Gabriel Tortella es Catedrático emérito de Historia de la Economía en la Universidad de Alcalá de Henares

“Si el Euro es el Purgatorio, la salida de él es el Infierno”

Por Xavier Massó x.masso@catalunyavanguardista.com

Gabriel Tortella

Gabriel Tortella

Gabriel Tortella está especializado en historia económica de la Edad Contemporánea.  Es doctor en Economía por la Universidad de Wisconsin y Doctor en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid. En la actualidad es Catedrático emérito de Historia de la Economía en la Universidad de Alcalá de Henares y colaborador habitual en medios de comunicación. Desde 2003, es miembro de la Academia Europea de Ciencias y Artes.

Escritor de varios ensayos económicos, fue promotor de la Revista de Historia Económica. Ex-Presidente del “Academic Advisory Council” de la Asociación Europea de Historia Bancaria, también fue Presidente de la International Economic History Association y de la Asociación de Historia Económica. Su trayectoria profesional se desarrolló durante años en Estados Unidos. De origen catalán, Gabriel Tortella reside actualmente en Madrid.

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ESPAÑA VS EUROPA

Afirmaba usted en un artículo reciente, que Alemania está demostrando una miopía económica y financiera sólo comparable a la de Estados Unidos hace noventa años. Para la opinión pública, en cambio, más bien parece que la opinión generalizada sea que los alemanes están mirando hacia sus conveniencias y que a ellos ya les va bien así. ¿En qué fundamentaría usted esta “miopía” alemana?

La inmensa mayoría de los políticos son “miopes”; carecen de visión a largo plazo y si la tienen, la supeditan a los objetivos a corto plazo, que son los que  ayudan a ganar las próximas elecciones. Hemos visto un caso palmario y escandaloso en las recién publicadas Memorias de Pedro Solbes, que admite ahora que ya en 2007 se dio cuenta de lo grave de la crisis que se avecinaba pero que, dijo en la radio, “tuvimos mala suerte en coincidir con elecciones [las de marzo de 2008]”, en vista de lo cual mintió descaradamente en su debate con Pizarro. Su horizonte entonces eran las elecciones, para las que quedaban pocas semanas; lo demás no importaba.

Para la Sra. Merkel, que todavía es canciller en funciones, el momento de tomar decisiones llegará, si llega, después de formar gobierno. Antes de las elecciones, que es cuando yo escribí el artículo, la Sra. Merkel sólo pensaba en prometer mucho y hacer poco, que es como se gana en las urnas en condiciones normales. En su próxima legislatura todo dependerá del pacto que haga con sus futuros socios socialdemócratas.

Angela_Merkel

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En general, los gobiernos de coalición (y más los que, como éste, no responden a una situación de emergencia o extraordinaria) no acostumbran a tomar grandes decisiones, porque al problema de lograr el consenso con la oposición se añade en estos casos el de lograr el consenso con el socio de gobierno. Sin embargo, pudiera ser que, ya que el futuro gobierno va a tener una amplia mayoría parlamentaria, ambos partidos pactaran llevar a cabo una política de altos vuelos con el fin de dar un espaldarazo a la Unión Europea y combatir el paro. Para ello podrían muy bien hacer la política expansiva que yo reclamaba en el artículo, y que muchos medios y sectores de opinión (incluso el gobierno de Estados Unidos y el Fondo Monetario Internacional) les piden ahora. Sería muy bueno que el próximo gobierno Merkel prestara atención a estas sugerencias.

Sigamos con Alemania ¿Podría afirmarse de alguna manera que Alemania ha acabado “comprando” lo que no consiguió “conquistar” militarmente en los últimos doscientos años?

Es una expresión muy fuerte, pero no está desprovista de razón. Clausewitz decía que la guerra es la persecución de fines políticos por otros medios; su pregunta sugiere que la economía puede ser la persecución de fines militares (o hegemónicos) por otros medios. El hecho es que la Alemania democrática es hoy la potencia hegemónica en Europa, aunque, desde luego, tiene que contar para muchas cosas con las otras dos grandes potencias, Francia y Gran Bretaña.

 

Pregunta tópica, pero inevitable ¿Estamos saliendo de la crisis? ¿Y España también?

