Inger Enkvist, catedrática de español en la Universidad de Lund, Suecia.

“No podemos permitir que la educación se convierta en politiqueo”

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Eva Serra e.serra@catalunyavanguardista.com

El pasado fin de semana la hispanista y ensayista sueca, Inger Enkvist ofreció una conferencia en el Fòrum de Debats de la ciudad de Vic, Barcelona, para explicar las claves comparativas de diferentes sistemas educativos en un ámbito internacional.

Experta en literatura hispánica, ha investigado sobre las obras de Mario Vargas Llosa, Juan Goytisolo y José Ortega y GassetEs miembro del Consejo académico de la Cátedra Mario Vargas Llosa, (Biblioteca virtual Miguel de Cervantes) y miembro de la Academia argentina de ciencias políticas y morales. Formó parte del Consejo sueco de educación superior.

Su trabajo en educación analiza las diferentes políticas educativas en varios países destilando los aspectos fundamentales que conducen al éxito o al fracaso. En español ha publicado, entre otros libros, La educación en peligro, Repensar la educación y La buena y la mala educación.

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Portada del libro "La buena y la mala educación"

Portada del libro “La buena y la mala educación”

En su conferencia  analiza diferencias entre la buena y la mala educación. ¿Qué es lo que distingue la una de la otra?

Para explicarlo me baso en cuatro factores: los alumnos, los padres, los profesores y el Estado. Para que la educación vaya bien es fundamental que estos cuatro agentes tengan un decidido interés en ello.

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¿Qué países lo ponen en práctica?

Tomo a Finlandia como ejemplo. Allí los estudiantes estudian. Los padres apoyan a la educación porque la consideran importante para sus hijos y su futuro. Los profesores se sienten a gusto y respetados y el Estado mantiene un nivel de exigencia adecuado.

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¿Qué otros aspectos intervienen en Finlandia como caso de éxito?

Hay dos fundamentales. El primero es que al finalizar la ESO finlandesa disponen de alternativas atractivas, entre ellas una Formación Profesional que atrae a casi la mitad de los alumnos. El segundo pasa por la calidad de los profesores, que ya se asegura durante la primaria. En Finlandia es muy difícil obtener una plaza de profesor, hay entre diez y quince solicitudes por cada una disponible, lo que significa que un alumno finlandés siempre encuentra buenos profesores durante toda su escolarización. Esto confiere dignidad, orden, estabilidad y seriedad al sistema educativo.

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¿Hay más ejemplos?

California ilustra muy bien la actitud del alumno y de la familia. Existe un sistema educativo gratuito y obligatorio. Con los mismos profesores algunos alumnos salen con muy buenos conocimientos y otros no; es decir, el mismo sistema produce resultados muy diferentes en función de la colaboración que se dé entre los alumnos y sus familias.

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Los padres asiáticos en California dedican mucho tiempo en buscar y encontrar una buena escuela, inclusive se mudan por esta razón

¿Qué sucede con los asiáticos?

He estudiado por qué les va enormemente bien a los alumnos asiáticos en California. Es muy singular el caso de Singapur. Lo común es el apoyo de la familia en la educación del hijo. Ilusión y respeto por la educación, no sólo orientado hacia el éxito económico del joven sino porque desean la cultura y la responsabilidad social para sus hijos. Los padres asiáticos en California dedican mucho tiempo a buscar y encontrar una buena escuela, inclusive se mudan por esta razón. También siguen los resultados académicos y acuden a las reuniones con los profesores y se interesan por saber qué les falta a sus hijos para obtener la mejor nota, la más alta. Es una actitud que traspasan a sus hijos. Todo confluye: escuela, profesor, padres y ambiente con otros alumnos que persiguen lo mismo.

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¿Buscan la excelencia?

Tanto los finlandeses como los países asiáticos están trabajando continuamente para mejorar sus sistemas educativos. Realizan estudios, invitan a gente, hacen congresos. En Japón, en la escuela obligatoria es frecuente encontrar sistemas de educación continua a manos de los profesores. Una hora o dos por semana preparan una clase de excelencia sobre un tema, por ejemplo, de matemáticas. La preparan minuciosamente en todos sus aspectos. Otros profesores observan y después se reúnen para analizarla y contrastarla en otra clase. Todos se involucran y todos mejoran.  Da buen resultado. En Japón con ese método tienen una mejora acumulativa de un 5% cada año.

