Expulsión de los moriscos

Embarque de moriscos en el Grao de Valencia, pintado en 1616 por Pere Oromig. / Wikimedia

Tal día como hoy… 22 de septiembre del año 1609 se proclamaba el edicto real que decretaba la expulsión de los moriscos

 

El 22 de septiembre del año 1609, durante el reinado en España de Felipe III, se proclamaba el edicto real que decretaba la expulsión de los moriscos del reino de Valencia. En los años siguientes se expulsó a los de Andalucía, Castilla, Murcia, Aragón y Cataluña. Se calcula que en total fueron expulsados alrededor de 300.000 moriscos. En la menguante demografía hispana del siglo XVII, la expulsión tuvo efectos irreparables.

 

CV / Los moriscos constituían en España el colectivo de población que se consideraba descendiente de los musulmanes convertidos forzosamente en 1502 por los Reyes Católicos. La mayor concentración estaba en el reino de Valencia, en Andalucía, en Murcia y en Aragón, aunque también los había en Castilla y en Cataluña, si bien más dispersos y en menor proporción.

La mayor concentración estaba en el reino de Valencia, en Andalucía, en Murcia y en Aragón

La mayoría habían seguido practicando la religión musulmana con más o menos disimulo y complicidad por parte de las autoridades. Eran los mudéjares. Pero la conversión forzosa decretada por los Reyes Católicos en 1502 para los musulmanes de Granada también les afectó por extensión.

En Valencia y en el reino de Granada, la mayoría seguían hablando el árabe y solían vivir en los suburbios de las ciudades, dedicados a las actividades que tenían legalmente permitidas: agricultura, albañilería, artesanía… Pese a la abundante documentación existente, las razones que indujeron a expulsarlos no están claras. Por un lado, el recuerdo de la rebelión de las Alpujarras había alertado del fracaso del proceso de cristianización. Se temía, además, una acción concertada por parte de los moriscos en alianza con los piratas berberiscos y los otomanos.

En según qué zonas, como en Valencia, eran particularmente odiados por la población por sus complicidades con los piratas y por el hecho de ser mano de obra más barata. Y luego estaba, claro, la cuestión religiosa… Todo esto llevó a que fueran vistos como un problema probablemente más serio de lo que era en realidad. Y habiendo el precedente de la expulsión de los judíos en 1492, se optó por una medida similar, pero sin opción a la conversión.

En Valencia la expulsión fue implacable; incluso los moriscos que estaban en la cárcel fueron sacados y expulsados

En Valencia la expulsión fue implacable; incluso los moriscos que estaban en la cárcel fueron sacados y expulsados. Para la deportación se organizó un dispositivo impresionante. Desde el 22 de septiembre, se les concedía un plazo de tres días para presentarse en la zona costera que se les había asignado según el lugar donde vivían, para ser llevados a las costas bereberes en barcos reales. Podían llevarse todo aquello con lo que pudieran cargar. En el camino hacia el lugar de embarque muchos fueron asaltados y despojados. Incluso mucho nobles les confiscaron todo lo que tenían de valor antes de que abandonaran sus hogares.

Entre octubre de 1609 y enero de 1610, se calcula que fueron deportados en barco cerca de 120.000 moriscos desde Vinaroz, Valencia, Alicante, Denia… Mientras tanto, fueron llegando noticias de que sus correligionarios musulmanes en Berbería no les estaban acogiendo demasiado bien, sino todo lo contrario, despojándolos y vendiéndolos como esclavos. Hubo dos rebeliones importantes. Unos 20.000 moriscos se hicieron fuertes en las comarcas de la Marina Alta y la Marina Baja. Las milicias locales y un tercio llegado a Denia acabaron prácticamente con ellos. También hubo resistencia en las montañas interiores lindantes con Castilla. Fueron igualmente diezmados.

En total, se estima que la expulsión de los moriscos supuso un 4% del total de la población de la Península, que era de unos ocho millones

En total, se estima que la expulsión de los moriscos supuso un 4% del total de la población de la Península, que era de unos ocho millones –incluyendo Portugal-, pero el impacto demográfico fue distinto según la zona. En Valencia significó un tercio de la población, y en Aragón un sexto. Fueron las zonas más afectadas. La pérdida de población en estas tierras se arrastró durante décadas, además de producir una drástica caída de la recaudación de impuestos, ya que se trataba de masa trabajadora. Y creó un vacío importante de mano de obra agrícola y artesanal. Algunas comarcas del norte de Alicante se quedaron prácticamente sin población. Por otro lado, algunos huidos se convirtieron en forajidos y en piratas, volviendo inseguros los caminos y más aún los mares.

En otros lugares de la Península, el impacto fue mucho menor. En cualquier caso, España se encaminaba inapelablemente hacia la decadencia.

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