La educación eleva y nutre al ser humano, postula Daisaku Ikeda

Daisaku Ikeda, el filósofo de la paz, Honoris Causa por la UAH

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Según Daisaku Ikeda, filósofo japonés investido Doctor Honoris Causa recientemente, el propósito fundamental de la educación, así como de la vida, se puede expresar con la palabra ‘felicidad’. Ese postulado ha guiado una vida en defensa de una cultura de paz.

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UAH / Como señalaba su madrina, Ana Belén García Varela, el Departamento de Ciencias de la Educación de la Universidad de Alcalá ha querido reconocer el ‘extraordinario trabajo académico de su obra y su excepcional contribución al establecimiento de una cultura de paz desde hace cinco décadas a lo largo del mundo’.

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Señor Ikeda, usted ya es doctor honoris causa en grandes universidades de todo el mundo, ¿qué ha sentido con este reconocimiento por parte de la Universidad de Alcalá?

Daisaku Ikeda

La Universidad de Alcalá es un centro de educación superior de enorme prestigio y abolengo; que una institución de este calibre me haya distinguido como Doctor Honoris Causa es un infinito honor para mí. Tal como manifesté en mis palabras de agradecimiento durante el acto de investidura, las Universidades revelan su más elevada nobleza e irradian su luz más imperecedera cuando nutren el suelo del pueblo y contribuyen a la felicidad de sus habitantes.

Cuando, a mediados del siglo XVIII, la Universidad se vio obligada a trasladar sus aulas a Madrid, quienes se unieron y se pusieron de pie con el fin de recuperar la Universidad fueron los habitantes de Alcalá de Henares. Que la Unesco haya declarado Patrimonio de la Humanidad esta ciudad universitaria, preservada gracias al sincero y fervoroso afán de la ciudadanía, es un gesto que, a mi entender, subraya más aún su trascendencia en la historia de la educación.

Ese honor al que me refería al comienzo se vincula con la conciencia de estar sumándome a una Universidad que trabaja formando preciados valores humanos en bien de la sociedad, que goza del aprecio de los ciudadanos y que es para estos un inmenso motivo de orgullo.

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Usted, al referirse a la universidad, ha dicho que ‘las universidades deben existir para beneficio de las personas que no pueden asistir a ellas, ¿Cuál cree que debe ser el papel de la Universidad en el siglo XXI?

En el mundo occidental, la palabra ‘universidad’ proviene del latín universitas, que significa ‘asociación de estudiantes’. En efecto, las universidades europeas nacieron en la Edad Media como agrupaciones de jóvenes inspirados por el afán insaciable de aprender.

“La misión de las universidades en el siglo XXI reside en forjar valores humanos que puedan contribuir a la paz del mundo y a la felicidad del género humano”

En Oriente, el origen del término daigaku (‘universidad’) se remonta a la antigua China y aparece en el título de una de las obras clásicas de la literatura china. En relación con ello, el insigne educador de la China moderna, Tao Xingzhi (1891-1946), afirmaba que la nueva universidad debía ser una ‘fortaleza del saber abierta a todos’. Declaraba certeramente que la misión de las nuevas universidades debía ser iluminar las virtudes del pueblo, revitalizar su espíritu y obrar en dirección a su felicidad.

Siempre consideré que los egresados universitarios debían prestar servicio a aquellas personas que, por diferentes circunstancias, no habían tenido la oportunidad de acceder a la educación superior. La educación eleva y nutre al ser humano, como lo demuestra cabalmente la Universidad de Alcalá. Su propósito no se limita a la mera transferencia de conocimientos ni a buscar el desarrollo de competencias individuales. Estoy convencido de que la misión de las universidades en el siglo XXI reside en forjar valores humanos que puedan contribuir a la paz del mundo y a la felicidad del género humano en los diferentes ámbitos del quehacer social.

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Lleva más de 50 años abogando por la educación como instrumento para conseguir la felicidad y un mundo en paz, pero parece que los seres humanos no están por la labor. Sin embargo, debe ser una gran satisfacción para usted haber sembrado una semilla que a pesar de las inclemencias generales florece cada vez más en más lugares. Es una revolución lenta, pero fructífera…

Josei Toda, mi mentor en la vida, fue un educador que respetaba y amaba a los jóvenes infinitamente, y les otorgaba su confianza incondicional. Para él, ‘el nuevo siglo se construiría con la pasión y la fuerza de la juventud’. Esa expectativa y ese amor de mi maestro son los mismos que hoy yo deposito en los jóvenes del mundo.

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¿Qué quiere decir a los estudiantes que ahora se forman en la Universidad de Alcalá, qué les aconseja para que logren ser motor de cambio en un mundo invadido por cierta parálisis?

En respuesta a vuestro pedido, me permito citar humildemente algunos mensajes que dediqué al estudiantado de la Universidad Soka —de la cual soy fundador—, confiando en que también puedan brindar aliento a los jóvenes de la Universidad de Alcalá: en 1971, al inaugurarse la Universidad Soka, doné un par de estatuas de bronce con dos inscripciones. Una de ellas dice: ‘¿Con qué propósito cultivas el saber? Jamás olvides tu aspiración’. Y el otro: ‘Solo el arduo esfuerzo por cumplir la propia misión crea auténtico valor en la vida’.

“La auténtica alegría y la satisfacción duradera solo surgen allí donde hubo debate y serio esfuerzo; si quitamos esta parte de la ecuación, dejamos inconcluso el proceso de nuestra formación humana”

En la sociedad actual, cada vez es más notoria la tendencia a querer minimizar el esfuerzo; sin embargo, no creo que esta sea una inclinación muy feliz. A simple vista y por momentos, podrá parecer conveniente eludir las dificultades y vivir con holgura y comodidad. Con todo, temo que esta visión de la vida pueda debilitar la fortaleza interior del ser humano y, a la larga, generar condiciones que lleven a su derrota.

La auténtica alegría y la satisfacción duradera solo surgen allí donde hubo debate y serio esfuerzo; si quitamos esta parte de la ecuación, dejamos inconcluso el proceso de nuestra formación humana.

Asimismo, animo a los estudiantes a ser personas cuya consigna sea ‘crear valor en la vida’. Mi mayor deseo es que los jóvenes que se están formando en la Universidad de Alcalá puedan ser protagonistas de una valiosa aportación en sus campos de especialidad; que construyan una vida creativa y que, en esta sociedad moderna, donde tan a menudo abundan los signos de desconcierto y de confusión, sean ciudadanos globales capaces de abrirse paso con integridad y fortaleza.

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