Excomunión de Enrique VIII

Enrique VIII de Inglaterra, (detalle) por Hans Holbein el Joven / Wikimedia

Tal día como hoy… 17 de diciembre de 1538, el papa Pablo III anunciaba la excomunión de Enrique VIII

 

El 17 de diciembre de 1538, el papa Pablo III anunciaba la excomunión del rey de Inglaterra Enrique VIII. Con ello se consumaba el cisma que derivó en la separación de la Corona inglesa del orbe católico y la fundación de la Iglesia anglicana. El motivo oficial fue la negación del papa a conceder la anulación del primer matrimonio del rey, pero había ciertamente razones políticas de mucho más peso.

 

CV / Enrique VIII (1491-1547) fue sin duda uno de los reyes ingleses que gozó de un poder más absoluto. Reinó desde 1509 hasta su muerte, durante 38 años. Era hijo de Enrique VII, el monarca de la dinastía Tudor, que surgió de la Guerra de las Dos Rosas, entre las casas de York y Lancaster, la guerra civil dinástica que asoló Inglaterra entre (1455-1487), tras el final de la Guerra de los Cien Años con Francia. Era el segundo hijo de Eduardo VII, un rey que se propuso convertir Inglaterra en una monarquía moderna, en la línea de los tiempos renacentistas que estaban corriendo, y para ello recorrió a la simbología artúrica. Su propio hijo primogénito se llamaba Arturo, y estaba destinado a ser Arturo II. Se prematura muerte llevó a su hermano menor Enrique a convertirse en rey a los 18 años.

Enrique VIII ha pasado a la historia a nivel popular más como el rey de las seis esposas, que se inventó una religión y creó un cisma para poderse divorciar y casarse de nuevo

Es verdad que Enrique VIII ha pasado a la historia a nivel popular más como el rey de las seis esposas, que se inventó una religión y creó un cisma para poderse divorciar y casarse de nuevo. Y esta visión de un monarca frívolo, caprichoso y antojadizo, ha primado en ocasiones sobre el verdadero trasunto político de su largo reinado. Y lo cierto es que Enrique VIII, más allá de sus temas mundanos y de alcoba, fue el fundador de la Inglaterra moderna y que sentó las bases de un dominio que dos siglos después desembocó en el Imperio británico.

Enrique VIII se había casado con la princesa Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos de España, que se había casado en primeras nupcias con su hermano Arturo, a cuya muerte la «heredó» como esposa. Tuvieron una hija, María, pero ningún hijo varón. Esta fue la razón -la falta de un heredero varón- por la cual optó por repudiarla y casarse con su amante, Ana Bolena, una camarera de compañía de su esposa. Para poder casarse de nuevo precisaba de la anulación matrimonial, que tenía que concederle el papa. Hasta entonces, el propio Enrique había destacado como un paladín del catolicismo frente al a emergencia del reformismo luterano. Y tampoco era la primera vez que un papa anulaba el matrimonio de un rey para facilitar su posterior matrimonio.

La falta de un heredero varón fue la causa por la cual optó repudiar a Catalina de Aragón y casarse con su amante, Ana Bolena, una camarera de compañía de su esposa

Pero esta vez había un problema, y es que Catalina de Aragón era tía materna del monarca más poderoso de Europa en aquellos momentos, el emperador Carlos V. Y una afrenta de este tipo no se tomaba a la ligera en aquellos tiempos. Se admitía que el rey repudiara a la esposa; lo que a Carlos V no le interesaba de ninguna manera es que no se volviera a casar, precisamente para evitar lo que Enrique VIII decía buscar: un heredero varón. Ello porque sin heredero varón, la corona de Inglaterra la ceñiría la tía de Carlos V. Fue María I Tudor, conocida por los ingleses como «Bloody Mary».

El papa Pablo III le escribió al principio una carta conciliadora en la cual, pese a negarse a concederle la anulación de su matrimonio con Catalina, intentaba templar gaitas. Le recordaba que lo más importante del paso del hombre por el mundo es la salvación del alma, y de lo decisivo que para tal cometido tiene la observancia de los preceptos de la Santa Madre Iglesia. Por su parte, le decía, si él tuviera dos almas, no vacilaría en condenar una para darle satisfacción al rey de Inglaterra en sus pedimentos. Pero no son así las cosas y el, también como papa y aunque sea el representante de Jesucristo en la Tierra, está obligado a obedecer la ley de Dios… Así que de divorcio nada, que se fuera olvidando…

Ante la negativa papal de conceder la nulidad con Catalina, Enrique VIII decidió fundar la Iglesia de Inglaterra, con él como jefe supremo, y abjurar de Roma

Ante la negativa papal, Enrique VIII decidió fundar la Iglesia de Inglaterra, con él como jefe supremo, y abjurar de Roma. Introdujo elementos teológicos propios del luteranismo para acoger acólitos y, por lo demás, delegó en el arzobispo de Canterbury como su vicario en más estrictamente de fe. Fue entonces cuando el papa lanzó sobre él la excomunión.

Enrique VIII se casó entonces con Ana Bolena. Tampoco consiguió heredero varón, sino una nueva niña, la futura Isabel I. Con Ana Bolena estuvo casado mil días, tras los cuales la hizo ejecutar tras un proceso por adulterio. Se casó en total seis veces. Con su tercera esposa, Juana Seymour, tuvo su único hijo varón. Tres de sus hijos llegaron a ceñir la corona inglesa: Eduardo VI, que reinó entre 1547 y 1553, su hermanastra y primogénita, María, que restableció el catolicismo, y su otra hermanastra Isabel, bajo cuyo reinado se consumó la ruptura definitiva con Roma.

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