Emanuel Swedenborg

Emanuel Swedenborg / Wikimedia - http://www.newchurchhistory.org/articles/ceg2006b/ceg2006b.php

Tal día como hoy… 29 de marzo de 1772 fallecía Emanuel Swedenborg

 

El 29 de marzo de 1772 fallecía en Londres Emanuel Swedenborg, un eminente científico que a los 56 años renunció a la ciencia para dedicarse por entero a describir el cielo, el infierno, los ángeles… Imanuel Kant (1724-1804) se inspiró en él para su obra ‘Los Sueños de un visionario explicados por los sueños de la Metafísica’ (1766), a partir de las delirantes afirmaciones vertidas por Swedenborg en su Arcana Caelestia.

 

CV / Nada hacía suponer que el bueno de Emanuel Swedenborg acabaría describiéndonos el cielo, el infierno, a los ángeles y a los demonios, cometidos todos ellos en principio fuera del alcance de la ciencia. Había nacido en Estocolmo el 29 de enero de 1688. Hasta los 56 años dedicó su vida a la investigación científica y publicó obras sobre Matemáticas, Física, Astronomía, Química, Biología, Geología… Incluso descubrió la función de las glándulas endocrinas y diseñó los planos de un avión y de un submarino. Estudió también la circulación de la sangre, la relación entre el corazón y los pulmones, y hasta fue de los primeros en elaborar una hipótesis sobre la formación nebulosa del sistema solar.

Hasta los 56 años dedicó su vida a la investigación científica y publicó obras sobre Matemáticas, Física, Astronomía, Química, Biología, Geología…

Sus obras tuvieron difusión internacional y le hicieron relativamente famoso en Europa. Era también, por mor de su incansable actividad científica, un hombre viajado y hasta podríamos decir «de mundo». Recorrió media Europa patrocinado por el rey Carlos XII de Suecia; en el transcurso de sus viajes, conoció a personajes de la talla de Newton y Leibniz, además de relacionarse con los más florido de la Royal Society. Es decir, que todo indicaría que nos las habíamos con un ilustrado con mayúsculas, un hombre de ciencia movido por la razón.

Pero ¡ay los delirios de la razón! A los 56 años de edad pasó por una epifanía que le llevó a cambiar totalmente el rumbo de sus investigaciones e intereses, renunciando a la ciencia y optando por la teología más mística y esotérica. Afirmó haber tenido visiones y, famoso como era, se dedicó a publicarlas. Se hizo famoso en su nueva faceta con ‘De coelo et ejus mirabilibus et de inferno, ex auditiset visis’ (1758) –traducido: sobre el cielo y sus maravillas y sobre el infierno, de lo escuchado y visto-. Paralelamente, entre 1749 y 1756 compuso una monumental obra de 16 volúmenes, los ‘Arcana coelestia’.

A los 56 años de edad pasó por una epifanía que le llevó a cambiar totalmente el rumbo de sus investigaciones e intereses, renunciando a la ciencia y optando por la teología más mística y esotérica

¿Qué llevó a este hombre a un cambio tan brutal? Dejando de lado a los que se lo creyeron se aprestaron a leerle ávidamente en busca de la nueva verdad del conocimiento –el hombre no puede acceder al conocimiento absoluto si no es a través de las visiones que Dios le aporta-, muchos ilustrados de la época lo tomaron como un acceso de locura: Swedenborg, simplemente, pensaron, se había vuelto loco…

Pero para Kant la cosa era mucho más sutil. No se trataba de locura mental en el sentido psíquico del término, sino de la locura de la razón, los delirios de la razón, en definitiva, en sus propios procesos de razonamiento y argumentación. Y esto es lo que lo hace interesante a través de la obra de Kant, pues lo presenta como el arquetipo del racionalista que acaba insatisfecho con sus propios logros –siempre modestos, como es inherente a la condición humana- y da el salto a la totalidad a partir de los propios procedimientos racionales usados hasta entonces, pero transgrediéndolos. Y es que estas visiones, estos sueños, no son sino los sueños de la presunta ciencia que aspiraba a una omnicomprensión, a un saber absoluto. Lo único que hizo Swedenborg fue llevar al límite los sueños de la Metafísica.

Es muy probable que la lectura de Swedenborg indujera a Kant a caer en una noción que luego empleará en la ‘Crítica de la Razón Pura’: las ideas regulativas

Y para Kant, claro, el conocimiento humano es constitutivamente finito. Es muy probable que la lectura de Swedenborg indujera a Kant a caer en una noción que luego empleará en la ‘Crítica de la Razón Pura’: las ideas regulativas; aquellas que acompañan a todo proceso de conocimiento, pero que no son ellas mismas conocimiento. Dicho muy brevemente, para Kant, la sensibilidad produce intuiciones (empíricas, sensoriales), el entendimiento produce conceptos, y estos conceptos, debidamente combinados, constituyen el conocimiento humano. La razón, por su parte, produce ideas, pero estas ideas no son conocimiento, sino que solo lo acompañan. Dios, por ejemplo, es una idea regulativa, pero no conocimiento: no tenemos ningún conocimiento de Dios, al menos en términos racionales. El problema surge cuando tomamos estas ideas regulativas como contenidos de conocimiento –alma, mundo, dios, que Kant expresará como los paralogismos, las antinomias y el «ideal» de la razón pura-. Y este era, epistemológicamente hablando, el problema del pobre Swedenborg, un uso indebido de la razón y sus ideas.

Está claro que nada de esto hubiera convencido a Swedenborg, ni probablemente convenció a sus seguidores. Tampoco, por más pruebas a favor que se aporten, se puede convencer a los partidarios del terraplanismo de que en realidad la Tierra es esférica. Siempre la misma historia…

Otra tema, claro, sería la naturaleza de las visiones que Swedenborg dijo haber tenido. Sobre esto pronunció una muy interesante conferencia Jorge Luis Borges en la Universidad de Belgrano en 1978, que dejaremos para otra ocasión.

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