Factores que potencian el TDAH

Niño realizando el test AULA para la detección de la TDAH / COM SALUD Agencia de comunicación / Imagen en Flickr

La hiperactividad proviene de una predisposición genética que un mal hábito pudo impulsar. El TDAH resulta pues un potencial innato despertado por unas costumbres erróneas que en breve detallaremos. Por tanto, para reconducir una hiperactividad por buen camino habrá que evitar tales males prácticas potenciando sus contrarias y diagnosticando prematuramente tal problema ya en infantil.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista @DAVIDRABADA

Si analizamos las malas costumbres que activan un TDAH se da una respuesta clara a todo lo anterior como también se reduce el riesgo de fracaso escolar.

El primer dato nos lo ofrecieron unos estudios médicos en octubre de 2007 presentados en Barcelona durante un congreso de medicina sobre el sueño. Según estos, el quince por ciento de los niños llamados hiperactivos, en realidad padecían trastornos de sueño. Así lo indicaban los especialistas Gonzalo Pin del Hospital Quirón de Valencia, y Milagros Merino del Hospital La Paz de Madrid. El pequeño que dormía mal, al día siguiente mostraba conducta irritable, pérdida de concentración, bajo autocontrol y disminución del rendimiento escolar. Por esos signos se le clasificaba como hiperactivo al ser síntomas del TDAH. Sólo con cambiar sus pautas de sueño se corregía la supuesta hiperactividad. Estos malos hábitos se adquirían durante los primeros años de vida.

Los médicos afirman que a partir de los siete meses se debe enseñar a dormir bien a los lechones. Los padres deben relajar a su hijo para que se duerma. Rutinas de horario fijas, dietas suaves y sin azúcares excesivos en la cena, actividades relajantes al anochecer, y obligación de dormir solos en una habitación tranquila, son las recomendaciones más comunes que se dan para evitar el trastorno del sueño y con él, posibles hiperactividades futuras. En fin, que malos hábitos y no una enfermedad, causan el quince por ciento de los TDAH diagnosticados.

Según estudios médicos, el quince por ciento de los niños llamados hiperactivos, en realidad padecían trastornos de sueño

El segundo mal hábito provino de un estudio sobre alimentación. En septiembre de 2007 la Autoridad Europea de Seguridad, EFSA en sus siglas en inglés, dijo que analizaría si algunos aditivos y colorantes usados en dulces y refrescos azucarados podían inducir al TDAH. Trabajos en la Universidad de Southampton así lo parecían indicar. Los autores de dichos trabajos relacionan la hiperactividad con predisposiciones genéticas y malos hábitos educacionales. El estudio publicado en la revista The Lancet, constataba que los niños que habían consumido hidratos de carbono con ciertos aditivos mostraban comportamientos bulliciosos y pérdida de concentración algo superiores a los que no lo hacían.

Deberíamos recordar que un exceso de calorías de fácil asimilación como son los azúcares, incentiva esa ligera subida del bullicio en un grupo de alumnos. Por otro lado, en los consejos dados anteriormente para evitar el trastorno del sueño, quedaba claro que una cena con exceso de hidratos de carbono activa de noche al escolar y no le permite dormir plácidamente, algo que puede desatar un supuesto TDAH por la mañana.

El estudio publicado en la revista The Lancet, constataba que los niños que habían consumido hidratos de carbono con ciertos aditivos mostraban comportamientos bulliciosos y pérdida de concentración algo superiores a los que no lo hacían

El tercer dato es la ausencia de la cultura del esfuerzo en la educación de muchos. En esto hay testimonios muy reveladores, mis propios escolares diagnosticados con hiperactividad. La mayoría de ellos me confiesan que aprovechan la supuesta enfermedad como excusa para hacer lo que les da la gana, es decir, no estudiar. Sirva la siguiente redacción de un alumno mío de catorce años y los hechos hablan por sí mismos. Las faltas de ortografía y sintaxis han sido, por dignidad, corregidas.

<< Cuando llego a clase sólo me apetece fastidiar, faltar al profesor y hablar lo que me venga en gana. Esto me molesta porque no me puedo controlar – en las clases de docentes que imponían límites sí se comportaba – y siempre me expulsan, me ponen mala nota y me imponen faltas. Los médicos dicen que eso se llama hiperactividad y me han dado pastillas a punta pala y me han hecho asistir a terapias que sólo han servido para sacar dinero a mis padres. De hecho, lo que simplemente me pasa es que quiero hacer lo que me de la gana – algo que le ocurre a todo el mundo y en especial a cualquier niño sin autocontrol -, y como en el colegio no me lo permiten – pero sus padres sí –, hago ruido y escándalo para poder salirme con la mía – costumbre adquirida ya que el padre me confesó que jamás le había castigado –. Yo soy un pájaro libre que quiere volar pero que está en una jaula en clase y no le dejan hacer lo que sí puede fuera del colegio – días antes los padres se quejaron de los profesores del centro porque según su hijo, lo estábamos acosando >>.

