Evolución humana y evolución cerebral

Algunos expertos desean relacionar el aumento de masa cerebral de nuestros ancestros con una adaptación al anterior contexto climático / Pixabay

La encefalización humana, ¿concepto o artilugio? (entrega 11)

Durante nuestra evolución el cerebro ha ampliado estructuras en detrimento de otras. De esta manera hemos tendido hacia humanos más racionales y menos emocionales. De todas formas, aunque les pese a muchos, todavía arrastramos más instinto que raciocinio.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista  @DAVIDRABADA

Todo ello lo desvelan nuestras distintas partes cerebrales. Si las comparamos con nuestros parientes antropomorfos nos damos cuenta que nuestro neocórtex, cerebelo, diencéfalo, cuerpo estriado, septo y amígdala se expandieron en detrimento del bulbo olfativo y del complejo R. Para los mundanos ello significó perder olfato y agresividad para potenciar la lógica, la antelación de las acciones, la cohesión social, los nexos familiares y el placer sexual. En definitiva, el sexo y la planificación inundaron nuestra evolución encefálica, algo básico en nuestro éxito reproductivo.

A mayor programación menores riesgos de perecer, y a mayor placer genital mayores tasas de fecundidad. Es decir, nuestra evolución nos abocó no a la lucha, sino a todo lo contrario, al amor y al sexo. Desgraciadamente nuestro instinto, mayor que el raciocinio, todavía nos arroja a las pugnas endémicas, a las defensas territoriales y a las guerras nacionales. Con un Trump muy tramposo y un Putin nada puritano hemos tenido grandes ejemplos de ello.

Desgraciadamente nuestro instinto, mayor que el raciocinio, todavía nos arroja a las pugnas endémicas, a las defensas territoriales y a las guerras nacionales

Ante todo lo anterior cabe ahora preguntarse cuándo evolucionaron los primeros simios encefalizados. Para muchos expertos todo ello empezó con el género Homo hace unos 2,9 millones de años. Algunos autores proponen que a partir de ese momento ocurrió algo en el planeta que impulsó un nuevo cambio entre nuestros antepasados. Se argumenta que el cambio de inclinación en el eje terrestre y la proliferación de glaciaciones en latitudes elevadas condujo a la expansión de la sabana africana y a la encefalización humana. Esta hipótesis, y sin la cadena de causas y efectos bien establecida, está claramente cogida por los pelos. Aun así algunos expertos desean relacionar el aumento de masa cerebral de nuestros ancestros con una adaptación al anterior contexto climático de hace 2,9 millones de años. Y hay una pregunta clave en ello, ¿estaban ya encefalizados estos simios?

 

Los ancestros de Homo

El Homo más antiguo encontrado fue en África oriental, en la región  de Afar en Etiopía. En la localidad de Ledi-Geraru, y atribuida a un medio de pastizales y humedales, se halló un fragmento de mandíbula catalogada como LD-350-1. Sus molares pequeños y delgados, premolares simétricos y una mandíbula de proporciones uniformes disentían con los australopitecinos y parantropos del momento. Su edad rondaba los 2,8 millones de años según un artículo en Science de Villmoare y otros autores en 2015. Pero sin cráneo ni otros datos postcraneales se hacía imposible computar su índice de encefalización, es decir, sin capacidad encefálica ni peso corporal estimado no podíamos saber si este primer supuesto Homo ya formaba parte del salto a simios encefalizados.

Señora Ples, una hembra de Australopithecus africanus / Wikimedia – José BragaDidier Descouens

Hoy en día muchos expertos argumentan que este ejemplar sólo ostentaba una encefalización similar a la de australopithecus y otros bípedos colindantes. Pero la necesidad de explicar la gran cabeza de los sapiens actuales a través de unos orígenes tan parcos forzó la imaginación científica y la búsqueda del género Homo más allá de los 2,5 millones de años. Así cabe comprender dónde y cómo se definió Homo para ampliar nuestra perspectiva al respecto.

Con esos escasos restos, algunos vieron rasgos intermedios entre los ancestrales Australopithecus y el Homo actual, es decir, vieron gradualismo

En 1961 Leakey, Tobias y Napier propusieron la especie Homo habilis en base a unas falanges, molares y restos de pie asociados a cantos tallados para corte. En ellos no existía ni cráneo ni paratipo taxonómico bien descrito. Aun así, y con esos escasos restos, vieron rasgos intermedios entre los ancestrales Australopithecus y el Homo actual, es decir, vieron gradualismo. Por ello interpretaron que aquellas falanges fueron las artífices de las herramientas halladas, algo que ya escondía un prejuicio, que sólo Homo podía elaborar líticos.

