Excálibur, la próxima víctima

Las autoridades sanitarias de la Comunidad de Madrid muestran “sus medidas”

Más de 300.000 personas han firmado la petición “No lo matéis

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Eva Serra_1_editedEva Serra e.serra@catalunyavanguardista.cm

Una de las mayores perversiones del poder, tan comunes como lamentables consiste en ridiculizar a quienes ejercen el respeto a los animales. A menudo son pasto de las críticas e incluso de risas de quienes se consideran con la superioridad intelectual de quien ha olvidado uno de los mayores atributos del ser humano: su capacidad para convivir, cuidar y respetar la bondad animal. Sucede como en tantos otros aspectos de la humanidad y antropológicamente es una constante de las sociedades más empobrecidas cultural y humanamente a lo largo de la historia.

Esta mañana, un grupo de activistas defensores de los derechos de los animales se ha plantado frente al domicilio de Teresa y Javier, ambos ausentes por encontrarse hospitalizados tras lo que a muchos nos parece una negligencia en el protocolo contra un virus del que ya hace mucho tiempo sabemos que es devastador. Excálibur, su perro y parte esencial en la vida de esta pareja en grave peligro, es la próxima víctima de esta incompetencia que ha merecido ser portada de los principales rotativos de la prensa internacional. Otro motivo más para no sentirse precisamente orgullosos de ser españoles.

Las autoridades sanitarias de la Comunidad de Madrid parecen haberse precipitado en la decisión de sacrificar a Excálibur mientras que la auxiliar de enfermería contagiada tuvo que solicitar repetidamente durante seis días que le practicaran la prueba sobre el contagio. Ahora, al parecer, han decidido actuar rápido para matar al perro, pensando tal vez en el viejo refranero de “muerto el perro se acabó la rabia”. Pero la realidad parece que no cumple con tal máxima. Algunos científicos, poco sospechosos de ser activistas, han incluso precisado que eliminar a Excálibur puede ser un error al no permitir que se investigue su proceso, en el caso de que este can haya contraído cualquier tipo de contagio.

La rabia, en el caso de muchos, se apodera de nosotros cuando en vez de encontrar decisiones competentes nos hallamos justamente con un poder que no ha sabido gestionar un grave problema de salud pública y que ahora pretende sanear su conciencia con la eliminación de un animal. De poco o nada parece haber servido el mensaje de clemencia que una de las víctimas de este lamentable poder, Javier, dueño del perro y marido de la auxiliar contagiada, ha lanzado en unos momentos donde cabría esperar la responsabilidad y el decoro emocional que este hombre suplica tras ver su vida gravemente en riesgo por un problema de protocolo.

Nadie está pidiendo que Excálibur campe a sus anchas por Madrid

Nadie está pidiendo que Excálibur campe a sus anchas por Madrid. El sentido común que se aplica a esta petición que en estos momentos hemos firmado más de  300.000 personas es el de aislar al perro y ponerlo en cuarentena como a cualquier ser humano susceptible de haberse contagiado, además de tener la posibilidad científica de analizar su estado y evolución. Eso no representaría ninguna negligencia pero probablemente la decisión de matar a Excálibur sea un rasgo más de nuestros poderes públicos, tratando de tapar con ello las chapuzas a los que nos tienen acostumbrados y levantando la cabeza una vez realizado para poder decir que “ya han tomado medidas”.

Realmente, Teresa, Javier y Excálibur ya están pagando las decisiones de quienes no han contestado todavía por qué la auxiliar no guardó cuarentena tras prestar su servicio voluntario al misionero muerto, entonces le dieron vacaciones y no prestaron atención a las décimas de fiebre que esta mujer presentaba a pesar de todos los elementales indicios. También hay silencio respecto a la seguridad de los trajes o al periodo de formación al que cual simulacro de una teleserie adoptaron frente al personal sanitario que iba a atender a los enfermos de ébola. Ese mismo poder público travestido de sanitario es el que ahora ofrece sin dilación y por orden judicial el sacrificio de otros. La amenaza no es Excálibur.

Firma en Change.org “No lo matéis

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Enlace:

Las vidas que Excálibur podría haber salvado

 

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