El rey monje y la Campana de Huesca

José Casado del Alisal, La campana de Huesca, 1880, óleo sobre lienzo, museo del Prado. Expuesto en el ayuntamiento de Huesca. / Wikimedia

Tal día como hoy… 18 de diciembre de 1837 se estrenaba el drama ‘El rey monje’

 

El 18 de diciembre de 1837 se estrenaba en Madrid el drama ‘El rey monje’, de Antonio García Gutiérrez, que trataba sobre la leyenda popular de la «Campana de Huesca», basada en los presuntos hechos históricos acaecidos en Aragón en la primera mitad del siglo XII, durante el reinado de Ramiro II «el monje».

 

CV / Antonio García Gutiérrez (1813-1884) no es hoy en día un autor especialmente conocido ni leído, pero fue uno de los autores románticos más populares en su época. Como sus coetáneos románticos – Zorrilla (‘El puñal del godo’)- o Larra (‘Fernán González o la exención de Castilla’)- su obra se caracteriza por un explícito interés por las leyendas y la historia, con frecuencia mezcladas y alteradas o debidamente adaptadas.

Antonio García Gutiérrez no es hoy en día un autor especialmente conocido ni leído, pero fue uno de los autores románticos más populares en su época

En su caso lo abordó bajo la forma del drama histórico, en una versión de la «novela histórica» que estaba poniéndose de moda en el resto de Europa, de la mano de Walter Scott, en Gran Bretaña o Víctor Hugo y Alejandro Dumas, en Francia. Él mismo fue traductor de Dumas al castellano. De su obra destacaríamos ‘El Trovador’ (1836),  ‘Simón Bocanegra’ (1843) o Venganza catalana’ (1864)… También escribió zarzuelas, aunque desde la perspectiva musical, su mayor logro fue que sus textos de ‘El Trovador’ y ‘Simón Bocanegra’ fueron adaptados para las óperas homónimas de Verdi.

Con respecto a la obra cuyo estreno hoy se conmemora, cabe decir que se trata de una leyenda que, con toda certeza, tiene algún tipo de base histórica, aunque probablemente no fuera exactamente como nos lo cuenta García Gutiérrez: la leyenda de la Campana de Huesca.

El rey de Aragón Alfonso I el Batallador había muerto en 1134 mientras guerreaba contra los musulmanes en Fraga. Durante sus veinte años de reinado, había más que duplicado la extensión del reino de Aragón, tomando la importante plaza musulmana de Zaragoza. Una ampliación tan considerable precisaba de un posterior periodo de consolidación, pero al morir sin descendencia, dejó sus reinos a la Orden del Temple. Contrariados por ello los nobles aragoneses, denunciaron el testamento y fueron a buscar a su único hermano, Ramiro, a la sazón monje, para ofrecerle la corona aragonesa, que aceptó como Ramiro II…

La leyenda no sitúa a los nobles codiciosos ofreciéndole la corona a un pacífico y piadoso monje alejado de las cuestiones mundanas, con la intención de dominar el reino

Hasta aquí la historia. La leyenda no sitúa a los nobles codiciosos ofreciéndole la corona a un pacífico y piadoso monje alejado de las cuestiones mundanas, con la intención de dominar el reino en provecho propio. Y Ramiro puede que fuera ingenuo y piadoso, pero no era tonto y pronto se percató de las verdaderas razones que habían inducido a los nobles feudales a ofrecerle la corona. Reinando el caos y sin saber qué hacer, Ramiro volvió a su convento para consultar con su antiguo prior, al cual encontró en el huerto del convento cultivando hortalizas. Desesperado y agobiado, le contó sus problemas y le pidió consejo mientras el prior, sin inmutarse, seguía con sus labores hortícolas. Cuando Ramiro concluyó con su exposición, el prior cambió la azada por una hoz y se dirigió hacia unas hierbas que destacaban sobre las demás por su mayor altura. Sin mediar palabra, las segó de cuajo y se fue. No hizo falta nada más…

Petronila de Aragón / Wikimedia

Ramiro regresó a Huesca y convocó a todos los nobles del reino para celebrar la inauguración de una gran campana que había de resonar por todo el reino. Cuando descubrió la campana, los nobles contemplaron colgando de ella las cabezas cortadas de sus compinches más levantiscos. También lo entendieron y cejaron en sus conspiraciones, aceptando aquel viejo refrán: “donde hay patrón, no manda marinero”. Aunque sin especificar directamente la campana, algo debió ocurrir ciertamente con una conspiración de nobles. Medio siglo después, los hechos eran citados en los Anales Toledanos Primeros y, ya en el siglo XIV, durante el reinado de Pedro el Ceremonioso, en la Crónica de San Juan de la Peña. Si fue realmente una campana, esto es algo que nunca sabremos… Dejémoslo en verosímil.

De vuelta a la historia, ya con el reino pacificado, Ramiro se casó para tener un heredero, que resultó ser heredera, Petronila. La comprometió a los cuatro años con el conde de Barcelona, al cual nombró regente y príncipe de Aragón. Con el posterior matrimonio entre ambos se produjo la unión entre Aragón y Cataluña. Y entonces sí, Ramiro, con la situación ya controlada, regresó al monasterio de Santa María de Fontevrault, donde vivió en olor de santidad el resto de su vida. Murió en 1157  a los 71 años.

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