Imagen: RTVE

“Nadie” sabe “nada” del pequeño Nicolás

 

Xavier Massó_editedXavier Massó / x.masso@catalunyavanguardista.com

A este paso, quien no tenga una foto con el pequeño Nicolás no es nadie en el PP. Una curiosa metonimia, sí, pero a la vista del recorrido fotográfico de tan atrabiliario personaje, bien podría entenderse así. Ánsar, Mariano, la Esperanza, Soraya, Cañete, Botella, Rato… todo un muestrario. Y eso sin incluir a Felipe VI, al exministro Moratinos, a Rosell (CEOE) y Cándido Méndez (UGT)… Para qué seguir.

Lo primero que destacaría es que en ningún caso parecen fotos de aquellas que podríamos calificar de accidentales o provocadas al caso por algún advenedizo que quiere lucirlas luego. Vamos, que no dan a entender que el pequeño Nicolás pasaba por allí y se coló para aparecer en la foto de grupo con Ánsar, en la mesa donde Cañete estaba cenando, o que la reverencia en la coronación de Felipe VI fuera un trucaje. No. Alguien debió invitarle a cada uno de estos eventos, a los que no se accede si no es por rigurosa y filtrada invitación, y aun suponiendo que los descuidados peces gordos con quienes se fotografiaba no supieran quién era -lo cual es mucho suponer-, alguien al menos sí que tenía que saberlo: quien quiera que diera el visto bueno a la lista de invitados a los eventos en cuestión.  A todos y cada uno de ellos.

¿Y qué decir de los inmediatos desmentidos emitidos por el CNI, la Casa Real o el PP?

Lo segundo que llama poderosamente la atención es el revuelo que se ha organizado por lo que se supone que era un pelanas metido a impostor, y las «reacciones» que ha suscitado entre los presuntos afectados. El ostentoso dispositivo policial movilizado para detenerle, en plena calle mientras iba en coche con chófer, que más bien parece pensado para detener a Bin Laden. ¿Tan difícil era detenerle discretamente en su domicilio? ¿Y qué decir de los inmediatos desmentidos emitidos por el CNI, la Casa Real o el PP? Si un servidor proclamara ahora mismo que trabaja para el CNI, que ha estado negociando el rescate judicial de la infanta o que le ha pedido a Pujol información comprometida sobre ERC… ¿Se molestarían los aludidos en desmentirme? ¿O me tomarían por un pobre desquiciado? ¿No es sospechoso tanto desmentido y tanto operativo, sólo por los delirios de un pobre diablo de mente más o menos febril?

Reza el dicho popular que cuando el río suena, agua lleva. No tengo la menor duda de que los perfiles psíquicos del pequeño Nicolás dan para unas cuantas tesis doctorales en psiquiatría, y que sin duda estamos ante un impostor y mentiroso compulsivo. Pero eso tampoco es garantía de que alguien no le estuviera dando cobertura y que a partir de un momento dado, el pequeño Nicolás decidiera andar por su cuenta. Las patologías que indudablemente presenta no son óbice para descartar esta posibilidad; estamos ante un partido y un gobierno que le encargó ni más ni menos que a Carromero misiones parecidas en Cuba, con el estrepitoso resultado que todos conocemos.

Pero si nadie le conocía, entonces ¿quién le invitaba?

En los desmentidos sobre las afirmaciones vertidas por el pequeño Nicolás, tratándolo de simple impostor y hasta de chiflado, nadie ha puesto en duda la autenticidad del material fotográfico que corre por internet. Pero si nadie le conocía, entonces ¿quién le invitaba? Si llamó directamente al móvil del rey padre, según se ha admitido ¿cómo es posible que la comunicación telefónica tuviera lugar en un número que ha de ser, por definición, restringido en la admisión de llamadas entrantes? ¿Quién le dio la tarjeta de aparcamiento de La Moncloa? ¿De dónde obtenía los recursos para tener acceso a clubes elitistas y para sus múltiples vehículos y desplazamientos con chófer?

Al pequeño Nicolás ahora nadie dice reconocerle. Pero eso tampoco es tan raro. Otro ilustre prócer, Ángel Acebes, negó hace poco ante el juez conocer a un determinado individuo con el que se le acusaba de connivencia en quehaceres prevaricadores. Ni se inmutó cuando tras su respuesta, se le mostraron fotografías con el interfecto, en actitudes de evidente complicidad.

A lo mejor algo parecido pasa con el pequeño Nicolás. Sabemos, por ejemplo, quién le abrió las puertas a Olga, la examiga de Monago, en la ceremonia de coronación de Felipe VI ¿Pero quién se las abrió al pequeño Nicolás? Si todo lo que se está diciendo de él es cierto, como mínimo los fallos en cadena de los servicios de seguridad serían de una envergadura tal que deberían haber producido ya toda una serie de ceses fulminantes en cadena. Y… ¿ha ocurrido algo de esto?

También está el síndrome del toco-mocho. Afecta a aquél que ha sido engañado por el mismo a quien pretendía engañar… por eso se calla. Para no pasar por tonto a la vez que por estafador frustrado. ¿Habrá algo de eso?

Desde luego, no puedo creerme ninguna de las dos versiones maniqueas que se están dando. Ni que sea cierto todo lo que cuenta este gañancito, ni que todo sea pura invención de un listillo. Creo más bien que ejercía de conseguidor por cuenta ajena, y que se le fue la mano o la cabeza. La pregunta es a quién servía. Lo dicho, cuando el río suena, agua lleva. El sonido del río es aquí la galería de fotos.

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