Estudiar poco, ¿la raíz de problema?

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En mis primeras clases de naturales en la ESO me suspendía el treinta por ciento de mis alumnos, todo un descalabro. Por más prácticas que diseñaba, por más ejercicios que pusiera, o por más pedagogías que aplicara, la estadística rondaba ese dichoso treinta por ciento inicial. Ese fue mi primer curso y mi primer fracaso. El problema, ¿Cuál era? Pues que apenas estudiaban en casa, ¿la solución? Que estudiaran en clase.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista @DAVIDRABADA

Para ello reduje algunas unidades del curso, les enseñé a confeccionar unos buenos apuntes y les dejaba estudiar unos cinco minutos al inicio de cada sesión. Luego les preguntaba y anotaba con positivos, negativos o aproximados quienes sabían, no sabían o sabían algo. Simplemente con ello, el fracaso escolar en mi materia se redujo abismalmente. Del treinta inicial se pasó de un diez a un cinco por ciento.

Pasaron los años y un día me enteré que esto ya estaba inventado. En cierta forma lo había aplicado la pedagogía de la exigencia de Jérémie Fontanieu. Este profesor también ponía sus alumnos a estudiar. Con ello se logran tres objetivos. Primero, que los escolares se acostumbren a concentrarse; segundo, a memorizar los contenidos como algo natural; y tercero, que sientan placer al ver sus resultados positivos. En fin que sean competentes sin competencias.

 

¿Competencias incompetentes?

La educación por competencias se está implantando por algunos países y regiones. A algunos docentes les da grima pero los expertos afirman que va a ser la revolución en el sistema escolar mundial. Esta pedagogía, y a grandes rasgos, defiende la supresión de las especialidades a cambio de evaluaciones transversales en habilidades. En ello, y originalmente, jamás se propuso rebajar la exigencia de conocimientos. Pero en los seminarios que asisto sobre la educación por competencias se prima el aprender como aprender en detrimento del saber conocimientos contrastados. O dicho de otra manera, es más importante que los escolares aprendan habilidades técnicas más que conocimientos fundamentales de cada materia. Mejor saber cómo hacer algo y no tanto saber su por qué.

La pedagogía por competencias, contraria a su definición pionera, da al traste con las especialidades docentes y deja a los maestros como guías de habilidades

De esta interpretación de la pedagogía por competencias, contraria a su definición pionera, da al traste con las especialidades docentes y deja a los maestros como guías de habilidades, algo que repite otras pedagogías teóricas de hace décadas. Se argumenta que para saber ya hay Internet en donde hallar toda la información. Por desgracia esta puede devenir falaz si no es contrastada bajo criterios doctos. Y convendremos que no son mejores las informaciones a contrastar que los conocimientos a dominar.

Pero esta educación por competencias cada día convence a más expertos creando mano de obra flexible para las empresas de la OCDE. A muchos profesores les da la impresión que van a volver a rebajar los contenidos y el nivel de exigencia, algo que conllevará gente con cultura mínima y poco doctos. En fin, parece como si se repitiera la historia. En el Londres de 1807 los ilustrados querían una educación a cargo del Estado y para todas las masas obreras. En aquel momento el presidente de la Royal Society escribió lo siguiente.

<< El proyecto de dar una educación básica a las clases trabajadoras […] les hará insolentes ante sus superiores; en pocos años el resultado será que el Gobierno tendrá que utilizar la fuerza contra ellos >>

Hay gente que dice que la educación por competencias busca que no haya insolentes críticos sino trabajadores básicos sin contenidos elevados, ¿y si ello fuera un error? El primer Estado en darse cuenta de ello fue Prusia al implantar una enseñanza obligatoria de calidad. Con ello logró un país de buenos profesionales, progreso empresarial y un Estado que unificó Alemania. En fin, que una enseñanza de calidad es la mejor inversión de un Estado para todos, pero hoy en día, y con esta versión de las competencias, muchos ven un país de malos profesionales, crisis empresarial y un Estado sin avances. A estos docentes críticos les llaman nostálgicos del BUP de los ochenta, pero estos ven a los otros como nostálgicos de la pedagogía republicana de los treinta, ¿quién llevará la razón?

Hay gente que dice que la educación por competencias busca que no haya insolentes críticos sino trabajadores básicos sin contenidos elevados

La educación por competencias, y sin especialidades a evaluar, trae consigo otra gran novedad, la detonación de las notas numéricas. En Cataluña, por ejemplo, empezó a aplicarse en primaria durante el curso 2016 – 2017. Meritxell Ruiz, por aquel entonces consejera de enseñanza de la Generalitat de Catalunya, afirmó que España educaba con un modelo del siglo XIX mientras que Cataluña ya lo hacía con uno del XXI, el de competencias. Así lo afirmó por televisión en marzo de 2017. Luego en 2019 la Consejería de Educación impuso la evaluación por competencias como innovación en todos los centros, pero ésta ya había sido propuesta por la UNESCO en 1973, y por tanto nada de siglo XXI. Aun así aquel modelo fue implantado como innovador y comenzó a eliminar en Cataluña las asignaturas.

Luego la LOMLOE española propuso lo mismo en el 2020. Sin materias para evaluar, los boletines de notas ofrecerían informes muy complejos: hojas y más hojas con tablas llenas de frases. Muchos padres, sin ver las asignaturas de siempre, no entenderían el corolario de tecnicismos marcados con cruces en las cientos de casillas de aquellas mallas. Al final muchos progenitores no sabrían si su lechón iba bien, regular o muy mal. Pero en abril de ese 2017, y nuevamente por televisión, la consejera afirmó que gracias a ese sistema, y en Cataluña, se había reducido abismalmente el fracaso escolar. Sin notas, sin materias, y sin apenas repetición en Primaria, pocos sabían si un alumno iba bien en mates, lengua o tecnología. Resultó obvio que en aquella etapa ya no existía nada, ni el fracaso escolar. Pero, ¿y en secundaria? Veamos qué ocurrió.

Este artículo forma parte de una serie titulada “Fracaso escolar o fracaso político“, a cargo de nuestro colaborador, David Rabadà.

Entrega anterior: La ciencia de la pedagogía o la pedagogía de la ciencia (12)

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