El vuelo del primer dirigible

Dirigible creado por Giffard en 1852. / Wikimedia

Tal día como hoy… 24 de septiembre de 1852 tenía lugar el vuelo del primer dirigible

 

El 24 de septiembre de 1852, el piloto e ingeniero francés Henri Giffard (1825-1882) realizaba lo que se puede considerar el primer vuelo de la historia a bordo de un dirigible. Lo construyó él mismo y estaba propulsado por una máquina de vapor. Recorrió 27 km, entre París y Trappes, a una velocidad media de 10 km/h.

 

CV / De acuerdo con el principio de Arquímedes, formulado en el siglo III aC, todo cuerpo sumergido en un fluido recibe un empuje vertical hacia arriba equivalente al peso del fluido que desaloja. En otras palabras, un cuerpo cuyo volumen total es más ligero que el mismo volumen de agua, flotará sobre ella.

Los hermanos Montgolfier habían sido los primeros en flotar sobre el aire con su aeróstato en 1783. El problema era que estos globos podían cubrir solo trayecto de ida

Y lo mismo por lo que refiere al aire, que es también un fluido: un cuerpo inmerso en la mezcla de gases que llamamos aire, recibirá una fuerza ascensional equivalente al peso de aire ocupado por su volumen, menos el peso de su estructura y su carga. Con ello devenía conceptualmente posible la sustentación aerostática, en la que se basarán los globos y los dirigibles, distinta de la aerodinámica, que serán los aeroplanos o los helicópteros. Dicho simplemente: un globo o un zeppelin flotan en el aire, un avión no.

Los hermanos Montgolfier habían sido los primeros en flotar sobre el aire con su aeróstato en 1783. El problema era que estos globos podían cubrir solo trayecto de ida, y que ni siquiera dicho trayecto era previsible, ya que estaba a merced del viento y las corrientes de aire. El siguiente paso era que el rumbo a seguir pudiera ser gobernado desde el propio aparato, y en ello pusieron su empeño los inventores.

Jean Baptiste Marie Meusnier diseñó un globo de forma elíptica con tres propulsores movidos a mano, que requería de 80 hombres

En 1784, Jean Pierre Blanchard cruzó el canal de la Mancha con un globo al cual añadió una palas y un timón manuales, que debían permitir un cierto gobierno de la aeronave. Cruzó ciertamente el canal, pero la maniobrabilidad dejó mucho que desear y no tuvo nada que ver con el éxito de la travesía, sino simplemente que los vientos fueron favorables.

Por su parte, Jean Baptiste Marie Meusnier diseñó un globo de forma elíptica con tres propulsores movidos a mano, que requería de 80 hombres. Nunca fue construido. Años más tarde, en 1850, otro francés, Pierre Julien de Villejuif desarrolló una estructura en forma de cigarro que expuso en el hipódromo de París, impulsado por dos hélices  movidas por un ingenio mecánico de relojería, a base de muelles y ruedas dentadas. Tampoco funcionó…

Henri Giffard era un ingeniero francés, experto en máquinas de vapor, que había trabajado en el diseño y construcción de ferrocarriles. Tomó nota del diseño de Villejuif y construyó una estructura en forma de cigarro, no rígida, de 44 metros de largo y una capacidad de 3.200 m3. Y le incorporó un pequeño motor de vapor, de 113 kg de peso y 3 CV de potencia (2,2 Kw), con una caldera con capacidad para 45 kg de combustible. La góndola y el motor estaban a proa de la estructura, y a propulsión era mediante una hélice de tres aspas.

Giffard viajó a una velocidad media de 6 nudos -unos 10 km/- recorriendo 17millas -27 km- desde París hasta Elancour, cerca de Trappes en poco menos de tres horas

Giffard viajó a una velocidad media de 6 nudos -unos 10 km/- recorriendo 17millas -27 km- desde París hasta Elancour, cerca de Trappes -en Versalles- en poco menos de tres horas. No pudo proseguir más porque el viento fue aumentando hasta hacer ingobernable el dirigible con su pequeño motor. Pero se había demostrado lo que había que demostrar: el dirigible era posible.

Henri Giffard / Wikimedia

Giffard prosiguió con su actividad como ingeniero. En 1859 inventó y patentó el inyector de vapor, que le valió el premio de L’Académie de Sciences de Paris y se aplicó a todas las nuevas locomotoras que se construyeron en el mundo, lo que le aportó una gran fortuna. Con el tiempo, tuvo problemas de visión que desembocaron en ceguera. Se suicidó en 1882, dejando toda su fortuna para finalidades humanitarias e investigaciones científicas.

Henri Giffard es uno de los 72 nombres incluidos en la Torre Eiffel en reconocimiento por sus contribuciones al avance de la ciencia.

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