en profundos mares en donde se depositaban deslizamientos del talud, las llamadas turbiditas. Mientras en el continente crecían espesos bosques en donde seguían evolucionando los primates.

El clima terrestre estaba poco a poco perdiendo las amplias zonas tropicales reinantes durante el Cretáceo, Paleoceno y Eoceno

Pero entre los 41 y los 34 millones de años aquella gran bahía se cerró al Atlántico ante el ascenso de los Pirineos occidentales. Al final aquello devino una cuenca endorreica que hoy, y simplificando, configura la actual depresión del Ebro. Mientras ello ocurría India seguía elevando un Himalaya majestuoso dando inicio a la región del Tibet. Este cortaría los vientos tropicales alterando en gran parte el clima regional, hasta incluso global. De hecho hace unos 40 millones de años se inició una tendencia a un refresco general del planeta.

Himalaya /  Imagen de David Mark en Pixabay

Los glaciares polares en expansión estaban reflejando gran cantidad de luz solar al exterior. Además grandes masas continentales estaban situadas alrededor del cinturón ecuatorial en donde reflejaban más la luz solar. Esta, y así, escapaba más al espacio exterior que en periodos anteriores. Es decir, la Tierra perdía calor. A todo ello se sumaba otro factor que expelía más calor al exterior.

Las cordilleras que se elevaban por el cierre del Tethys también estaban produciendo mayor acumulación de nieves en sus cumbres que aumentaban el albedo global. Además el dióxido de carbono ya no ostentaba los niveles de antaño. En consecuencia el clima terrestre estaba poco a poco perdiendo las amplias zonas tropicales reinantes durante el Cretáceo, Paleoceno y Eoceno. Una nueva crisis iba a zanjar aquel vergel para dar rienda suelta a una nueva etapa, el Oligoceno.

Este artículo es la continuación de una serie titulada “Evolución en la Tierra“, a cargo de nuestro colaborador científico, David Rabadà.

Entrega anterior: El final del Cretáceo. Una extinción escurridiza (entrega 30)

Ver todas las entregas

Dejar comentario

Deja tu comentario
Pon tu nombre aquí