La respuesta es un sí muy cauteloso. En realidad, de las crisis siempre se sale; al igual que son inevitables, también es cierto que no son eternas. La economía se mueve cíclicamente, y es natural que sea así. Pero hay diferencias. En España vamos a la cola en la recuperación, en gran parte porque este gobierno ha hecho el mínimo de reformas que a su juicio eran necesarias. Una reforma laboral incompleta, una reforma administrativa inexistente, una reforma educativa que aún está en ciernes y se queda muy corta (es decir, que no resuelve los grandes problemas), y un reparto de las cargas fiscales que ha recaído totalmente sobre los contribuyentes, que han tenido muy poca culpa de la crisis, y que ha protegido a los políticos, que tenían prácticamente toda la culpa. No se ha ido a la raíz de los problemas y se ha empobrecido al sector privado, lo cual ha redundado en mayor depresión y en un crecimiento obsceno del desempleo. Por eso España no sale de la crisis por sí sola, sino que es el sector exterior el que la ayuda a salir del agujero. Con todo, la salida será lenta y problemática.

 

EuroEuropa tiene moneda única y un banco central, pero no un Estado europeo ni nada que se le parezca. Además, el Banco Central Europeo no presta a los gobiernos, sino a los bancos ¿Qué consideración le merece este hecho?

Hombre, ese confuso conglomerado político-administrativo que acostumbramos a llamar “Bruselas” sí se parece bastante a un Estado en lo burocrático, ordenancista, y ensimismado. Pero, por supuesto, sus poderes ejecutivos son muy limitados. Pese a ello, cuando había prosperidad, Bruselas era muy fuerte porque la Unión era muy atractiva; correlativamente, ahora ha perdido gran parte de su fuerza.

En cuanto el BCE, es natural que, formalmente, sólo se entienda con los bancos privados y no preste a los gobiernos, ya que eso le exigiría hacer juicios sobre la solvencia de los diferentes Estados, juicios que, por bien fundamentados que estuvieran, serían una fuente de tensiones políticas. Sobre los bancos privados el BCE puede emitir todos los juicios que quiera, porque la misión de todo banco es discriminar entre sus clientes por razones de solvencia y ello no entraña juicios políticos. Por otra parte, al prestar a los bancos privados, el BCE está, indirectamente, prestando a los Estados en la medida en que la banca privada adquiere deuda pública. Pero aquí el juicio sobre la solvencia de los Estados es competencia de la banca privada, y no del banco público europeo, y así debe ser.

 

En relación con el encabezamiento de la anterior pregunta, si hay un Banco Central Europeo y una moneda única en la zona euro, pero sin un poder político, sin un Estado, no se convierte esto de algún modo en una situación donde impera la ley del más fuerte, es decir, Alemania?

Que Alemania imponga, hasta cierto punto, la ley del más fuerte es inevitable. Si la Unión (o “Bruselas”) adquiriera más poderes a expensas de los de los Estados miembros, Alemania seguiría teniendo mucho peso en las decisiones que tomara esa Unión reforzada. Ahora bien, la crisis ha puesto de relieve que una moneda común sin una política bancaria y fiscal común encierra un gran peligro; si los bancos y los Estados se endeudan excesivamente, como no pueden recurrir a la devaluación de la moneda (que es la forma tramposa, pero muy usada, para devolver menos dinero que el que se había recibido), tienen que recurrir a la “devaluación interior”, es decir, la bajada de precios y salarios que hace a los países endeudados competitivos, de manera que puedan lograr superávits exteriores y así pagar sus deudas. La devaluación interior es dolorosa, porque trae consigo rebajas de salarios, quiebras y desempleo. Como decía la gran Joan Robinson, la mano invisible de Adam Smith siempre funciona, pero a menudo lo hace por estrangulación.

Estos problemas deben resolverse antes de que se produzcan, evitando desequilibrios y endeudamientos excesivos. El BCE es crucial en esta tarea, pero se necesita, además, un supervisor bancario con más poderes y, sobre todo, un ministro de Hacienda comunitario que supervise los déficits de los Estados y ponga coto a los endeudamientos excesivos. Alemania hasta ahora se ha resistido a la primera idea y la segunda apenas ha hecho camino. En este aspecto, la “miopía” de Alemania puede traer consecuencias funestas.

