Felipe II de España

Felipe II por Sofonisba Anguissola, 1565 (Museo del Prado)

Tal día como hoy… 21 de mayo de 1527,  nacía Felipe II de España

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El 21 de mayo de 1527, nacía en Valladolid el hijo y heredero del rey de España y emperador del Sacro Imperio, Carlos V, y de Isabel de Portugal. Será conocido en la historia como Felipe II de España, apodado «el prudente». Para unos el más eximio soberano que llevó a la monarquía hispana a sus máximas cotas de esplendor y dueño de un imperio donde no se ponía el Sol. Para otros, el demonio del mediodía; un fanático religioso y avieso protagonista de la leyenda negra, bajo cuyo reinado de cimentaron las bases de una decadencia que no tardó en llegar después de su muerte.

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El suyo fue un reinado, como casi todos los reinados en aquellos tiempos, repleto de guerras e intrigas

CV / Tras la abdicación de su padre en 1556, heredó la monarquía más vasta de la Tierra en aquellos momentos. De sus bisabuelos los Reyes Católicos recibió la Corona española –Castilla y Aragón-, con sus posesiones mediterráneas en Italia, y ultramarinas en América. De sus bisabuelos Habsburgo heredó Flandes, Milán y el Franco Condado… A partir de 1580, fue también rey de Portugal. El resto de territorios europeos los cedió Carlos V a su hermano Fernando, que se quedó también con la corona imperial. Y heredó también sus enemigos: Francia, los reformistas luteranos y calvinistas, el imperio otomano… además de los que él mismo se ganó por méritos propios: Inglaterra y Flandes, entre otros…

El suyo fue un reinado, como casi todos los reinados en aquellos tiempos, repleto de guerras e intrigas. Sus problemas internos empezaron muy pronto. La rebelión de los moriscos de las Alpujarras, que atajaron a sangre y fuego su hermanastro Don Juan de Austria y su apoderado Requesens; la enigmática muerte de su hijo y heredero, el Príncipe Carlos –cuya autoría le atribuyó leyenda negra-, la conspiración palaciega y la deserción de su secretario Antonio Pérez, con la consiguiente sublevación de Aragón y la ejecución de su procurador general Juan de Lanuza… y la herencia envenenada de Flandes, que no aceptó a un soberano católico y extranjero.

Externamente, derrotó repetidamente a los franceses y atestó un duro golpe a los turcos en Lepanto un éxito que luego se desaprovechó… Y la guerra con Inglaterra. Felipe había sido rey de Inglaterra iure uxoris, por su matrimonio con María I Tudor –tía segunda suya, por otro lado-, conocida por sus súbditos anglicanos como Bloody Mary, por la represión que desencadenó contra ellos al intentar reimplantar el catolicismo. Muerta la reina, accedió a la corona inglesa su hermanastra Isabel I, que fue la más encarnizada enemiga de Felipe II, y quizás su antigua amante durante su estancia en Inglaterra como rey consorte –un extremo no comprobado-. Tras la humillación del saqueo de Cádiz, lanzó contra ella a la Armada Invencible, que fue su más sonoro fracaso. La Contraarmada inglesa también fracasó, y la guerra se alargó más allá de la muerte de ambos antagonistas.

Se ha dicho de Felipe II que, a diferencia de su padre, fue un rey genuinamente español. Pero la verdad es que su política se guió más por la razón dinástica que por la de estado

Mientras tanto, con los holandeses ayudados abiertamente por Francia, Inglaterra y los protestantes alemanes, el conflicto en Flandes siguió consumiendo los mayores recursos de la Corona española, hasta llegar a punto sin solución de continuidad. Parece ser que una de las razones de la caída en desgracia de Antonio Pérez, secretario de Felipe II, fue precisamente su determinación de concluir con esta ruinosa guerra que no se podía ganar, haciendo gestiones por su cuenta. Quizás de haber sido Pérez un valido a la usanza de los que le sucedieron, las cosas hubieran sido distintas. Pero Felipe II era un rey al que le gustaba mandar y ser su propio valido. Y Antonio Pérez acabó exiliado en Francia. En 1596, la Corona española declaraba su tercera bancarrota; en 1598 moría Felipe II. Lo que siguió fue la crónica de una decadencia galopante, solo atemperada por la enormidad del imperio y el flujo de recursos malogrados que consiguieron maquillarla durante cincuenta años más.

Se ha dicho de Felipe II que, a diferencia de su padre, fue un rey genuinamente español. Pero la verdad es que su política se guió más por la razón dinástica que por la de estado, subordinando ésta a aquélla. Se implicó en conflictos ajenos a lo que la geopolítica del momento podría considerar intereses españoles. Y siguió con la política de economía meramente extractiva de su padre, que aplicó en las posesiones americanas y en la Península, esquilmando sus propios territorios, económica y demográficamente. El posterior atraso y aislamiento español de los siglos siguientes se origina durante su reinado. En definitiva, sin duda fue el monarca más poderoso de su tiempo, pero no tanto como para enfrentarse a todos los retos que él mismo se impuso.

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