Fedra en el Festival de Teatro Clásico de Mérida

Fedra, pintura de Alexandre Cabanel.  Musée Fabre

El deseo gana el pulso a la razón y desata el volcán de Fedra

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El deseo y los instintos en una mano y la razón y los remordimientos en la otra, en un equilibrio imposible que, tarde o temprano, se debe decantar hacia uno u otro lado. Con este debate se ha presentado Fedra en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida.

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Juan Antonio Ruiz / EFE

Eurípides así lo escribió y, de no ser por su propia autocensura provocada por el rechazo del público de la época, así debería haber llegado a nuestros días.

Pero como no fue de tal forma, hemos de agradecer a Paco Bezerra que haya querido recuperar este potente texto sobre la visceralidad del amor.

La obra que dirige Luis Duque trata sobre el tormento y la condena que lleva consigo el amor cuando es imposible

La obra que dirige Luis Duque trata sobre el tormento y la condena que lleva consigo el amor cuando es imposible y sobre la lucha de un individuo que se debate entre la seguridad y la libertad.

Un espectáculo que ha seducido al público de Mérida, a juzgar por los generosos aplauso que se han repartido al final de diferentes escenas.

“Lleve el nombre que lleve y tenga la edad que tenga”. De esta manera, intenta justificar Fedra (Lolita Flores) el amor irracional que siente hacia su hijastro Hipólito (Críspulo Cabezas).

Un deseo inconfesable por el que se encuentra sumida en una profunda depresión que se ve acrecentada cada vez que éste se refiere a ella como su madre.

El camino hacia la cima de un volcán, en el que la naturaleza se vuelve más salvaje cuanto más cerca de la cima se encuentra, se debate en una línea difusa entre la metáfora de su descenso hacía la locura por Hipólito y el recuerdo de los paseos que hacían ambos mientras el rey Teseo (Juan Fernández) se encontraba de viaje.

No obstante, en el camino que intenta andar para dar rienda suelta a sus impulsos, Fedra no se enfrenta sólo a su razón y la vergüenza. Cuando por fin consigue aceptar lo que siente y hacer caso a sus deseos, se encuentra con el rechazo de Hipólito.

Es en ese momento, en el que Fedra se presenta como una mujer libre que deja atrás toda la culpa y se atreve amar, cuando su hijo Acamante (Eneko Sagardoy) y la nodriza Enone (Tina Sainz) cobran un mayor protagonismo.

Durante las escenas de la obra se proyectan diferentes motivos que, unidos a la música de Mariano Marín, refuerzan la acción de los actores

Ambos toman las riendas de su conciencia e intentan que ésta haga caso omiso a ese impulso, pero únicamente consiguen que la tragedia se abra paso y que, en el momento en el que el rey Teseo regresa a su casa, los personajes se vean en la obligación de afrontar su destino.

Toda la acción se ayuda de una potente escenografía diseñada por Monica Boromello, en la que se recrea la abertura a la que Fedra hace referencia y de la que dice que comunica directamente con el interior del volcán.

Durante las escenas de la obra se proyectan diferentes motivos que, unidos a la música de Mariano Marín, refuerzan la acción de los actores.

“Fedra”, que se ha estrenado este miércoles en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, se representará hasta el domingo en el Teatro Romano de Mérida, donde tiene programadas otras cuatro funciones.

Posteriormente, dejará la escena del monumento emeritense a la siguiente obra del festival, “Las Amazonas”, que permanecerá en cartel desde el 8 hasta el 12 de agosto.

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