Las consecuencias derivadas de las caídas en personas mayores a menudo generan situaciones de dependencia. / UPV/EHU

La recuperación de los ancianos tras una fractura depende de su situación física y social

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Las caídas sufridas por las personas mayores y las consecuencias derivadas de las mismas constituyen un gran problema de salud pública, por su creciente frecuencia y su capacidad de generar  dependencia. Según un estudio presentado en el Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la UPV/EHU, es posible identificar en el momento mismo de la ocurrencia de la caída a aquellas personas que tienen elevado riesgo de presentar una mala recuperación funcional.

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El impacto es mayor en sujetos de mayor edad, con más enfermedades asociadas, con menor nivel de educación, y menor red de apoyo social

UPV/EHU – Con el objetivo de evaluar el impacto que tienen las fracturas de cadera y de muñeca en las personas mayores, investigadores de la Red de Investigación en Servicios de Salud en Enfermedades Crónicas (REDISSEC-ISCIII) han llevado a cabo un estudio prospectivo. “Observábamos que las consecuencias de una fractura de este tipo no eran las mismas en todas las personas, y tratamos de ver si existía algún tipo de perfil de personas que tenían mayor probabilidad de evolucionar mal”, explica Itziar Vergara, investigadora de esta red de investigación, y que ha defendido su tesis doctoral sobre este tema en la UPV/EHU.

La afectación en la capacidad funcional tras una fractura viene determinada por factores de índole variada. Según han observado en el estudio, en el caso de las fracturas de cadera y muñeca, el impacto es mayor en sujetos de mayor edad, con más enfermedades asociadas, con menor nivel de educación, y menor red de apoyo social. Un dato llamativo del estudio ha sido que la recuperación funcional “no se relaciona ni con las características de la fractura, ni con el tratamiento proporcionado. La interpretación que hacemos nosotros de estos resultados es que en nuestro entorno, en el País Vasco, en concreto en el sistema público de salud, Osakidetza, que es de donde hemos obtenido la información, el grado de capacidad profesional y tecnológica, del sistema sanitario para atender y tratar a un sujeto fracturado es tan alto, que son capaces de igualar el resultado final, independientemente de lo complicada que sea la situación de la fractura—añade—. Considerando esto, lo que realmente acaba influyendo en que una persona acabe generando una dependencia después de una fractura sea el punto de partida en el que se encontraba esta persona en el momento que se fracturó”, declara Vergara.

Itziar Vergara, investigadora de esta red de investigación / UPV/EHU

Itziar Vergara, investigadora de esta red de investigación / UPV/EHU

La clave, identificar a los ancianos frágiles

En un ejercicio de valorar todas las fracturas estudiadas como una única entidad por la importancia que tienen desde la perspectiva de salud pública, “vimos que el patrón de sujeto que se cae y luego se recupera mal corresponde, en su mayoría, a lo que se denomina en los últimos años a un anciano frágil”, comenta Vergara. Son personas mayores que, aunque siguen siendo autónomas en su vida diaria, están muy debilitadas, tienen mala calidad de vida relacionada con la salud, con varias patologías crónicas y elevado consumo de fármacos, y, una red de apoyo social limitada.

Vergara considera muy importante incluir esta clasificación en la valoración inicial de los servicios de asistencia sanitaria

Vergara considera muy importante incluir esta clasificación en la valoración inicial de los servicios de asistencia sanitaria: “A pesar de las valoraciones complejas que puedan hacerse actualmente, no llegamos a clasificar a los mayores fracturados como frágiles o robustos, y sí merece la pena poner atención a esa etiqueta de anciano frágil, porque realmente sabemos que es una persona que va a ir a peor, y en  la que merece la pena dar una respuesta integral a sus necesidades”.

De esta forma, “se trataría de buscar cuáles son los elementos clave que están haciendo que esa persona sea frágil, para tratar de superarlos, de ponerles remedio, para intentar que su recuperación sea lo más exitosa posible”, añade la investigadora. “El personal de enfermería, médico o geriátrico está totalmente capacitado para hacer esta valoración. No hace falta mayor cantidad de recursos, solo hay que poner el foco en cosas que son importantes para las personas mayores”, concluye.

Este proyecto de investigación se ha desarrollado desde la red de investigación colaborativa REDISSEC-ISCIII, y se ha realizado en Osakidetza y en el Instituto de Investigación Sanitaria Biodonostia. Esos son los tres pilares en los que se asienta la tesis doctoral de Itziar Vergara Mitxeltorena (Irún, 1968), titulada ‘Las caídas fortuitas que causan fracturas en las personas mayores: evaluación de su impacto en la funcionalidad’, y dirigida por José María Quintana, jefe de la Unidad de Investigación del Hospital Galdakao-Usansolo, Osakidetza.

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Referencia bibliográfica:

Vergara I., Vrotsou K., Orive M., García S., González N., Las Hayas C., Quintana JM. ‘Wrist fractures and their impact in daily living functionality on elderly people: a prospective cohort study’. BMC Geriatrics (2016) 16:11

http://bmcgeriatr.biomedcentral.com/articles/10.1186/s12877-015-0176-z

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