El precio de un sistema inmunitario fuerte

La investigación sacó a relucir que las ovejas con una concentración elevada de anticuerpos vivían más y tenían más probabilidades de sobrevivir a los inviernos más severos. Sin embargo, tenían menos probabilidades de procrear que las demás.

La fortaleza del sistema inmunitario puede tener la contrapartida de una menor fertilidad

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Protección de un organismo ante agentes externos.
Protección de un organismo ante agentes externos.

Contar con un sistema inmunitario fuerte puede prolongar la vida de un animal, pero puede ir acompañado de una menor fertilidad, según un nuevo estudio a cargo de científicos de Reino Unido y Estados Unidos. Sus hallazgos, publicados en la revista Science, aclaran la mayor propensión de algunas personas a padecer infecciones.

Entre las personas se observan grandes variaciones por lo que se refiere a la fortaleza de su sistema inmunitario. Ante esta situación cabe preguntarse por qué a lo largo de la evolución no han desaparecido gradualmente los genes asociados a la debilidad del sistema inmunitario. Una hipótesis es que la fortaleza del sistema inmunitario puede tener la contrapartida de una menor fertilidad.

«Hace mucho que se sospecha que tener un sistema inmunitario fuerte permite combatir mejor las infecciones y prolonga la vida, pero también que debe perjudicar a la capacidad de reproducción», explicó Andrea Graham, de la Universidad de Edimburgo (Reino Unido) y también de la Universidad de Princeton (Estados Unidos). «Si se encuentran indicios de tal mecanismo de contrapartida, se aclararía por qué los animales son tan distintos en cuanto a la fortaleza de sus respuestas inmunitarias e incluso en su propensión a padecer infecciones o trastornos autoinmunes.»

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Un estudio con ovejas

Para llegar al fondo de la cuestión, el profesor Graham y sus colegas estudiaron ovejas Soay silvestres de la isla apartada y deshabitada de Hirta, en el archipiélago de Saint Kilda, que se encuentra a unos 160 kilómetros (km) de la costa oeste de Escocia. Cada mes de agosto, y durante once años, los investigadores recogieron muestras de sangre de estas ovejas y tomaron nota del número de corderos paridos por cada una y de su edad al morir.

Al equipo le interesaba averiguar la concentración de anticuerpos de la sangre de los animales; aquellos con concentraciones más elevadas poseen también un sistema inmunitario más fuerte y están mejor dotados para combatir infecciones parasitarias, extremadamente prevalentes entre las ovejas de Hirta.

El estudio se ha llevado a cabo con ovejas Soay.
El estudio se ha llevado a cabo con ovejas Soay.

La investigación sacó a relucir que las ovejas con una concentración elevada de anticuerpos vivían más y tenían más probabilidades de sobrevivir a los inviernos más severos. Sin embargo, tenían menos probabilidades de procrear que las demás.

En cambio, las ovejas que presentaron concentraciones bajas de anticuerpos parieron a más corderos cada año pero también vivieron menos años.

En realidad, desde el punto de vista evolutivo los dos grupos tuvieron el mismo éxito, pues en el transcurso de su vida produjeron la misma cantidad de crías. Según los autores, esto puede explicar en parte el motivo de que la fortaleza del sistema inmunitario sea tan variable entre unos individuos y otros. Asimismo, la fortaleza o debilidad del sistema inmunitario parece tener un componente hereditario que se conserva en el seno de cada familia. «Esta base genética implica que la selección natural puede determinar este rasgo», comentó el profesor Graham.

Además, los resultados sugieren que la autoinmunidad, que resulta de un sistema inmunitario tan fuerte que ataca los tejidos del propio organismo, también puede darse en la naturaleza. Hasta ahora este tipo de trastorno sólo se ha observado en humanos y en animales cautivos, domésticos o de laboratorio. Los científicos aseguran que es necesario ahondar en esta investigación.

Lynn Martin, de la Universidad del Sur de Florida (Estados Unidos), que no participó en el estudio, destacó el hecho de que los autores hayan utilizado animales silvestres.

«Desde hace mucho tiempo la inmunología se ha basado en estudios con animales domesticados en laboratorios asépticos en los que reciben los alimentos necesarios, están a salvo de los elementos y apenas están expuestos a parásitos», explicó. «Estas condiciones son estupendas para averiguar la manera en que los huéspedes hacen frente a los parásitos a nivel molecular y celular, pero no son las condiciones naturales y por tanto pueden sesgar nuestros conocimientos sobre el funcionamiento del sistema inmunitario.»

Para concluir, cabe destacar que estos hallazgos ayudan a comprender la razón de que la gravedad de las infecciones, y también la eficacia de las vacunas, varíen de unas personas a otras.

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