«El tigre del Maestrazgo»

Retrato del general carlista Ramón Cabrera. Daguerrotipo realizado por W. E. Kilburn en 1850, actualmente en el Museo del Ejército, en Madrid (España)

Tal día como hoy… 24 de mayo de 1877 fallecía «El tigre del Maestrazgo»

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El 24 de mayo de 1877 fallecía en su palacio de Wentworth, cerca de Londres, Ramón Cabrera y Griñó, a los setenta años de edad. Apodado «El tigre del Maestrazgo», fue, junto con Zumalacárregui, el más destacado de los generales carlistas… El carlismo, ese fenómeno tan difícil de definir ideológicamente, sobre todo por su naturaleza intrínsecamente sincrética. Quizás lo más fácil sea decir que los carlistas fueron a la guerra porque no aceptaron a una mujer como reina… aunque no porque no fueran monárquicos.

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CV / A la muerte del rey felón Fernando VII en 1833 le sucedía en el trono su hija Isabel, por entonces de dos años de edad. Esta medida no fue aceptada por su hermano menor, Carlos María Isidro, que se proclamó rey y dio pie al estallido de la Primera Guerra Carlista (1833-1840). Con los carlistas se alinearon la mayor parte de la Iglesia, los oficiales del ejército más reaccionarios, los terratenientes agrarios y la mayor parte de la población rural. Con los «isabelinos» estaban las ciudades y los sectores liberales, civiles y militares, que habían conseguido sobrevivir a la represión de Fernando VII…

Pese a no tener formación militar, destacó muy pronto por sus grandes dotes organizativas y resolución en el mando

Cabrera había nacido el 27 de diciembre de 1806 en Tortosa, al sur de Cataluña. Huérfano de padre a los 5 años, ingresó en el Seminario de Tortosa para seguir la carrera eclesiástica. En Cataluña había una poderosa corriente absolutista que ya en 1827 había producido la Revuelta de los Agraviados, ultrarrealistas que se alzaron para exigirle a Fernando VII el restablecimiento de la Inquisición. Fue la semilla de la que se nutrió el carlismo catalán.

Cabrera creció compartiendo este imaginario, pero el obispo de Tortosa, y a la sazón exministro y confesor de Fernando VII, Víctor Damián Sáez, rechazó ordenarlo sacerdote por su carácter arisco y disoluto. Cabrera se dirigió entonces a Morella, la capital del Maestrazgo, para unirse a las huestes carlistas que se estaban preparando para la guerra.

Pese a no tener formación militar, destacó muy pronto por sus grandes dotes organizativas y resolución en el mando. Esto, unido al hecho de tener estudios, le valió la confianza de los mandos carlistas de la zona, los generales Marcoval y Carnicer. Tras ser estos sucesivamente derrotados y fusilados, Cabrera quedó en 1835 como comandante general del ejército carlista del Maestrazgo y el Bajo Aragón.

Ramón Cabrera, “El Tigre del Maestrazgo”, pintado por John Prescott Knight.

Inició entonces una exitosa guerra de partidas a la vez que trataba de organizar un ejército regular con más aspiraciones. Instaló su cuartel general en Cantavieja, construyendo una fábrica de cañones y acuartelamientos para instrucción de la tropa. Entre mayo y octubre de 1837, se unió a la «expedición real» dirigida el pretendiente Carlos V, con el objetivo de avanzar hacia Madrid. Cabrera derrotó a los isabelinos y, en un fulgurante avance, se presentó con el ejército carlista a las puertas de un Madrid desprotegido. Incomprensiblemente, Don Carlos ordenó la retirada. La controvertida decisión del pretendiente es uno de los grandes enigmas de esta guerra. Sus escasos generales competentes nunca la entendieron.

De vuelta al Maestrazgo, y ya con un ejército de 30.000 hombres, tomó Benicarló y Morella. En octubre de 1838 destrozó completamente a la mejor unidad del ejército liberal, la división «el Ramillete», en la batalla de Maella (Teruel).

Pero en el norte las cosas no iban tan bien. Tras un golpe de estado interno, el general carlista Maroto pactó con Espartero el convenio de Oñate (1839) –el abrazo de Vergara- poniendo fin a la guerra. Cabrera lo consideró una traición y optó por seguir combatiendo. Pero tuvo que retirarse atravesando toda Cataluña hasta Francia, instalándose en Lyon.

Participó también en la segunda guerra carlista (1846-1849), acatando las órdenes del nuevo pretendiente, Carlos VI, aun a sabiendas de que estaba condenada al fracaso, como efectivamente fue. Tras la derrota, se instaló en Inglaterra y contrajo matrimonio con la heredera de una opulenta familia de comerciantes y abogados. El contacto con la sociedad inglesa entibió sus convicciones de carlista pueblerino, además de descubrir que en el otro bando había también ultraconservadores como él. Tras la proclamación de Alfonso XII, lo reconoció como rey y abandonó definitivamente la militancia carlista. Se le reconocieron los títulos de conde de Morella, marqués del Ter –que sus descendientes todavía conservan-, y el grado de teniente general.

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También un 24 de mayo se cumplen estas otras efemérides

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