Familias desvertebradas, hijos desvencejados

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

En sentido figurado, vertebrar significa estructurar algo correctamente. Por desgracia existen familias desestructuradas que eufemísticamente han sido bautizadas como desvertebradas. El denominador común de los hijos en el seno de estas familias es la falta de estima parcial o total durante su desarrollo infantil y juvenil.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista @DAVIDRABADA

Ejemplos de lo indicado anteriormente pueden ser hijos no deseados, alcoholismo, malos tratos, drogodependencias, abandonos e incluso separaciones y divorcios mal llevados. Recuerdo un caso en donde la madre reclamó y rehusó la custodia de su hijo repetidas veces durante más de ocho años. El resultado en el chaval resultó terrorífico, el perfil típico que en breve describiremos.

El perfil de estas familias muestra un total abandono de la prole sin pautas constantes en disciplina, amor, atención o control del entorno

En algunos casos la falta de cariño es sustituida por regalos que el niño encuentra contradictorios a falta de lo importante, un amor constante. El zagal no sabe si agradecer, devolver o romper el juguete. El perfil de estas familias muestra un total abandono de la prole sin pautas constantes en disciplina, amor, atención o control del entorno. Por otro lado, y en el caso que la pareja conviva bajo un mismo techo, existe una total discrepancia en los criterios educativos y el chaval utiliza todos sus recursos para salirse con la suya. A menudo los padres se asemejan en algo a los ausentes parciales con drásticos intentos educativos que pasan por largos periodos en donde reina la total negligencia. En ocasiones, y durante estos arranques pedagógicos, los progenitores se acercan al colegio con todo el decálogo de derechos aprendidos y se quejan del servicio educativo prestado. Exigen lo que ni ellos mismos son capaces de hacer, educar.

–          ¿Saben por qué mi hijo estaba el otro día por la calle y no en el colegio? – me preguntaba un padre – Pues ahora se lo digo, porque ustedes no me lo comunicaron a tiempo. Ahora cuando lo encuentre, le caerá una buena.

No debe extrañar que con todo ello surjan hijos resentidos, agresivos y caraduras. Pillarlos en plena fechoría es como dar alas a su ego. Ante los demás pretenden sobretodo ganar el protagonismo que jamás tuvieron en el seno de su familia. Obviamente llevar mal los estudios e ir a su bola pasando olímpicamente de lo que se les diga, es una forma más que evidente de demostrar su resentimiento.

–          ¿Qué hacías copiando? – le pregunté a un alumno al ver que oteaba el control del vecino con todo el descaro del mundo.

–          ¿Pero qué pasa? Yo no estaba copiando profe, estaba comparando resultados.

–          ¿Quieres que te ponga un cero?

–          Me la suda lo que me pongas.

Responder con violencia y provocar miedo son el lenguaje que más han desarrollado estos escolares para defenderse de los demás. Agredir al más débil del grupo suele ser una estratagema frecuente para que nadie se le ocurra cuestionar su dominio, algo que le puede llevar a cometer maltrato o delinquir en su futuro. Empujones, golpes o incluso el uso de utensilios punzantes configuran sus artes marciales. En resumen, son individuos que se muestran ante los demás atrevidos, extrovertidos, provocativos y orgullosos, aunque en realidad son ansiosos de poder, débiles de autocontrol, egocéntricos y hasta con una autoestima y nivel de frustración muy bajos. No es nada extraño que lleguen a cometer delitos o que caigan en adicciones. Aunque otras familias desestructuradas pueden proceder de padres protectores.

 

Protectores sufridores

En un centro pijo cercano a Barcelona, y en los días de grandes aguaceros, la mitad de mi clase solía ausentarse de la misma bajo justificación paterna. Parece claro que la permisividad ha crecido en nuestra sociedad. El perfil de los padres protectores sufridores es el de aquellos que miman evitando a toda costa, y con gran preocupación, que su hijo sufra algún percance tanto físico como psicológico. Se podría pensar que creen que su prole es tan frágil como el cristal, pero que por desgracia acaban convirtiéndola en eso mismo, en una copa de Murano.

