El último tigre de Tasmania

El último lobo marsupial, fotografiado en 1933 en el zoológico de Hobart (antiguamente zoológico de Beaumaris). / Wikimedia

Tal día como hoy… 7 se septiembre de 1936 moría el último tigre de Tasmania

 

El 7 se septiembre de 1936 moría «Benjamín», el último tigre de Tasmania, en Hobart, capital de la isla. Había pasado los tres últimos años de su vida en el zoológico de esta ciudad, después de haber sido capturado y puesto en cautividad, en un infructuoso intento de salvar a la especie de la cual fue el último ejemplar conocido.

 

CV / El tigre, o lobo, de Tasmania, era un lobo marsupial (Tylacinus Cynocephalus), un carnívoro que vivía por aquellas tierras desde el Mioceno, hace entre veintitrés y cinco millones de años. -, en la era Cenozoica, antes llamada Terciaria. En realidad no era un tigre ni un lobo, aunque morfológicamente se parecía más a este último, pero tenía en el dorso del pelaje una rayas que recordaban a las del tigre. Y por supuesto, como el lobo o el tigre, era un depredador alfa; es decir, no tenía depredadores y estaba en lo alto de la cadena alimentaria.

En realidad no era un tigre ni un lobo, aunque morfológicamente se parecía más a este último

Se sabe que hubo tigres de Tasmania en el continente australiano, que se habrían extinguido hace unos dos mil años, acaso por la competencia con el dingo y el hombre. Sea como fuere, cuando los primeros colonizadores europeos llegaron a Australia, el ‘Tylacinus Cynocephalus’ estaba ya recluido a la isla de Tasmania. Su tamaño era más o menos el de un lobo, si bien era más fuerte y robusto. Entre sus parientes más cercanos, estarían el diablo de Tasmania y el numbat.

No se sabe mucho de su comportamiento y hábitat, los datos de que se dispone son muy fragmentarios y limitadas a observaciones en cautiverio. Los primeros observadores afirmaron que era un animal que solía evitar el contacto con los humanos. Solo una vez se consiguió que se reprodujera en cautividad; fue en el zoo de Melbourne en 1899.

Cuando los europeos llegaron a Tasmania, fue objeto de un exterminio sistemático por parte de los granjeros, cuyos rebaños atacaba. Se ofrecieron recompensas por tigre muerto. Entre 1888 y 1909 el gobierno pagaba una libra por adulto y diez chelines por cachorro. A finales de los años veinte del pasado siglo era ya un animal raro de ver. Hasta donde consta, el último ejemplar abatido por un cazador fue en 1930.

Nuestro «Benjamín» fue capturado en 1933 y llevado al zoológico

Nuestro «Benjamín» fue capturado en 1933 y llevado al zoológico. Pero hay datos que no coinciden, empezando por su nombre: no está claro si era macho o hembra. Un trabajador del zoo, Frank Darby, afirmó años después que él le había puesto este nombre y que era macho. Pero por otro lado, desde la dirección del zoo se manifestó que Darby nunca trabajó allí, y que nadie bautizó al animal como «Benjamín». Algunas fotos de la época insinúan que podría ser una hembra. Todo este galimatías bien podría estar relacionado con las circunstancias de la muerte de «Benjamín». Al parecer fue debido a una negligencia. Se quedó aislado en el exterior de su recinto, sin acceso al cobertizo, expuesto a un calor sofocante durante el día y a un frío glacial en la noche; un fenómeno climatológico que a veces ocurre en Tasmania.

Se piensa que algunos ejemplares pudieron seguir viviendo en estado salvaje hasta los años sesenta

Se piensa que algunos ejemplares pudieron seguir viviendo en estado salvaje hasta los años sesenta. Pero nunca pudo comprobarse. El magnate Ted Turner ofreció en 1983 una recompensa de 100.000$ a quien aportara alguna prueba de su existencia, sin resultado positivo alguno. La revista australiana ‘The Bulletin’ aumentó la puja hasta 1.250.000$… Tampoco. En el 2006, un turista alemán afirmó haber tomado fotos digitales de un tigre de Tasmania en un parque nacional. Se consideraron no concluyentes.

En homenaje a «Benjamín», desde el año 1996, el 7 de septiembre se celebra en Australia el ‘National Threatened Spices Day’, el día nacional de las especies amenazadas. Si queda alguno, está claro sabe esconderse, y hace sin duda muy bien, visto lo visto.

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