El último templario

Jacques de Molay (1240-1314), Gran Maestre de la Orden del Temple

Tal día como hoy… 18 de marzo de 1314, era quemado el último templario

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El 18 de marzo de 1314, en París, frente a la catedral de Notre Dame, era quemado en la hoguera Jacques de Molay, último Gran Maestre de la Orden del Temple. Siete años antes, había sido detenido durante un fulminante golpe de mano que liquidó de cuajo a la orden más poderosa de la Edad Media: los famosos templarios.

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CV / Los Pauperes Commilitones Christi Templique Salomonici, más conocidos como los caballeros templarios, fue una orden religiosa y militar creada a principios del siglo XII tras la I Cruzada, con la misión de proteger los Santos Lugares. Participaron activamente en todas y cada una de las cruzadas, con suerte diversa y, en ocasiones, con actitudes controvertidas. Solo dependían del Papa, lo cual permitió a la orden consolidarse no solo como un poderoso ejército armado autónomo, sino también como una auténtica transnacional financiera con ramificaciones en toda Europa. Entre otras innovaciones, inventaron los travelers checks, las letras de cambio y las pólizas de seguros.

Entre otras innovaciones, los caballeros templarios inventaron los travelers checks, las letras de cambio y las pólizas de seguros

En 1291 caía la última plaza cristiana en Palestina, San Juan de Acre. Con ello, la Orden del Temple se quedaba sin trabajo. Los tiempos también estaban cambiando en Europa. Las Cruzadas ya no le interesaban a nadie, el sistema feudal agonizaba y surgían ciudades –burgos- para cuyas nuevas élites -burgueses-, las instituciones feudales eran un escollo que entorpecía con sus monopolios el nuevo modelo mercantilista que pugnaba por abrirse paso. Y contra los feudales de la ruralidad, los burgos urbanos se alienaban con unos reyes que, con su apoyo, adquirieron un poder que ni siquiera hubieran podido soñar un siglo atrás. Se estaban gestando las monarquías modernas.

El gran obstáculo eran las instituciones «multinacionales» de la Iglesia; la principal, los templarios, que por las razones más variadas y dispares, se habían convertido en un estorbo para casi todo el mundo. Tomó cartas del asunto el rey de turno francés, Felipe IV el Hermoso, que supo camelarse debidamente al Papa Clemente V para aniquilar a los templarios y, de paso, eludir el pago de sus deudas: estaba empeñado con los templarios hasta las trancas.

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El fin de los templarios

La cosa empezó con un subterfugio tan evidente que ni siquiera pretendía disimular su condición de tal. Acogiéndose a una idea de Ramon Llull, el Papa Clemente proyectó fusionar todas las órdenes militares para acometer la reconquista de Tierra Santa. Su nuevo jefe sería un Rex Bellator, misión para la cual se autopostuló el propio Felipe el Hermoso.

En apenas dos semanas la Orden de los templarios fue completamente neutralizada y sus miembros fueron detenidos, torturados y ejecutados

Jacques de Molay (1240-1314), Gran Maestre de la Orden del Temple, era un noble borgoñón de no muchas luces, accedido al cargo por su alcurnia, que no por su valía, que no supo ver la que le iba a caer encima. Rechazó de plano la fusión con los Hospitalarios, los Teutones y demás órdenes menores y se plantó con un par ante el Papa y el rey de Francia.

La reacción fue fulminante y sin parangón en la historia. Más aún si atendemos a la época y a su contexto. Fue una razzia llevada a cabo simultáneamente con una precisión milimétrica en toda Francia. Felipe IV contó para ello con unos sabuesos de estado cuya efectividad represiva quedaba fuera de los alcances del bueno de Molay: Guillermo de Nogaret –canciller del reino-, Guillermo d’Imbert –Inquisidor general de Francia- y Eguerrand de Marigny –Tesorero real del reino. Y con un templario tránsfuga –un espía infiltrado-, Esquieu de Floyran, cuyos problemas de conciencia le indujeron a denunciar las nefandas prácticas templarias: sodomía, simonía, herejía, connivencia con religiones paganas y con judíos, idolatría… siendo esta última acusación particularmente interesante por el detallismo descriptivo de los ritos devocionales templarios por Belcebú, Lucifer, Baphomet… además de íncubos y súcubos de lo más variado en el repertorio demonológico universal.

Sello de los templarios

En apenas dos semanas la Orden de los templarios fue completamente neutralizada y sus miembros fueron detenidos, torturados y ejecutados. Todo con un orden y precisión sorprendente para la época. Los restantes reyes europeos se sumaron al carro inmediatamente; había mucho patrimonio en juego…

Si tuviéramos que buscar alguna redada de exterminio comparable, se nos ocurren dos. Una es histórica: la que, siguiendo las órdenes de Hitler, llevaron a cabo las SS nazis contra las no menos nazis SA en la noche de los cuchillos largos. La otra es de ficción: el exterminio de los Yedi en la tercera entrega de Stars Wars –‘La venganza de los Sith’-. Algunas purgas de Stalin, también, sin duda, pero mucho más chuscas organizativamente.

Jacques de Molay fue detenido y confesó bajo tortura todos sus nefandos pecados. Al pie de la hoguera negó todas las acusaciones y maldijo a sus verdugos. Los emplazó ante el Tribunal de Dios: al Papa Clemente V antes de cuarenta días; al rey de Francia antes de un año.

Curiosamente, ambos murieron en los vencimientos previstos para poder asistir al emplazamiento. Ignoramos la sentencia final.

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