El dióxido de carbono es el principal causante del efecto invernadero y del calentamiento global. Foto: NASA

Almacenar CO2 en formaciones rocosas profundas es una estrategia segura para luchar contra el calentamiento global

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El dióxido de carbono o CO2 —el principal causante del efecto invernadero y del calentamiento global— puede almacenarse en el subsuelo de forma segura durante miles de años, según un estudio publicado en la revista Nature Communications cuyo primer autor es el investigador Juan Alcalde, doctorado en Ciencias de la Tierra por la Universidad de Barcelona y experto de la Universidad de Aberdeen (Escocia). 

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UB / El nuevo trabajo, en el que participa la investigadora Xènia Ogaya, de la Facultad de Ciencias de la Tierra y del Instituto de Investigación Geomodels de la Universidad de Barcelona, refuerza la confianza en el uso a gran escala de la tecnología de captura y almacenamiento geológico de este gas para  reducir  el impacto de las emisiones atmosféricas de CO2  generadas por la actividad humana a nivel global.

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El Antropoceno: la huella humana por todo el planeta 

El Acuerdo de París establece el compromiso de limitar el incremento de la temperatura media global a 2 ºC como máximo para combatir el cambio climático. Foto: IPCC

La Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP21), celebrada en París en el año 2015, es un referente mundial en la lucha contra el calentamiento global del planeta. El Acuerdo de París —ratificado en España en 2016— renueva los términos acordados en el Protocolo de Kyoto y establece el compromiso de limitar el incremento de la temperatura media global a 2 ºC como máximo para combatir el cambio climático. Este pacto exhorta a los 195 países firmantes a reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera derivadas de la actividad industrial, la generación de energía eléctrica, la calefacción o el transporte.

Capturar el exceso de emisiones de CO2 y garantizar su almacenamiento de forma segura en formaciones geológicas profundas es una estrategia fundamental para limitar el efecto invernadero y frenar el calentamiento global. Tal como explica Juan Alcalde, «no vamos a poder cumplir con los objetivos de reducción de emisiones de CO2 a menos que se implementen esta y otras tecnologías, y se incrementen la producción y empleo de energías renovables».

Los reservorios geológicos que permiten almacenar CO2 «tienen que ser rocas porosas y permeables —cubiertas por otras rocas no porosas y no permeables que actúen como sello—, para que el CO2 inyectado permanezca en el subsuelo y no vuelva a la superficie», detalla la investigadora Xènia Ogaya, del Departamento de Dinámica de la Tierra y del Océano de la UB. «En general, se seleccionan rocas en formaciones sedimentarias que ya están almacenando otros fluidos (por ejemplo, hidrocarburos o agua), porque así la certidumbre de que el sello funciona es mayor, dado que han estado almacenando esos fluidos durante miles o incluso millones de años. Últimamente también se está estudiando el almacenamiento en basaltos, en Islandia, pero se trata de un proyecto todavía en fase de desarrollo».

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¿Qué ocurre cuando se inyecta CO2 en el subsuelo? 

Los autores del nuevo estudio, en el que participan expertos de la Universidad de Edimburgo (Reino Unido), han integrado un volumen destacable de datos a escala global sobre almacenes naturales de CO2 y de gas metano (CH4), proyectos de almacenamiento de gases y actividad productiva de la industria de los hidrocarburos (almacenamiento de gas natural, sondeos de inyección y experimentos de laboratorio).

El nuevo estudio muestra que el almacenamiento subterráneo de este gas es seguro a largo plazo. Foto: Instituto Global CCS

«Se trata de una base de datos muy compleja, que nos ha llevado casi cuatro años completar y que nos permite entender qué ocurre con el CO2cuando es inyectado en el subsuelo», indica Juan Alcalde.

En la investigación, los expertos han generado un modelo de almacenamiento geológico de CO2 que ha permitido desarrollar simulaciones de predicciones sobre el comportamiento del gas almacenado durante los próximos 10.000 años. Como primicia científica, este trabajo integra toda la información disponible sobre factores y procesos que intervienen en el almacenamiento del gas: por ejemplo, el proceso de atrapamiento natural del CO2 (trapping) en el interior de las rocas mediante burbujas microscópicas, o su disolución en el agua que discurre por el interior de algunas formaciones rocosas en el subsuelo.

«La seguridad en el almacenamiento de CO2 es una preocupación de los ciudadanos y los gobiernos perfectamente comprensible. Nuestro trabajo muestra que el almacenamiento subterráneo de este gas es seguro a largo plazo y, por lo tanto, constituye una herramienta fundamental para combatir el cambio climático», considera Alcalde.

«Las predicciones obtenidas ofrecen valiosa información sobre la seguridad y eficacia asociadas a diferentes proyectos de almacenamiento», destaca la investigadora Xènia Ogaya, que ha colaborado en el desarrollo de los modelos matemáticos que han permitido realizar predicciones sobre el comportamiento del CO2 en el subsuelo una vez inyectado.

Para la investigadora Stephanie Flude (Universidad de Edimburgo), que colidera la investigación, «los parámetros seleccionados para construir nuestros modelos son conservadores pero realistas». Así, la experta considera importante destacar que «en las simulaciones hechas a partir de datos procedentes de zonas con una regulación estricta de las actividades de la industria de los hidrocarburos —como el mar del Norte— se constata que, después de pasados 10.000 años, la retención de CO2 inyectado es superior al 90 % en un porcentaje de casos que supera el 95 %».

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