Excavaciones en Orce: la historia de una injusticia

En la parte baja de la réplica se puede observar la cresta que causó la polémica / Wikimedia - Nachosan (Museo de Prehistoria de Orce)

A mediados del XX existía un claro prejuicio en evolución humana. Se creía que la llegada de los primeros humanos en Europa occidental había sido muy reciente. Es decir, nadie estaba preparado para lo que iba a acontecer.

Más datos sobre el origen del poblamiento humano en Eurasia

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista  @DAVIDRABADA

Fue un joven doctorando en paleontología quien, bajo la batuta del director del Institut de Paleontologia de Sabadell, el Dr. Miquel Crusafont, iba a provocar a la comunidad científica. Un joven Dr. Josep Gibert halló pruebas de los primeros Homo en Europa occidental más allá del medio millón de años. Ello no fue sin derribar muchos prejuicios durante aquel siglo XX.

Durante la década de los 70 se interpretaba que Homo había llegado a Europa a partir del medio millón de años. El matrimonio De Lumley y sus trabajos en Tautavel así lo ratificaban. Los ahora Homo heidelbergensis, o para otros Homo sapiens arcaicos, fueron los protagonistas de este y otros yacimientos europeos. Desgraciadamente ese medio millón de años se ancló como un paradigma monolítico.

Todo cambió cuando el joven Dr. Gibert le propuso a su director buscar vertebrados fósiles en el Cuaternario de Granada

Pero todo lo anterior cambió cuando el joven Dr. Gibert le propuso a su director buscar vertebrados fósiles en el Cuaternario de Granada. Con ello perseguía hallar antiguos parientes nuestros en la península ibérica. Gibert conocía un lugar idóneo al respecto, la cuenca granadina de Guadix-Baza. Esta región había sido un extenso humedal con lagos y ciénagas. Crusafont accedió y en 1976 Gibert y otros colaboradores realizaron una extensa e intensa prospección por la región.

Gibert pensó que el mejor lugar para hallar vertebrados fósiles eran los límites de aquel antiguo humedal. Así que bordeó los centenares de kilómetros del lago y halló lo que buscaba. De ello surgieron, entre otros, los yacimientos de Venta Micena y de Barranco León. Posteriores excavaciones dieron grandes frutos y en 1982 un fragmento craneal hallado en Venta Micena fue atribuido a un joven Homo primitivo.

Posteriores datos moleculares del cráneo y el hallazgo de líticos en Barranco León, no dejarían lugar a dudas, los humanos llegaron a la península hacía al menos 1,3 millones de años, hasta en una publicación de Antiquity en 1998 se habló de 2 millones de años. En definitiva que Gibert comenzó a romper el prejuicio del medio millón de años.

Gibert comenzó a romper el prejuicio del medio millón de años. Pero la muerte en 1983 del mentor de Gibert, Miquel Crusafont, desamparó todo aquello

Pero la muerte en 1983 del mentor de Gibert, Miquel Crusafont, desamparó todo aquello. En 1984, y cuando se limpió de ganga la parte interna del fragmento craneal, se observó un pequeña cresta que el matrimonio De Lumley, que habían identificado el ejemplar como Homo, lo atribuyó ahora a un équido. En mayo de 1984 la noticia fue filtrada por alguien de la Junta de Andalucía. La prensa elegida fue la más cercana al gobierno de Andalucía, El País. La política rugía entre la ciencia sobre un Orce que resultaba muy meloso.

Réplica del hueso catalogado como VM-0 y llamado Hombre de Orce. Atribuido por ciertos expertos al género Homo / Wikimedia – Nachosan

Los titulares fueron crueles y despiadados contra Gibert. Muchos de ellos sentenciaron el hombre de Orce como un asno, e incluso uno llevaba por título Hombre o Borrico. De repente Gibert pasó de la gloria al infierno sin poder rebatir en ese momento el tsunami que le caía. Según su hijo y también paleontólogo, el hoy en día Dr. Lluís Gibert, otra cosa hubiera sido si Crusafont hubiera vivido. Él, como autoridad en paleontología nacional, habría sido tenido muy en cuenta ante la polémica desatada. Pero por desgracia muchos cortaron leña del árbol caído.

