El penúltimo error de Napoleón

Napoleón en Santa Elena, por Francois-Joseph Sandmann. / Wikimedia

Tal día como  hoy… 11 de noviembre de 1813 Napoleón Bonaparte restituía a Fernando VII en el trono de España

 

El 11 de noviembre de 1813, Napoleón Bonaparte, en horas definitivamente bajas, cometía uno de sus muchos «penúltimos» errores: restituir a Fernando VII en el trono de España. Cinco años antes, en Bayona, el mismo Fernando VII había abdicado en Napoleón, quien luego delegó en su hermano José Bonaparte.

 

CV / El mes anterior, Napoleón había sido derrotado en la batalla de Leipzig, y sabía que su imperio tenía los días contados. Antes de que los aliados –prusianos, rusos, ingleses, austríacos…- entraran en París, decidió resolver lo que algo más tarde, en ya en su definitivo exilio en Santa Elena, definió como «la maldita guerra de España». El problema fue, sobre todo para los españoles, que lo «resolvió» reponiendo al mismo inútil monarca que había destituido cinco años antes en las famosas abdicaciones de Bayona.

Algunos historiadores han sugerido que, tal vez, con este acto de reposición, Napoleón intentaba congraciarse con los que le acababan de derrotar

Algunos historiadores han sugerido que, tal vez, con este acto de reposición, Napoleón intentaba congraciarse con los que le acababan de derrotar, y que acaso si renunciaba a la corona de España para la dinastía «Bonaparte», y a otras, como la de Nápoles para Murat o la de Holanda para su otro hermano Luis, tal vez los ingleses le iban a permitir seguir siendo el soberano de Francia. Y la verdad es que no andaba desencaminado.

Pero después de dos décadas de guerras «napoleónicas» en Europa, los vencedores no estaban demasiado dispuestos a dejarle seguir conspirando… y los propios franceses, tampoco. Estaban hartos de ir a guerrear por toda Europa para acabar instaurando monarquías con hermanos y hermanas, primos y primas, y cuñados y cuñadas del «Emperador» derrotado. Así que el senado francés le sugirió que lo más elegante era la abdicación y tomar el barco que le llevaría a la isla de Elba…

En España fue al revés. La restitución de Fernando VII  todo el mundo lo consideró una victoria. Un rey que había abdicado vergonzosamente en Bayona, sin que hubiera precedentes en la historia de tanta bajeza política y moral, y que había pasado los últimos cinco años en cautiverio, denunciando a los «patriotas» que intentaron liberarle –que fueron debidamente fusilados- y que le pidió a Napoleón que se declarara su padre adoptivo… Fue el último «favor» que Napoleón le hizo a España, restituir a aquel ser abyecto como soberano legítimo.

Por lo que se sabe de su exilio definitivo en la remota isla de Santa Elena, siempre consideró que la guerra de España fue su ruina

Algunos han considerado que fue una venganza casi póstuma. Y probablemente no les falte razón. Por lo que se sabe de su exilio definitivo en la remota isla de Santa Elena, siempre consideró que la guerra de España fue su ruina. Tuvo que emplear a lo mejor de su ejército para someter, sin conseguirlo, a un pueblo que consideraba poco menos que primitivo e inmune a los principios ilustrados que él mismo había traicionado y prostituido. Y despreció, por activa y por pasiva, a los «afrancesados» que creyeron en sus supuestos proyectos de modernización. Siempre quedará la pregunta: ¿Se vengó devolviéndonos a Fernando VII?

Hay razones de peso para pensar que sí.

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