–          Mi hija de trece años duerme conmigo cada noche – se justificaba una madre de este mismo centro –. Ya ve, es que se siente sola y sin protección.

Este tipo de costumbres comienzan durante la infancia al no dejar al hijo en su habitación berreando desconsoladamente. Ante tal alarde de sufrimiento el progenitor se siente culpable y se lo trae a la alcoba, algo que a su vez rompe la intimidad conyugal. Los bebés deben aprender a dormir solos para que todos puedan conservar su intimidad. En otro caso supe de unos padres en Granollers que daban el biberón a su hijo de siete años.

–          Es que así desayuna más rápido.

Conocí a unos progenitores que habían cambiado a su hijo de centro porque todos los compañeros de clase no le querían. No hay duda que a veces parte de un grupo repudia a un compañero de tal forma que se hace aconsejable un cambio de centro, pero cuando ya se llevan tres colegios distintos algo falla en la familia. Sirva el caso de una familia en donde un hermano falleció, pero otro pasó a recibir todos los cariños por miedo a que éste muriera, algo muy parecido con los niños que han padecido una enfermedad crónica o grave. En ambos casos los padres temen tanto por la vida de su prole que sufren en exceso ante cualquier pequeño riesgo. Podríamos definir finalmente este perfil familiar como progenitores que controlan y protegen en exceso a sus hijos. A menudo les justifican sus faltas y errores manteniendo un buen control de su entorno y evitándoles cualquier riesgo externo, algo que les debilita psicológicamente y acarrea muchos problemas. Por otro lado, estos padres suelen también ser amigos de sus hijos, aunque no excesivamente compradores de bienes materiales.

Los adolescentes que han vivido en la burbuja vigilada por sus progenitores son muy sensibles a los cambios y débiles ante la frustración. El problema es que una burbuja es muy frágil y cuando explota sólo expele aire

Los adolescentes que han vivido en la burbuja vigilada por sus progenitores son muy sensibles a los cambios y débiles ante la frustración. El problema es que una burbuja es muy frágil y cuando explota sólo expele aire. Esta fragilidad da cierta rareza al individuo ante el grupo, incluso llegan a ser en cierto modo introvertidos y con dificultades de socialización. De hecho, no han experimentado demasiado el exterior familiar y su autoestima es baja. Por otro lado, y a nivel académico, sucede que suelen desarrollar cierta apatía escolar y trabajan en la inconstancia con un riesgo, aunque bajo, de repetir curso. De todas formas, existen casos que al sentirse distintos a los demás, renace un gran anhelo sufridor y perfeccionista ante los estudios. En conjunto no suelen ser insistentes en sus caprichos ni tampoco provocativos con sus adultos, pero muy a menudo desarrollan cuadros depresivos que pueden agudizarse al crecer y que pueden llevarlos al abandono estudiantil y/o profesional. Repitamos aquí lo que Platón decía sobre la felicidad, que ésta residía en la privación, es decir, lo que más se trabaja más se valora.

Saber superar las frustraciones requiere haber pasado por pequeñas dosis de sufrimiento durante nuestra infancia

Si un púber no ha experimentado el esfuerzo no sabrá estimar lo que a solas pudo lograr. Es más, cuando no lo obtenga se frustrará. En tal situación se verá arrojado a la desilusión, al desengaño e incluso a mentir. Saber superar las frustraciones requiere haber pasado por pequeñas dosis de sufrimiento durante nuestra infancia. En Japón, en donde muchos padres tienen a sus hijos bajo una burbuja de cristal, el número de suicidios crece año tras año. Del 9 al 17 de noviembre de 2006 al menos ocho adolescentes se suicidaron al no superar la frustración por diversas razones escolares. Durante el 2005 se quitaron la vida 608 japoneses menores de 20 años. Con unos 35.000 casos anuales, Japón es el país con una tasa importante de suicidios en el mundo industrializado, siendo la nación en donde más se mima a los lechones.

Este artículo forma parte de una serie titulada “Fracaso escolar o fracaso político“, a cargo de nuestro colaborador, David Rabadà.

Entrega anterior: Padres ausentes e hijos con fracaso escolar (49)

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