Fermín Galán Rodríguez y Ángel García Hernández

Fermín Galán (izquierda) y Ángel García Hernández

Tal día como hoy…14 de diciembre de 1930 eran fusilados Fermín Galán Rodríguez y Ángel García Hernández

 

El 14 de diciembre de 1930 eran fusilados en Huesca los capitanes Fermín Galán Rodríguez y Ángel García Hernández. Dos días antes habían sublevado a la guarnición de Jaca y proclamado la República Española. Hubo auténtica prisa en fusilarlos.

 

CV / La monarquía de Alfonso XIII estaba dando sus últimas boqueadas, pero seguía dispuesta a morir matando. Tras la caída del dictador Primo de Rivera, el rey había puesto en su lugar al general Berenguer, en lo que se le llamó la «dictablanda», por considerarse que no fue tan represiva como la anterior. Berenguer había hecho vagas promesas de elecciones y de restaurar la Constitución, pero la presión republicana frente a un régimen a todas luces caducado iba en aumento.

Fermín Galán / Wikimedia

El 12 de junio, la guarnición de Jaca, al mando del capitán Fermín Galán –condecorado con la Laureada de San Fernando-, se sublevó y proclamó la República, en lo que se supone que era el primer pronunciamiento de una operación de más envergadura. Dos columnas se pusieron en marcha de Jaca hacia Huesca, pero no hubo ningún otro pronunciamiento ni los líderes políticos republicanos movieron un dedo. Al quedarse sin otros apoyos y tras un enfrentamiento cerca de Huesca con tropas enviadas por el gobierno, Galán y García Hernández se rindieron con sus hombres.

El 17 de agosto de 1930 tuvo lugar el Pacto de San Sebastián, del cual surgió la Alianza Republicana, con presencia de todos los partidos republicanos españoles, en el cual se acordó poner fin a la monarquía de Alfonso XIII. El PSOE y la UGT, que habían mantenido una ambigua actitud durante la dictadura de Primo, se habían unido a la Alianza Republicana en octubre. Se constituyó asimismo un «comité revolucionario» que marcaría las acciones a llevar a cabo, contándose para ello con el pronunciamiento militar combinado con una masiva movilización popular y la convocatoria de una huelga general.

Contra el tópico difundido después de la guerra civil por el franquismo, y paradójicamente avalado por ciertos sectores de la izquierda –por razones inconfesables-, según el cual la mayoría del ejército español era monárquico, primero, y fue franquista después, lo cierto es que había muchos oficiales republicanos que veían esta forma de gobierno como única alternativa a la enfermiza monarquía alfonsina. Otra cosa es que, después, la República no supiera aprovecharlos o que, cuando decidió hacerlo fuera ya demasiado tarde. Dicho sea esto en el sentido de que, para derrocar a la monarquía, la Alianza Republicana contemplaba como fundamental la sublevación de varias guarniciones militares según el clásico modelo del «pronunciamiento»

Galán era ciertamente el hombre que iba a encabezar la insurrección en Jaca, pero había muchos más implicados. Se trataba, ni más ni menos, que de derrocar a la monarquía

La fecha  prevista finalmente para el levantamiento fue el 15 de diciembre. Se ha especulado mucho con lo que pudo ocurrir para que los sublevados de Jaca se quedaran solos. Galán era ciertamente el hombre que iba a encabezarla en Jaca, pero había muchos más implicados. Se trataba, ni más ni menos, que de derrocar a la monarquía.

También es posible que fuera un caso de incompetencia en el cual, como suele ocurrir, les tocó pagar a los competentes. Casares Quiroga, uno de los miembros del comité revolucionario, viajó a Jaca desde Madrid para detener la insurrección tras el precipitado aplazamiento acordado en Madrid. Pero llegó muy cansado, el hombre, y decidió irse a un hotel a acostarse. Algo que repitió seis años después, el 18 de julio de 1936, cuando era primer ministro de la República y, ante los insistentes rumores de alzamiento militar en África, declaró ante la prensa displicentemente: “Dicen que los militares se levantan, yo iré a acostarme”

Nunca ha quedado claro, y en estos casos, que no quede claro es un nítido indicio de culpabilidad por parte de, al menos, algunos de los conspiradores. Pero todo apunta a que algo falló y a Galán y a García Hernández los dejaron tirados en la estacada. Durante el juicio, al preguntar el fiscal militar quiénes eran sus cómplices, Galán respondió, dirigiéndoles altivamente la mirada: “¡Vosotros!”.

Durante el juicio, al preguntar el fiscal militar quiénes eran sus cómplices, Galán respondió, dirigiéndoles altivamente la mirada: “¡Vosotros!

Fue un consejo de guerra sumarísimo que duró apenas cuarenta minutos. Galán y García Hernández mantuvieron en todo momento una actitud digna y firme. Galán se autoinculpó de ser el único responsable, pidiendo el perdón para los que le habían seguido obedeciendo sus órdenes. Fue en vano. Los dos capitanes fueron condenados a muerte; el resto, suboficiales y tropa, a cadena perpetua. Alfonso XIII y Berenguer dieron el «enterado» y fueron fusilados a las pocas horas de la sentencia, de madrugada. Había tanta prisa por quitarlos de en medio, que ni siquiera se respetó la tradición de no fusilar en domingo.

El Círculo Republicano «Galán y García» realiza anualmente una ofrenda floral ante el monumento que ambos tienen en la calle de Jaca que lleva su nombre.

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