Los chinos tienen otro modelo, la clase magistral. Observan con detalle cómo trabaja un profesor excelente. Lo graban en vídeo. Revisan y analizan con detalle cómo ordena los elementos, cómo se dirige a los alumnos. Lo ven casi como un arte. Lo fundamental es la idea de buscar la excelencia.

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En EEUU o Suecia hace cincuenta años la mentalidad era la misma que hoy muestran los asiáticos, gente seria que se tomaba en serio la educación

¿Cuestión cultural?

Si nos remitimos al ejemplo cultural, en EEUU o Suecia hace cincuenta años la mentalidad era la misma que hoy muestran los asiáticos, gente seria que se tomaba en serio la educación. En realidad así funcionaba en los países occidentales hasta que se introdujo la igualdad y el estado del bienestar. Sin esfuerzo del alumno se tiende a malear el sistema educativo en cualquier país.

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¿No funciona el modelo educativo amparado en la igualdad?

La voluntad de igualdad en los estados democráticos modernos conduce al error de pensar que es una buena opción, que es lo más justo. Quizá no sea exactamente así. Una cosa es ofrecer educación gratuita a todo el mundo y otra buscar lo que conviene para cada caso. La escuela actual exige demasiado a unos y demasiado poco a otros. No hemos sabido organizar esto de forma adecuada. Además, esto se combina también con una cierta relajación en cuestiones de orden y organización en el aula, consideradas como anticuadas e inútiles. Un trabajo ordenado es la base de un buen aprendizaje. Seguir un esquema, planificar, sistematizar, tener una meta, así se aprende y después se muestra en el orden mental de la persona. Esto es algo que no suelen mencionar los pedagogos aunque existan muchas evidencias.

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¿Hay estudios al respecto que lo avalen?

El  informe McKinsey 2 compara a los países que más han progresado en los últimos años. Identifica por niveles cómo han trabajado. Los de mayor éxito han adoptado la calidad antes que la cantidad. Para mejorar se debe dejar libres a los profesores porque son el motor de la educación. Singapur es ahora un país rico y bien organizado en educación. En países más pobres, como Perú, se dice a los profesores lo que deben hacer y esperan al final del año lectivo para conocer cuáles son los resultados. En función de los mismos, si son buenos se les permite trabajar como en Singapur y a los que no, se les controla.

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Alumnos en la Universidad de Helsinky / Wikipedia

Alumnos en la Universidad de Helsinki / Wikipedia

¿Qué aspectos conducen a la mala educación?

Hay países con un nivel de educación muy bajo. En los barrios difíciles, los alumnos aunque estén matriculados, no estudian. Los padres se despreocupan por diversos motivos. Los profesores tal vez hayan comenzado con ilusión pero la han ido perdiendo progresivamente y el Estado invierte en educación pero después no muestra interés en que realmente sea provechosa, algo curioso e incomprensible.

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Y se acaba criminalizando al profesor

Dirigir la decepción social hacia el profesor es, además de populista, un error

En el debate público actual se acostumbra a culpabilizar siempre a los profesores: no saben motivar, están mal preparados, son holgazanes… Dirigir la decepción social hacia el profesor es, además de populista, un error.

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¿Qué hay de los países de nuestro entorno?

En casi todos los países occidentales tenemos zonas abandonadas en el aspecto educativo. En los barrios difíciles de París todos los alumnos tienen la educación pagada pero después el Estado se despreocupa y deja a los profesores en una situación caótica puesto que no pueden ejercer bien su trabajo. Desde el punto de vista moral es lamentable. Desde la óptica ciudadana crea una situación muy tensa para el fututo. ¿Cómo permitimos esto? Lo cuestiono en plural porque todos tenemos responsabilidad en ello. Sabemos que es así y no tomamos medidas.

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¿Quién debe tomar la iniciativa?

