El retorno económico de la agricultura social

Los autores señalan que hay que profundizar en la formación en el ámbito empresarial para que las entidades puedan ser económicamente viables

Por cada euro invertido en una entidad de Agricultura Social hay un retorno de tres euros

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Un estudio realizado por investigadores del Departamento de Geografía en el marco del programa Recercaixa revela que hay un impulso creciente de los proyectos que combinan acción social y agricultura y que, de media, retornan a la sociedad 3€ por cada euro invertido.

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UAB / Un estudio liderado por el profesor Antoni F. Tulla, investigador principal, junto con los investigadores Carles Guirado, Natàlia Valldeperas y Laia Sendra, miembros del Equipo de Investigación en Agricultura Social de la Universidad Autónoma de Barcelona (ERAS-UAB), destaca el papel innovador de la Agricultura Social en el desarrollo rural y local en el marco de la multifuncionalidad agraria y la define como una práctica que alberga un amplio conjunto de actividades que tienen en común la producción, transformación y comercialización de productos agroalimentarios y la inserción y atención sociosanitaria a colectivos en riesgo de exclusión social.

Alberga un amplio conjunto de actividades que tienen en común la producción, transformación y comercialización de productos agroalimentarios

La Agricultura Social ayuda al empoderamiento de personas socialmente vulnerables, la promoción y el establecimiento de vínculos entre la economía social y solidaria y la agroecología o la ampliación y consolidación de servicios de soporte sociosanitario en las áreas rurales para la población en riesgo de exclusión social, entre otras.

Los investigadores han analizado las siguientes entidades: La Klosca (Mataró), Can Calopa de Dalt (Barcelona), Aprodisca Ambientals i Ecològics (Montblanc), Casa Dalmases (Cervera), Delícies del Berguedà (Cercs), L’Ortiga (Valldoreix, Sant Cugat), RiuVerd (Solsona), Horts de Can Salas (Terrassa), Bolet Ben Fet (Sant Antoni de Vilamajor) i Sambucus (Manlleu). El análisis de las 10 entidades seleccionadas revela que hay un impulso creciente de los proyectos que combinan acción social y agricultura en Cataluña y destaca que el retorno social es de media de 3€ por cada euro invertido.La implementación de la metodología Business Model Canvas, la metodología Social Return On Investment y el cálculo de ratios financieras han permitido ver cuál es el impacto que generan estos proyectos en la sociedad y qué retorno tienen las inversiones públicas y privadas.

El resultado total del impacto social de las 10 entidades se sitúa cerca de los 3 millones de euros (2.903.965,77 €), calculado en base a un año de actividad (2015) de las entidades seleccionadas. De este impacto:

– El 29% (837.453,9 €) es para las personas usuarias y su entorno, principalmente sus familias.

– El 21% (609.192,4 €) es para la Administración Pública, lo que supone una reducción del gasto público y un retorno de casi la totalidad de las subvenciones, ayudas e inversiones realizadas en estas entidades que combinación social y agricultura, que es de 665.885,6 €.

– El 20% (579.159,9 €) es para las personas gestoras del proyecto y el equipo técnico, sobre todo por la contribución de estas entidades a la creación de ocupación y la adquisición de habilidades en un sector especialmente innovador.

– El 26% (746.513,8 €) es para el territorio local, para la contribución al desarrollo local, la gestión ambiental del territorio y la recuperación de espacios agrarios abandonados, principalmente en el espacio periurbano.

– El 4% restante (95.591,2 €) es para las personas voluntarias, una pieza clave para los proyectos de Agricultura Social que representa una contribución importante para su desarrollo.

El estudio pone de manifiesto que la crisis social y económica de 2008 ha motivado la creación de nuevas experiencias de Agricultura Social

Al mismo tiempo, el estudio ha servido para actualizar el censo de las iniciativas de Agricultura Social en Cataluña y el mapa interactivo presentado en 2014 en el marco del proyecto de investigación “La Agricultura Social en el desarrollo local y la ocupación de colectivos en riesgo de exclusión social”, también con apoyo del programa RecerCaixa (convocatoria 2011).

El censo actual consta de 161 entidades de Agricultura Social, respecto a las 42 que se contabilizaron en el año 2014. Este aumento se debe principalmente a dos factores: la ampliación de criterios en la recopilación  de la información y la aparición de un importante número de nuevos proyectos, sobre todo en el ámbito de los huertos comunitarios. Destaca el hecho de que 74 entidades (46%) se sitúan en el ámbito de la inserción sociolaboral y 73 (45%) son huertos sociales. El resto trabaja en el ámbito de la educación y la formación o bien en el ámbito de la terapia y la rehabilitación. Aunque la Agricultura Social es un sector emergente y con un creciente impulso, todavía es poco visible y tiene importantes retos futuros.

El estudio pone de manifiesto que la crisis social y económica de 2008 ha motivado la creación de nuevas experiencias de Agricultura Social y la ampliación de los tipos de colectivos que se benefician de ellas. Si en un principio se centraba en las personas con discapacidad como principales usuarios, ahora también participan una serie de colectivos más heterogéneos que han visto afectadas sus necesidades más básicas a raíz de la crisis. Esta diversidad de colectivos otorga una gran versatilidad al sector que, al mismo tiempo, exige una mayor especialización en los equipos profesionales a causa de las diferentes necesidades específicas que cada colectivo requiere.

Los proyectos de Agricultura Social en Cataluña se centran principalmente en la horticultura, la transformación agroalimentaria y los trabajos forestales

Por lo que se refiere a la especialización, los proyectos de Agricultura Social en Cataluña se centran principalmente en la horticultura, la transformación agroalimentaria y los trabajos forestales. Gran parte de estas experiencias elaboran sus productos mediante criterios ecológicos, contribuyendo a dibujar un modelo de producción más sostenible y un desarrollo económico más justo, ético y  solidario.

En general, se trata de un fenómeno eminentemente periurbano, que ofrece la oportunidad de recuperar y dar valor a los espacios agrícolas que han sido abandonados o descuidados, al recibir una fuerte presión urbanística por su proximidad a la ciudad. Los proyectos localizados en áreas más rurales permiten comprobar la aportación de la Agricultura Social al desarrollo local sostenible, relacionando los recursos locales, actividades y actores de un mismo territorio para generar prácticas innovadoras y productos con un alto valor añadido que revaloricen el territorio y creen nuevas oportunidades.

Como retos de futuro del sector destaca el hecho de que las entidades de Agricultura Social necesitan una mejor dotación de técnicos especializados y un plan de formación para profesionales del sector. Hay que profundizar en la formación en el ámbito empresarial para que las entidades puedan ser económicamente viables y con visión de actividad económica sin perder los valores sociales. Es necesario establecer medidas para impulsar la Agricultura Social en Cataluña, como por ejemplo la creación de una plataforma de soporte y un banco de buenas prácticas, la petición de clausulas sociales a la Administración Pública para la contratación de servicios o la compra de bienes y la creación de un sello que certifique el valor social de los productos que estas entidades comercializan.

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