Claro está que el alumno sufría de una falta de hábitos en el autocontrol y de límites familiares que potenciaron su TDAH, una patología que había sido diagnosticada por varios especialistas en primaria y tratada con toda clase de fármacos durante secundaria. Si a ello sumamos el error de explicar al alumno que padecía una enfermedad y que por ello se le rebajan los contenidos, el adolescente se acostumbró a trabajar menos y a caer en un pozo de inactividad, algo que así me confesó en privado este alumno.

Un cuarto factor causante de la hiperactividad es la falta  de pautas en orden, cariño, disciplina y premios, en fin, escuchar y atender al infante. Mejor regalarle tiempo de juego, límites y estima que no móviles, consolas y ordenadores para que no moleste. Un zagal abandonado por unos padres ausentes no llega a desarrollar sus capacidades de autocontrol y concentración que luego el TDAH manifiesta. La relación entre mentores que no castigan y no premian al infante, más una ausencia de rutinas en comidas, deberes y sueño hallan relación con el TDAH. Sin orden, ni juegos, ni disciplina la impulsividad del rapaz aumenta en detrimento de su autocontrol y concentración. En eso resulta muy importante, y para evitar la hiperactividad, que se enseñe a los chiquillos a esperar. Ellos deben saber que no todo puede ser inmediato como el clic en un ordenador, o como el sí de unos padres ante su revolcón llorón.

Para los psicólogos Eduard Vieta, profesor de la UB, y Mercè Mitjavila, profesora de la UAB, la educación de los hábitos resulta crucial para prevenir la impulsividad y sus actos violentos

Un estudio de la facultad de Psicología de la URV, Universidad Rovira i Virgili de Tarragona, demostró que la impulsividad adquirida, que no innata, está implicada en el TDAH, es decir, que cualquier entorno que promueva la ausencia de control anima a la aparición de la hiperactividad. La doctora en sicología, Fàbia Morales, así lo indicaba en su tesis doctoral en enero de 2008. Para los psicólogos Eduard Vieta, profesor de la UB, y Mercè Mitjavila, profesora de la UAB, la educación de los hábitos resulta crucial para prevenir la impulsividad y sus actos violentos. Así lo declaraban en La Vanguardia en mayo de 2014. Cabe añadir que en enero de ese mismo año el psicólogo clínico, Joseph Knobel Freud, escribía lo siguiente en la revista Unicamp de la Universidad Estadual de Campinas, Sao Paulo:

<< El trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) se está diagnosticando muchísimo. Si hiciéramos caso a las estadísticas, nos encontraríamos ante una auténtica epidemia. Pero, en mi opinión, este trastorno no existe […]. El TDAH estigmatiza al hacer sentir al niño como a un enfermo, algo que reduce su complejidad a un paradigma simplificador bajo un supuesto déficit neurológico >>

En resumen, y si ahora se suman todos los malos hábitos anteriores como trastornos del sueño, abuso de azúcares, ausencia de rutinas, ausencia del esfuerzo, ausencia de disciplina, padres ausentes y la impulsividad que conlleva, parece obvio que la hiperactividad resulta algo más adquirido que heredado y no una enfermedad inevitable. Niños que viven conectados más consigo mismos que con el exterior, niños que buscan el afecto de sus mayores pero que no lo hallan, niños que desean ser mirados pero que no saben fijar su atención, niños hiperestimulados por móviles, pantallas y juegos automáticos pero que no conciben la realidad manual de lo creativo en tres dimensiones, niños que se les regala el camino fácil ante las dificultades exteriores, niños con algún déficit no diagnosticado ni corregido durante su infancia, niños de madres fumadoras y bebedoras durante el embarazo y que luego desatienden a sus vástagos, niños tristes ante unos adultos que le restan importancia a su languidez, niños abandonados en casa pero muy imaginativos para huir de una realidad familiar no deseada, niños muy inteligentes pero que han sido masacrados por alguna deficiencia, niños de madres adolescentes que no saben atender luego a sus alevines, niños que bajo una situación de violencia no superada adquieren una capacidad de alerta continua que les bloquea su atención, niños hipersexualizados por padres y entorno pero que todavía no pueden descargar su excitación como los adultos, niños que no se les enseñó en su momento a dormir solos, niños que no conocen el miedo al castigo pero que ante el miedo al docente sí corrigen su hiperactividad, y niños que no se les brinda tiempo de interacción con sus padres durante comidas, encuentros y conversaciones, forman todo el corolario de hiperactivos que no soportan el fracaso de la realidad y desatienden su atención hacia esta.

Ante todos estos datos ya no se puede decir que un niño tenga una enfermedad llamada hiperactividad, sino que este zagal se halla ante una disfunción a superar. Por tanto, y para evitarla y corregirla, se debe aplicar lo contrario a su causa, sus antídotos: pautas correctas para ir a dormir; baja ingestión de glúcidos antes del sueño; rutinas diarias en comidas; momentos lúdicos e interacciones con sus responsables; horario regular de estudio; cultura del esfuerzo en ello; diagnóstico y tratamiento infantil ante cualquier déficit en el aprendizaje; amor y límites en su entorno próximo; y por último, técnicas efectivas para reducir la impulsividad infantil. Si a todo ello un psiquiatra recomienda un refuerzo con fármacos habrá que secundarlo, pero si un educador le insiste que hay que priorizar la hiperactividad como una enfermedad paralizante, y no como una situación a superar, le está haciendo un flaco favor a su hijo. Sería como si a alguien olvidadizo se le recetaran pastillas.