Además cabe indicar que aquella visión gradualista respondía a otro prejuicio, al del falaz eslabón perdido (ver el capítulo: La falsedad de los árboles evolutivos). De todos modos, y con la falta de mayor información, aquellos autores publicaron su Homo habilis como el primer hacedor de cantos cortantes hace unos 2,5 millones de años. Hoy sabemos que existen industrias líticas con más de 3,3 millones de años. Y no es que Leakey, Tobias y Napier fueran unos estúpidos zanjados en sus prejuicios, ni mucho menos, simplemente trabajaron con lo que tenían a mano. Y en caso que alguien piense lo contrario que espere a ser juzgado por la ciencia en los próximos cincuenta años.

 

Habilis, un rompecabezas de opiniones y controversias

De todas formas, y en aquel entonces, muchos científicos ya criticaron la veracidad de Homo habilis con tan pocos restos. Durante la década de los sesenta se dijo que habilis estaba mal definido, prematuramente interpretado y hasta que los católicos buscaban un Homo muy antiguo producto de la creación. Finalmente en 1969 se halló un cráneo de habilis, el ejemplar catalogado como OH24. Los Leakey lo publicaron en 1971 otorgándole una capacidad craneal de 600 c.c. Muchos lo vieron dentro de la variabilidad de australopithecus sin asignación a Homo alguna.

Durante la década de los ochenta habilis parecía un rompecabezas de ejemplares muy distintos con opiniones el doble de diversas

En 1973 el cráneo KNM-ER1470 de 770 c.c. adscrito a Homo habilis, pasaría a llamarse Homo rudolfensis. Durante la década de los ochenta habilis parecía un rompecabezas de ejemplares muy distintos con opiniones el doble de diversas. En fin que nadie se ponía de acuerdo en si habilis fue el primer Homo encefalizado o si devino un simple simio bípedo de cabeza modesta. En ello, y en 1987, Donald Johanson analizó unos restos de habilis, los OH62, para describir un simio de brazos largos y de bipedismo arborícola.

En 1991 y 1992 diferentes autores revisaron los distintos restos asignados a Homo habilis y concluyeron que no pertenecían al género Homo. Ante tantos ataques los principales defensores de su Homo habilis, los Leakey, dijeron que la variabilidad excesiva de todos aquellos restos pertenecía a dos grupos distintos, unos eran Australopithecus (OH13 y OH24), y otros eran genuinamente Homo habilis (OH7 y OH16), aunque para White, Tobias y otros se trataba en conjunto de un simio con un acusado dimorfismo sexual.

Habilis no parecía pertenecer a Homo pero sí englobaba a algunos bípedos del momento

En 1999 Wood revisó de nuevo todos los ejemplares y llegó a la conclusión que pertenecían a dos tipos de simios distintos y externos a Homo. Así lo publicó en Journal of Human Evolution donde los antiguamente asignados a habilis entraban dentro de la variabilidad de los australopitecinos y los rudolfensis a otro género nuevo. Así propuso que los primeros fueran llamados Australopithecus habilis y los segundos a determinar.

En una reconstrucción de 2015 se observaba claramente un cráneo redondeado tipo Homo pero con una mandíbula robusta de Australopithecus

En el 2000 Miller publicó en el AJPA que habilis y rudolfensis presentaban una variabilidad equivalente a la del Homo sapiens actual y que por tanto habilis y rudolfensis eran la misma especie. Entre el 2001 y el 2002 distintos autores postularon que los habilis clásicos pertenecían a Australopithecus y los rudolfensis a Kenyanthropus. En agosto de 2007 la revista Nature publicó como Homo habilis un cráneo de 1,44 millones de años. Y finalmente en 2015 apareció en Nature una reconstrucción digital de los restos de habilis hallados en 1964. En esta reconstrucción se observaba claramente un cráneo redondeado tipo Homo pero con una mandíbula robusta de Australopithecus.

En resumen habilis no parecía pertenecer a Homo pero sí englobaba a algunos bípedos del momento. Ahora sólo cabía analizar si estos habilis fueron los primeros encefalizados de nuestra evolución. Como veremos muchos se rasgaron las vestiduras y muy pocos atendieron a los datos.

Este artículo es la continuación de una serie titulada “Prejuicios y Evolución Humana“, a cargo de nuestro colaborador científico, David Rabadà.

Entregas anteriores:

Prejuicios y evolución humana (1)

Parientes fósiles humanos ¿pocos o demasiados? (2)

El concepto de homínido, ¿realidad o prejuicio? (3)

La falsedad de los árboles evolutivos (4)

La evolución, mitos y prejuicios (5)

El Darwinismo, lucha y prejuicios (6)

El bipedismo humano ¿ancestral o novedad evolutiva? (7)

El bipedismo humano ¿causas o quimeras? (8)

El primer humano en marchar derecho, ¿quién y cuándo? (9)

Las primeras herramientas, ¿antes o después de la encefalización? (10)

La encefalización humana, ¿concepto o artilugio? (11)

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