Así que más voces surgieron en contra de Gibert, sobre todo de algunos miembros de la Universidad de Granada y otros de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. Y otra vez la política de cierto color hizo mella en contra de Gibert. También a ello se añadieron algunos catedráticos de paleontología de Barcelona, Valencia y Granada que acusaron a Gibert de no ser un científico riguroso. Por aquel entonces yo ya conocía a Gibert viendo lo que ocurría a su alrededor. Fue en las excavaciones de 1984 y 1985 que trabajé en Venta Micena. Durante esos dos años observé muchas debilidades humanas.

Los titulares fueron crueles y despiadados contra Gibert. Muchos de ellos sentenciaron el hombre de Orce como un asno. De repente Gibert pasó de la gloria al infierno

En 1995, y para defenderse de tantos ataques y hallar el reconocimiento internacional, Gibert y sus colaboradores organizaron un congreso en el propio Orce. Según su hijo Lluís, en aquellos momentos la pugna entre los yacimientos de Atapuerca y Orce ya habían empezado. De hecho ambos competían por los fondos estatales para sus pesquisas y excavaciones. En aquel contexto el congreso de Orce dinamitó la situación. El gran éxito que tuvo, tanto a nivel de asistentes como de ponentes, reveló a Orce como el gran yacimiento europeo. Relevantes personajes de la paleoantropología mundial se dieron cita en aquel congreso y hasta el National Geographic bautizó a Orce como el Olduvai de Europa.

Al final la comunidad científica internacional aceptó los restos de Orce como humanos y ello despertó otros intereses. Según Lluís Gibert aquello suscitó, entre otros, el temor del equipo de Atapuerca. Si Orce se volvía en el Olduvai de Europa, ¿de dónde obtendría Atapuerca fondos gubernamentales? Y al año, y bajo ofertas laborales distintas, el equipo de Orce se dispersó y Gibert quedó aislado. Hoy en día muchos de aquellos trabajan para el equipo de Atapuerca.

Pasaron dos años y en 1997 el equipo de Atapuerca recibía el Premio Príncipe de Asturias

Pasaron dos años y en 1997 el equipo de Atapuerca recibía el Premio Príncipe de Asturias. Y fue precisamente en ese año cuando El País, y a sabiendas del éxito que obtuvo el congreso de Orce, publicó un artículo afirmando que el hombre de Orce era nuevamente un simple caballo. Mientras, y a duras penas, Gibert consiguió que le otorgaran permiso de excavación en Venta Micena.

Así en 2003 empezó a preparar el terreno para encontrarse una denuncia de un técnico de la Junta de Andalucía, el mismo técnico que dirigía las excavaciones de otros yacimientos. En concreto los de Fuentenueva III y Barranco León que habían sido descubiertos por el propio Gibert. ¿Qué alegó el susodicho técnico? Según el hijo de Gibert se les acusó de haber destruido el yacimiento, algo falso ya que simplemente ordenaron rebajar dos metros un terraplén apara acceder al nivel fosilífero objeto de la excavación. Y por el otro que no poseían permiso de excavación, falaz también ya que la Junta había delegado tal consentimiento al IPS y este a su vez a Josep Gibert y Jordi Agustí.

En la imagen, de izquierda a derecha, Luis Gibert, Philip Tobias y Josep Gibert

Finalmente en 2004 la Junta de Andalucía impuso una multa a Gibert y a sus dos allegados, su hijo y un técnico, de unos 150.000 euros por cabeza. Gibert, y para depurar responsabilidades, asumió él solo toda la deuda de 450.000 euros. Para ello se hipotecó y casi perdió su vivienda familiar. Según su hijo, y a partir de ese momento, su padre enfermó y tres años más tarde falleció.

 

Los “errores” de Gibert

Ante tanta defenestración científica cabe preguntarse qué error perpetró Gibert. Según su amigo, el inmunólogo Dr. García Olivares, Gibert cometió varios deslices embarrando todos los prejuicios del momento. En primer lugar no supo buscarse el apoyo de la mayoría de paleontólogos del país. En segundo, y en aquel 1983, publicó prematuramente el fragmento craneal de Orce. Y en tercer lugar lo hizo en una revista menor, la de su Instituto de Paleontología de Sabadell, en lugar de una revista de difusión internacional.

