Ethel y Julius Rosemberg

Que los Rosemberg habían estado implicados en actividades de espionaje se da hoy por cierto, pero de poca monta

Tal día como hoy… 5 de abril de 1951, condenaban al matrimonio Rosemberg

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El 5 de abril de 1951, el juez Irving Kaufman condenaba a muerte a Ethel y Julius Rosemberg, un matrimonio norteamericano de origen judío, bajo la acusación de espionaje, por haber pasado supuestos secretos nucleares a la Unión Soviética. La ejecución se llevó a cabo dos años más tarde, el 19 de junio de 1953. Fueron los primeros civiles americanos ejecutados por espionaje.

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CV / Julius Rosemberg (1918-1953) era ingeniero eléctrico, Ethel (1915-1953) secretaria administrativa; ambos eran de ideología comunista. Hoy hay pruebas fehacientes de que el juicio a los Rosemberg fue una farsa orquestada en la que les correspondió el papel de chivos expiatorios.

Hoy hay pruebas fehacientes de que el juicio a los Rosemberg fue una farsa orquestada en la que les correspondió el papel de chivos expiatorios

Cuando la URSS detonó su primera bomba atómica en 1949, los Estados Unidos entraron en estado de shock. Sus servicios de inteligencia consideraban que estaban aún muy atrasados en tecnología nuclear, y que no iban a conseguir la bomba en unos cuantos algunos años. Por cierto que algo parecido debía pensar el por entonces autoproclamado «Centinela de Occidente» y «Luz de Trento», el dictador español Francisco Franco, que aseguró sin el menor empacho que no era una bomba atómica, porque los rojos no eran capaces de fabricarla –no olvidemos que la psiquiatría franquista consideraba a los rojos tarados psíquicos- sino un montaje con unas cuantas toneladas de dinamita que, en kilotones, producían el mismo efecto. Sin llegar tan lejos, el gobierno norteamericano recurrió al enemigo interior que, obviamente, tenía que haberles pasado el secreto a los soviéticos.

La trama que llevó a la silla eléctrica a los Rosemberg se había iniciado algún tiempo antes. Los Estados Unidos se habían involucrado en la Guerra de Corea y la fiebre anticomunista empezaba a convertirse en una paranoia colectiva. Con los soviéticos en posesión de la bomba atómica, se restablecía un equilibrio estratégico que para muchos resultó frustrante. Y alguien lo tenía que pagar.

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Desde Albert Einstein hasta el Papa Pío XII

Igor Gouzenko era un criptógrafo destinado en la embajada soviética en Canadá, que un buen día decidió desertar y vender sus servicios al enemigo. Sus delaciones llevaron a la detención de dos físicos nucleares, Allan Nunn May y Klauss Fuchs; este último, un destacado físico teórico alemán de origen judío que había trabajado en primera línea del Proyecto Manhatan en Los Álamos. Ambos confesaron haber pasado información a la URSS. Nunn fue condenado a diez años de prisión; Fuchs a catorce, de los cuales cumplió nueve, tras los cuales emigró a la RDA, donde fue tratado como un héroe.

Las pesquisas del FBI llevaron de Fuchs a un químico llamado Harry Gold, que confesó también y delató a su correo, un subalterno del ejército que había trabajado en Los Álamos entre 1944 y 1945, David Greenglass, cuya esposa Ruth fue detenida también. A cambio de  rebajas en la condena, Greenglass implicó a su hermana y a su cuñado, es decir, a Ethel y a Julius Rosemberg, que fueron también detenidos, así como un ingeniero amigo de Julius, Morton Sobell.

Años después, ya en libertad, David Greenglass afirmó que había implicado falsamente a su hermana y a su cuñado, y que no recordaba exactamente por qué lo había hecho

David y Ruth Greenglass declararon que fue Julius Rosemberg quien les había reclutado, que Ethel transcribía las notas y que él mismo les había pasado un bosquejo de la sección transversal de una bomba atómica, que ellos habían facilitado al vicecónsul soviético en Nueva York.

Años más tarde se supo que se trataba de información repleta de errores, prácticamente inservible, y que las filtraciones verdaderamente relevantes eran las que había facilitado Klauss Fuchs. Pero los Rosemberg se negaron a delatar a nadie y se acogieron a la Quinta Enmienda para no inculparse a sí mismos. A diferencia del resto, se negaron a confesar. Y fueron también los únicos condenados a muerte.

Durante dos años se sucedieron las apelaciones judiciales y las peticiones de conmutación de la pena de muerte, intercediendo un amplio abanico de notorios personajes, que va desde Albert Einstein hasta el Papa Pío XII. Todo en vano. El senador McCarthy y el director del FBI Edgar Hoover, dos anticomunistas fanáticos y alcoholizados, se habían hecho dueños de la situación y empezaba en los EEUU la época de la caza de brujas…

Años después, ya en libertad, David Greenglass afirmó que había implicado falsamente a su hermana y a su cuñado, y que no recordaba exactamente por qué lo había hecho. Que los Rosemberg habían estado implicados en actividades de espionaje se da hoy por cierto, pero de poca monta. Los dos hijos huérfanos que dejaron fueron acogidos por el abogado defensor Emanuel Bloch, y adoptados posteriormente por un matrimonio canadiense. Siempre han reivindicado la memoria de sus padres.

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También un 5 de abril se cumplen estas otras efemérides

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