Emilio Castelar

Emilio Castelar, Emilio; político, escritor y periodista, Presidente de la Primera República Española

Tal día como hoy… 25 de mayo de 1899 fallecía Emilio Castelar

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El 25 de mayo de 1899 fallecía en San Pedro del Pinatar (Murcia) Emilio Castelar y Ripoll, erudito, político republicano, catedrático de universidad y cuarto y último presidente de la I República, entre el 7 de septiembre de 1873 y el 3 de enero de 1874. Fue uno de los oradores más brillantes que se recuerda en la tradición política parlamentaria. Y un talento político de fuste.

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CV / Nació en Cádiz el 7 de septiembre de 1832, accidentalmente. Sus padres eran originarios de Alicante, de ideas liberales y amigos de Rafael del Riego, razón por la cual habían tenido que exiliarse a Gibraltar, instalándose después temporalmente en Cádiz. Al morir su padre –Castelar tenía 7 años-, regresó con su madre a la casa familiar en Elda (Alicante), donde, según sus propios recuerdos, se inició en la lectura gracias a la biblioteca que había sido de su padre. Estudió en el instituto de Alicante, sobresaliendo por sus excelentes notas.

Hombre de gran prestigio intelectual, fue destituido de su cátedra por Narváez debido a un artículo periodístico en que atacaba al régimen de Isabel II

Estudió luego Filosofía y Derecho en Madrid, obteniendo posteriormente la cátedra de Historia crítica y Filosófica de España, actividad que compaginó con el periodismo, en el cual había iniciado para costearse los estudios. Llegó a fundar un periódico propio en 164, ‘La Democracia’, y se caracterizó desde muy pronto por sus convicciones republicanas y por su oposición al régimen de Isabel II. Hombre de gran prestigio intelectual, fue destituido de su cátedra por Narváez debido a un artículo periodístico en que atacaba al régimen de Isabel II.

Su cese motivó la matanza de «La noche de San Daniel». El rector de la Universidad Central, Juan Manuel Montalbán, se negó a cesar a Castelar. Es uno de los casos sobre los que se cuenta la siguiente anécdota de Narváez –conocido como el espadón de Loja-. Ante el rechazo del rector a firmar el cese de Castelar, se dice que Narváez le replicó: “Usted va a firmar esto con una mano y con la otra se sostiene los cataplines”. Ni por ésas, así que Narváez los destituyó a los dos. El 10 de abril de 1865, los estudiantes organizaron en la Puerta del Sol una serenata en protesta por estos ceses. Ni la Guardia Civil, ni la caballería, ni la infantería del ejército español habían sido invitadas al evento, pero acudieron y la cosa acabó con 14 muertos y 193 heridos, ancianos y niños, la mayoría, que no pudieron correr lo suficiente.

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Como Prim, pero sin reyes

Narváez fue enviado poco después a las cloacas de la historia –el lugar que por derecho le pertenecía- y el nuevo presidente, O’Donell, repuso en su cátedra a Castelar; pero solo para condenarlo a muerte poco después por su participación en la insurrección del cuartel de San Gil en 1866. Castelar consiguió huir y se refugió en Francia.

Regresó a España en 1868 con el triunfo de «La Gloriosa» y fue elegido diputado a Cortes. Se opuso a Prim una vez éste se decantó por la monarquía parlamentaria. Su concepción era la de una república unitaria, con un poder central fuerte que llevara a cabo la modernización de España. Es decir, como Prim, pero sin reyes.

Su concepción era la de una república unitaria, con un poder central fuerte que llevara a cabo la modernización de España

Una anécdota. Tras el estallido de la guerra franco-prusiana en 1870, Castelar pronunció uno de sus vibrantes discursos en las Cortes, exigiéndole a Prim que movilizara un ejército de 100.000 hombres para acudir en ayuda de Francia contra los teutones. Se cuenta que Prim murmuró: “Este hombre está loco”. Y fue de los últimos que vio a Prim con vida. Estuvo departiendo con él y con Sagasta en su berlina, hasta minutos antes de que el general se encaminara hacia la calle del Turco.

Con la monarquía de Amadeo, se convirtió en el líder de los republicanos junto con Pi y Margall. Que uno fuera más unitarista y el otro más federalista, no fue óbice para que fuera el propio Castelar quien propuso a Pi como presidente. La situación política fue empantanándose por momentos, y tras la dimisión de Salmerón, Castelar fue elegido presidente, ejerciendo el cargo durante cuatro meses. No fue la suya una presidencia más afortunada que la de sus antecesores. La insurrección cantonalista, la carlista, la cubana y las conspiraciones borbónicas llevaron a la República a un callejón sin salida…

Tras la caída de la república y un nuevo exilio en París, regresó finalmente a España y fue diputado adscrito a los republicanos «posibilistas», miembro de la Real Academia Española y de la Real Academia de la Historia. Abandonó la política en 1893. Quizás, en su beneficio y justicia, habría que decir de él, y de sus antecesores –Figueras, Pi y Margall y Salmerón-, que fueron ilustres políticos malogrados por los tiempos ramplones con los que les tocó lidiar. Como el jugador de ajedrez que ha de proseguir una partida que no ha empezado, con las piezas en tan mala posición que cualquier jugada es perdedora.

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También un 25 de mayo se cumplen estas otras efemérides

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