Como decía el amigo de Gibert, el Dr. García Olivares, en un país cainita como el nuestro, «el éxito sólo se les perdona a los futbolistas»

Cuando conocí a Gibert en 1984, y tras diversas conversaciones con él, diría que su error fue su entusiasmo, su imaginación y su bondad que proyectaban de sí mismo una imagen que muchos expertos juzgaron como excéntrica, descuidada y visionaria. En gran parte fue simplemente una vulgar envidia provinciana. Como decía el amigo de Gibert, el Dr. García Olivares, en un país cainita como el nuestro, «el éxito sólo se les perdona a los futbolistas».

Otros como Carbonell, Arsuaga o Bermúdez de Castro copan hoy en día la prensa con sus interpretaciones en evolución humana. En todo ello siguen igual de imaginativos, apasionados y entusiastas que Gibert, aunque no por ello se les aparta. Es más, siguen cometiendo errores pero su Atapuerca sigue blindada ante el ansia de otros aspirantes.

A la izquierda el paleoantropólogo Francesc Ribot. A la derecha, Josep Gibert

Decía Julio Verne que la ciencia se compone de muchos errores que son el paso hacia la verdad. En este sentido los errores de Gibert encajaron muy bien con lo predicho por Verne. Desgraciadamente muchos le condenaron al ostracismo mediático, aunque, y por suerte, algunos científicos célebres apoyaron gran parte de sus tesis. Ellos fueron, entre muchos, Philip Tobias, Yves Coppens, Gerhard Bosinski, Emiliano Aguirre, Domènec Campillo, Peter Andrews y Miquel Crusafont. Todos ellos hablaban de la gran tenacidad y constancia de Gibert en sus pesquisas. Gracias a ello sabemos que el paradigma europeo de medio millón de años para Homo resultó falso. Gibert, con sus errores, nos legó algo que perdura, que en Europa occidental, y contra pronóstico, hace más de 1,3 millones de años Homo llegó a Europa occidental.

Desgraciadamente muchos le condenaron al ostracismo mediático, aunque, y por suerte, algunos científicos célebres apoyaron gran parte de sus tesis

Posteriormente otros arqueólogos, que no paleontólogos, han procurado rebasar el límite ibérico de 1,3 millones años que Gibert demostró. Entre ellos cabe citar al arqueólogo Eudald Carbonell que inició su doctorado en París bajo los De Lumley, los opositores a Gibert.

Carbonell, codirector del yacimiento de Atapuerca, publicó diferentes artículos sobre una mandíbula humana catalogada como TE9 y hallada en la Sima del Elefante en Atapuerca. La edad propuesta fue de 1,2 millones de años pero otros expertos la sitúa sobre los 0,9. Desgraciadamente este pozo cárstico tuvo muchos desplomes que mezclaron y confundieron muchos de los intentos de Carbonell. Por ahora sus dataciones andan sobradas de polémica. La mandíbula TE9, según el Dr. López Valverde, fue reconstruida con errores odontológicos. Según este profesor en odontología de la Universidad de Salamanca pegaron unos dientes sueltos a la mandíbula sin tener en cuenta que el individuo padecía de una grave piorrea. Es decir, aquella mandíbula no podía albergar el soporte de esas piezas. Así lo logró publicar, no sin las presiones del equipo de Atapuerca, en marzo de 2011 en el British Dental Journal.

Cuando en 2007 Gibert logró demostrar gran parte de sus tesis, un cáncer derrumbó su vida

Con independencia de todo lo anterior sí hay yacimientos en Europa occidental que parecen rebasar el límite del 1,3 de Venta Micena. Los italianos de Pirro Nord de 1,5 y el de Valdarno con 1,95, más los franceses de Chilca de 2,1 y de Saint Eble sobre los 2,2 sí confirman el sueño de Gibert. En todos ellos él fue pionero al intuir y demostrar la antigüedad de Homo más allá del prejuicio de los 500.000 años.
Desgraciadamente, y cuando en 2007 Gibert logró demostrar gran parte de sus tesis, un cáncer derrumbó su vida. Hoy en día, y gracias a hombres como Gibert, la diáspora de Homo por Europa es mejor conocida.

Dejar comentario

Deja tu comentario
Pon tu nombre aquí