La exigencia es asunto de los poderes públicos, del Estado. El estado del bienestar puede regalar a todos los ciudadanos una educación formulada bajo sumas de dinero y como muestra de buena voluntad, pero esto no funciona. Los profesores han acabado por adoptar un cierto cinismo ya que no se sienten respaldados. Algunos padres, ocupados por sus profesiones o sus vidas piensan que eso es un tema que corresponde a la escuela. Los cuatro factores tienen que tomar en serio a la educación y priorizarla. Creo que no hay nada más importante para una sociedad que educar bien a sus jóvenes.

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¿Cómo ve el fracaso educativo en España?

Los españoles de mayor edad se preguntan qué ha sucedido con la educación ya que antes funcionaba mejor. España invierte lo suficiente esperando que los resultados sean mejores pero después se produce la decepción.

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¿Dónde situaría el momento del inicio del declive educativo en España?

Atendiendo al estudio de José Manuel Lacasa podría situarse en la LOGSE, en el año 1991. Pero también está la sociedad del bienestar, una riqueza repentina acompañada de la idea de que no hay límites, que no es necesario esforzarse tanto, un cierto hedonismo, quizá una idea de huida del franquismo, de situaciones complicadas… Por fin todo iba a ser fácil, puede ser una ilusión.

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Pero revertir un modelo ya establecido no es sencillo. ¿Cómo darle la vuelta a un sistema educativo que lleva casi 25 años funcionando con las mismas inercias como la LOGSE?

Sería tarea de los intelectuales formular la nueva situación y proponer salidas aceptables para todos Eso es tarea de los intelectuales. Deben explicar a la opinión pública qué beneficia y que no. Se ha sembrado una sospecha contra la calidad y contra todo tipo de diferencia en la educación que no toma en cuenta la diferencia de capacidades, de esfuerzos y de apoyos. Lo generoso y lo bueno con los sistemas modernos de educación es ofrecer a todos la posibilidad pero a algunos alumnos  no les apetece por diferentes motivos. Sería tarea de los intelectuales formular la nueva situación y proponer salidas aceptables para todos. Ahora está en manos de políticos que solo ven lo que conviene a sus partidos. No podemos permitir que la educación se convierta en politiqueo.

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¿Qué se puede hacer ahora?

Es una receta desagradable que nadie quiere escuchar pero ciertamente deberían exigir al alumno cierto nivel de conocimientos para poder pasar de curso. Algunos informes al respecto indican que una de las cuestiones clave pasa por enfrentarse de una forma muy seria a las exigencias. El alumno se hace eco de aquello que los adultos sostienen con firmeza. De lo contrario no va a esforzarse pues sabe que no tendrá demasiadas consecuencias. Los españoles han vacilado respecto a esto.

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¿Tiene nuestra cultura parte de la explicación?

Algo de esto hay pero eso es muy difícil de agarrar. Es una cierta manera de hacer las cosas. La cultura, además, puede cambiar. En treinta o cuarenta años las culturas pueden ser otras o haber cambiado. Europa tiende a un acercamiento o tal vez a un cambio de roles en cuanto a valores culturales.

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Europa ha invertido mucho en titulaciones universitarias

Hay demasiados licenciados pero no necesariamente con una preparación de calidad. Tal vez fuera mejor tener menos aunque mejor preparados. En un trabajo sobre la actual sociedad francesa los autores sostienen que hay dos grupos desequilibrados y peligrosos: los que tienen educación pero no pueden ejercer una profesión al nivel de sus expectativas y los que no han terminado su educación básica y no encajan en ninguna parte. Pueden ser agresivos por motivos de frustración evidentes.

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¿Qué novedades circulan ahora por Europa respecto al sector educativo?

La próxima semana acudo a una reunión en Ginebra donde voy a ver una novedad que me parece peligrosa o cuando menos inútil. Se trata de discutir un nuevo concepto bautizado como “justiciabilidad”, y que responde a la idea de que las familias puedan demandar al Estado si éste no les garantiza el derecho a la educación de sus hijos. Algo que no acaba de gustarme demasiado ya que considero que la educación responde a un grado de confianza entre profesor y alumno. Empezar a pleitear por ello es un terreno peligroso que no puede terminar bien. La educación no puede terminar en un juzgado.

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