 


PERMANENCIA EN EL EURO

¿Debe España mantenerse en el Euro? ¿Tiene futuro esta moneda única europea?

Sí: el Euro es, si se quiere, un mal menor, sobre todo para las economías periféricas. La salida del Euro sería para España una gran catástrofe que traería inflación, paro y un fuerte aumento de la presión fiscal. Si el Euro es el Purgatorio, la salida de él sería el Infierno.

 

Desde la perspectiva que da el tiempo ¿Lo de los ochenta fue una reconversión industrial o simplemente una liquidación? ¿En realidad todo lo que se cerró en aquellos momentos era tan “insalvable”?

No soy un experto en el tema, pero hay que tener en cuenta que la transición de la economía franquista a la libre concurrencia internacional dejó al descubierto muchas ineficiencias que habían pervivido gracias a los residuos de la política autárquica. Habría que hacer un estudio caso por caso para juzgar hoy qué era salvable y qué no lo era, pero yo pienso que lo “salvable” era lo competitivo y eso, en principio, subsistió.

 

MERCADO LABORAL ESPAÑOL

En España parece ser que hay un paro endémico del 10% que, en cierto modo ya ni se cuenta. Poco antes de la crisis y en los tiempos del “España va bien”, cuando se llegó a unas pocas décimas por debajo del 10% se consideraba que estábamos como en situación práctica de pleno empleo. En Alemania, o en la misma Italia, cuando llegaron al 4 o al 5% se aterraron. A qué se debe este paro endémico. ¿Es real? Y si lo es ¿a qué corresponde y cómo se podría evitar?

La rigidez y el grado de fraude del mercado laboral español son proverbiales. Aunque el salario mínimo sea bajo, si se aplica como el lecho de Procusto, igualmente a sectores productivos e improductivos (con alta o baja productividad), ello tiene que dar lugar forzosamente a paro y fraude.

Es bien sabido, por otra parte, que los empleos fijos son demasiado fijos y los eventuales demasiado eventuales. Una cosa es consecuencia de la otra. Si una empresa tiene un determinado número de empleos fijos, procurará contratar eventuales para que le sirvan de colchón en momentos de dificultades.

Tenemos también la proclividad de los jueces de lo social a dar la razón al trabajador y estipular altas indemnizaciones, lo cual aumenta la dificultad para ajustar plantilla. Si a ello añadimos los graves defectos de nuestro sistema educativo, que lanza al mercado gran número de graduados sin los conocimientos que el mercado requiere, empezamos a comprender la magnitud del problema. Todas estas rigideces contribuyen al nivel astronómico de paro que padecemos, aunque yo no tengo duda de que el grado de fraude (economía sumergida) es tan alto que el nivel real de paro es menor de lo que reflejan las estadísticas.

 

EL RETO CATALÁN

La situación política española está internamente marcada en estos momentos por el llamado reto soberanista o independentista catalán. ¿Hay alguna razón económica que en su opinión, propiciara el surgimiento del nacionalismo catalán hacia finales del siglo XIX?

Catalan_independence_protestHay varios factores económicos, desde luego. De un lado, la gran disparidad de renta y riqueza entre Cataluña y el resto de España, que contribuyó a que una parte de la población catalana adquiriera un complejo de superioridad y la sensación de que “España” era una rémora para la economía catalana. Algo parecido a lo que ocurrió en Italia hace unas décadas con la Lega Nord, que aglutinaba a muchos norteños que pensaban lo mismo: que el resto de Italia era un lastre para ellos. Esta disparidad de renta en España alcanzó el grado máximo a finales del XIX y principios del XX. Luego ha habido una cierta convergencia.

