Estados Unidos declaraba la guerra a Japón

El presidente Franklin D. Roosevelt dirigiéndose Congreso de los Estados Unidos el 8 de diciembre de 1941. Detrás de él sentados están el Vicepresidente Henry A. Wallace (izquierda) y el Speaker Sam Rayburn. A la derecha en uniforme James Roosevelt, hijo del presidente. / Wikimedia

Tal día como hoy… 8 de diciembre de 1941 el Congreso de los Estados Unidos declaraba la guerra a Japón

 

El 8 de diciembre de 1941 el Congreso de los Estados Unidos, reunido en sesión extraordinaria y a petición del presidente del país, Franklin Delano Roosevelt, declaraba oficialmente la guerra al Imperio Japonés. El día anterior, se había producido el ataque japonés a Pearl Harbor, una  base militar norteamericana en las islas Hawai, en el océano Pacífico.

 

CV / Europa llevaba en guerra algo más de dos años, desde septiembre de 1939, y todavía por entonces Alemania llevaba las de ganar. Hitler había fracasado en la batalla de Inglaterra y en aquellos mismos momentos estaba librando la fase final de la batalla de Moscú, que iba a perder, pero seguía controlando la práctica totalidad del continente europeo y la formidable capacidad operativa de su ejército seguía manteniéndose todavía intacta.

Desde el comienzo de la guerra, y tras unos inicios titubeantes, los Estados Unidos tomaron partido por Gran Bretaña, muy especialmente a partir de 1940

Desde el comienzo de la guerra, y tras unos inicios titubeantes, los Estados Unidos tomaron partido por Gran Bretaña, muy especialmente a partir de 1940, después de que Hitler se hiciera con toda Europa y dejara fuera de combate a Francia. Gran Bretaña se había quedado sola en Europa. Mantenía su fuerza naval y sus colonias intactas, pero hay más o menos acuerdo en que de no haber sido por los suministros norteamericanos, hubiera tenido que llegar a algún acuerdo con Alemania.

A los EEUU no les interesaba de ningún modo una Europa controlada por Alemania, de modo que empezaron a enviar suministros militares y de todo tipo a los británicos. Y Gran Bretaña ganó la batalla de Inglaterra gracias a estos suministros –los aéreos fueron fundamentales-, alejando momentáneamente el peligro de una invasión. Pero si Hitler conseguía liquidar a la URSS, la balanza podía desequilibrarse definitivamente a favor de Alemania. En este contexto, muchos pensaban era solo cuestión de tiempo que los EEUU acabaran inmiscuyéndose directamente en el conflicto europeo.

Franklin D. Roosevelt firmando la declaración de guerra a Japón. / Wikimedia

Alemania, por su parte, era amiga del Japón, y era sin duda la gran potencia de oriente. Había participado en la I Guerra Mundial al lado de los aliados, haciéndose con las colonias alemanas del Pacífico, básicamente los archipiélagos de las Carolinas, las Marianas y las Palaos, que a su vez Alemania había adquirido de España en 1898. Económicamente eran irrelevantes, pero tenían una gran importancia estratégica. Los japoneses habían practicado una política imperialista extremadamente agresiva en Corea y China, entrando en conflicto con los intereses de los EEUU, para los cuales cualquier amenaza sobre las Filipinas era casus belli. Además, Japón carecía de materias primas, y estaba claro que les había echado el ojo a las colonias holandesas, ricas en caucho y petróleo.

Como respuesta a la agresividad japonesa en China, el presidente norteamericano Roosevelt había ordenado el bloqueo del Japón. Esto dejaba a los nipones con una autonomía energética de apenas 40 días. Si Japón no quería quedarse con sus barcos de guerra atracados por falta de combustible, o bien acataba el ultimátum y abandonaba Manchuria, o tenía que hacer algo antes de lo previsto. Y lo hizo, atacó Pearl Harbor.

Se ha insinuado que los servicios de información norteamericanos estaban más o menos al corriente del ataque, y que no hicieron nada para evitarlo, con la intención de disponer de un pretexto para entrar en la guerra. Lo cierto es que los mejores buques de la flota del Pacífico estaban «casualmente» de maniobras cuando se produjo el ataque, y que la mayoría de barcos destruidos o dañados por los pilotos japoneses no eran precisamente los más modernos. Sea como fuere, lo cierto es que el ataque dejó a los EEUU con una operatividad muy limitada en los primeros momentos de la guerra.

Fotografía de Pearl Harbor tomada desde un avión japonés al comienzo del ataque. Se ve la explosión de un torpedo en el Oklahoma. / Wikimedia

También es verdad que los EEUU priorizaron el esfuerzo bélico inicial en Europa y África para contrarrestar a Alemania, el rival más poderoso. Ahora bien, a la declaración de guerra de los EEUU al Japón, le siguió la declaración de guerra de Alemania a los EEUU. ¿Se precipitó Hitler? ¿O pensaba que, ocupados en el Pacífico con los japoneses, los EEUU no podrían apenas incidir en Europa, pero podría torpedear con sus submarinos los barcos de suministros? ¿Hubieran declarado los norteamericanos igualmente la guerra a Alemania? Muy probablemente, pero quizás unas semanas después.

A la declaración de guerra de los EEUU al Japón, le siguió la declaración de guerra de Alemania a los EEUU

Militarmente hablando, la alianza entre Alemania y Japón consistía solo en combatir al mismo enemigo, ya que su lejanía imposibilitaba cualquier tipo de acción coordinada conjunta. Por pate de los japoneses, algunos de sus más brillantes jefes militares tenían claro que no iban a poder con la maquinaria industrial norteamericana puesta al servicio de la guerra. El jefe del estado mayor japonés, el almirante Yamamoto, les había dicho a los militares más belicistas cuando el emperador aceptó el ataque a Pearl Harbor: “Os prometo seis meses de victorias”. Fue profético.

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