–          ¿Que padezco doctor?

–          Síndrome del despiste.

–          ¿Y eso es grave?

–          No, sólo un mal hábito.

–          ¿Y cómo se cura?

–          Primero dejando de creer que usted es un enfermo.

–          ¿Y segundo?

–          Pues luego dejando de venir a mi consulta para que los dos no perdamos más el tiempo, ¿qué tal un poco de voluntad, un buen uso de la agenda y más esfuerzo por su parte?

Pero otro mal facultativo optaría por otra treta.

–          ¿Que padezco doctor?

–          Un trastorno de la memoria con despiste agudo.

–          ¿Y eso es grave?

–          Se puede tratar.

–          ¿Y cómo se cura?

–          Pues con estas pastillas de glucosa con cafeína – algo que todos los estudiantes siempre utilizamos para mejorar la memoria –, y con esta agenda de regalo. Úsela a menudo y ya verá.

En resumidas cuentas, entorno y genética siempre fueron dos partes inherentes de la especie humana difíciles de separar. Sin cultura no nos hacemos humanos pero sin base innata no habría un ser para ser educado. El límite entre la una y la otra siempre suscitó miles de debates científicos y filosóficos. Quizás fue nuestra obsesión por clasificar las cosas el error. Jamás existieron en nosotros dos entidades claramente diferenciadas como cultura y biología, simplemente los humanos somos las dos cosas a la vez. Nacemos con potenciales que yacen dormidos hasta que nuestros hábitos los activan o los reprimen, pero son nuestras conductas, y no nuestros genes, quienes mandan más en ello. Como decía Kant, nos hacemos humanos al ser educados por otros humanos educados, es decir somos lo que somos gracias a lo que otros han sido. Nuestro entorno y cultura afectan nuestras predisposiciones genéticas. Depende pues de nosotros potenciar la inteligencia o reprimir la hiperactividad.

¿Qué decir pues de la hiperactividad? Pues que sí, que existe, pero con dos matices. El primero es que hay decenas de causas diferentes que provocan el TDAH y la segunda es que la inmensa mayoría de ellas NO son cien por cien innatas sino adquiridas

Finalmente, ¿qué decir pues de la hiperactividad? Pues que sí, que existe, pero con dos matices. El primero es que hay decenas de causas diferentes que provocan el TDAH y la segunda es que la inmensa mayoría de ellas NO son cien por cien innatas sino adquiridas. El TDAH no es una enfermedad, simplemente suele provenir de un mal hábito inducido, y como errónea costumbre adquirida, puede resolverse con rutinas, esfuerzo y a lo sumo fármacos. Éstos pueden ayudar en algunos casos pero sin un cambio de hábitos la cosa se hará sempiterna bajo un alumno adicto a derivados de las anfetaminas. Todos los datos médicos anteriores así lo indican. En fin, lo padres no deben creerse esclavos de ningún diagnóstico que paralice a su hijo. La hiperactividad no es una lacra, simplemente es una dificultad a corregir.

Este artículo forma parte de una serie titulada “Fracaso escolar o fracaso político“, a cargo de nuestro colaborador, David Rabadà.

Entrega anterior: Hiperactivad, verdad o ficción (23)

6 Comentarios

  1. Me parece lamentable que se banalice sobre este tema y que tengan un colaborador tan ignorante y con tan pocos conocimientos sobre este tema , el cual esta bastante demostrado cientificamente y avalado por numerosos estudios , si sigue asi se denunciara ante la autoridad correspondiente.

  2. Un auténtico despropósito, sin citar datos ni referencias concretas
    Todo lo que dice esta desmontado por los neurólogos y científicos que estudian el TDAH.
    Una vergüenza que se de espacio a noticias falsas que tanto daño hacen.

  3. Yo he visto alumnos adictos al móvil que no duermen, se alimentan mal y les han diagnosticado TDAH. Les dan la pastilla y a la vez se toman una bebida energética a la hora del patio. Me entristece que antes de medicar no se pruebe con pautas alimenticias, deporte y cambios de hábitos.

    Me parece que este artículo invita a reflexionar.

    Gracias por tus reflexiones David

  4. A los detractores de este artículo, ¿qué decir? Sí, es un horror, es un horror no poder mantener un debate constructivo entre todos como la ciencia hace; sí, soy un ignorante, soy un ignorante de las emociones que ustedes blanden sobre mi; sí, es un despropósito escribir que no hay citas en el artículo en cuanto se citan muchas investigaciones; y sí, estaré encantado de defender el resumen aquí expuesto ante un tribunal si así se me denuncia. Yo dejaría la emoción acusativa por un debate abierto y contrastado. En otro caso no habrá manera de aprender los unos de los otros.

  5. Sin entrar ni salir en lo que al objeto del debate refiere, lo cierto es que no faltan precisamente ni datos ni referencias. Luego se estará de acuerdo o no, pero haberlos haylos.

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