Por otra parte, hubo unos factores más coyunturales: la plaga de filoxera, que dañó a las vides en toda la vertiente mediterránea y en Cataluña dio lugar al problema de los rabassaires. Naturalmente, se culpaba al Estado de desinterés y se reclamaba una protección que siempre parecía poca. Estuvo también la pérdida de Cuba, que era un mercado cautivo para la producción española, especialmente la textil y la harinera. La pérdida de Cuba, más Filipinas y Puerto Rico, fue consecuencia de una derrota militar humillante, que afectó a la confianza que se tenía en España. Es interesante, sin embargo, que la economía española empezara a funcionar mejor tras el desastre: se repatriaron capitales, se crearon bancos potentes, el plan de estabilización de Villaverde tuvo un gran éxito, creció la inversión, la peseta se estabilizó y la economía se diversificó. Y aparecieron industrias potentes fuera de Cataluña.

 

En cierta ocasión, Gaziel les espetó a los políticos catalanistas, acaso aquejados de victimismo y de su mala suerte histórica, que una cosa era un jugador con mala suerte y otra un mal jugador. Los políticos catalanistas serían malos jugadores ¿Qué opinión le merece esta afirmación?

Yo creo que Gaziel tenía algo de razón. Siendo Cataluña la región más desarrollada de España, debía haber dado más políticos de talla nacional. Yo, así, a bote pronto, sólo puedo pensar en Juan Prim y Francesc Cambó, cuyas carreras en la escena española se malograron de manera casi accidental: Prim murió en un atentado, Cambó enfermó gravemente cuando estaba en la cúspide de su popularidad en 1930. Eso sí que es mala suerte histórica, para ellos y para España. Pero el caso es que no hay más, porque Figueras y Pi tienen poco relieve, aunque éste fuera un intelectual muy respetable.

“El político catalán de más talla hoy en día es el ministro del Interior francés”

Otras regiones mucho menos desarrolladas han producido muchos más políticos de relieve nacional. Para mí Figuerola es una figura de gran talla, aunque no llegara a ser presidente del gobierno. Yo creo, efectivamente, que esa tendencia de Cataluña de encerrarse en sí misma constituye una gran pérdida, para ella y para España en su conjunto. Yo casi diría que el político catalán de más talla hoy en día es el ministro del Interior francés.

 

En el estado actual del contencioso Cataluña/España ¿hay un sólo culpable o las culpas están más bien repartidas?

Las culpas están repartidas. Pero últimamente la de Cataluña es mayor, porque está llevando la iniciativa en una especie de orgía disparatada de nacionalismo exacerbado, ciego y sordo, que se está convirtiendo en el viaje a ningún sitio. Yo siempre he pensado que la Transición, que siempre se ha tenido por modélica, fue el típico apaño de políticos para salir del paso. Se fueron encontrando soluciones ad hoc para mantener la concordia, pero a la larga resultó que lo que se metió debajo de la alfombra eran minas anti-personal, que han ido estallando una detrás de otra, especialmente cuando el gran patoso, José Luis Rodríguez Zapatero, las fue pisando una a una creyendo que descubría el Mediterráneo. Aquí también tiene bastante responsabilidad Cataluña, porque su apoyo fue crucial para que Zapatero llegara al poder y para que se mantuviera en él. Pero, claro, hablar de Cataluña como un todo es impropio.

Fueron los nacionalistas catalanes los que apoyaron a Zapatero: en las elecciones de 2008 ERC casi desapareció; sus bases votaron al PSOE como un solo hombre. La última hornada de políticos españoles, tanto catalanes como no catalanes es, con las debidas salvedades, impresentable. Falta visión, falta la grandeza de los principios, de cumplir la palabra dada aunque eso pueda costar votos. No se piensa en el país: se piensa más bien en el partido, pero en el partido no como un medio para llevar a cabo un programa, sino como un trampolín, un escalón que le eleve a uno/a al poder. Gran responsabilidad les cabe a los que diseñaron la Transición, pero, claro, también a los votantes, que se dejan embaucar por los políticos una vez tras otra.

 

Jordi Pujol dijo en cierta ocasión que Cataluña era lo locomotora de España, pero no podía ser el maquinista. ¿Qué piensa de esta afirmación?

Ese es precisamente el problema. Da la impresión de que, para Pujol, Cataluña puede hacer fuerza, pero no asumir responsabilidades de gobierno. Como usted comprenderá estoy en total desacuerdo con esa afirmación. España necesita catalanes que vengan a Madrid al asalto (pacífico pero enérgico) del poder.

 

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