“Imagen ficticia de una cámara de tortura inquisitorial. Grabado del siglo XVIII de Bernard Picart” (Henry Kamen). / Wikimedia

Tal día como hoy… 15 de julio de 1834 se abolía el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición

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El 15 de julio de 1834, el gobierno del liberal moderado Martínez de la Rosa publicaba un real decreto, firmado por la regente María Cristina, que declaraba abolido el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición. Desde su fundación en el siglo XV (1478) por los Reyes Católicos, había pervivido durante 356 años a lo largo de cinco siglos de la historia de España.

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La Inquisición acabó funcionando como una policía política en un estado teocrático, y ciertamente sembró el terror entre todos los sectores sociales

CV / Si alguna institución evoca como ninguna el imaginario de la leyenda negra y el oscurantismo en España, ésta es la «Santa» Inquisición. Sin duda alguna, la más siniestra expresión del lado oscuro hispano. La evocación de sus autos de fe se constituyó en un lugar común en el imaginario colectivo que aún pervive. Nadie estaba a salvo de ella… O casi nadie.

Sin embargo, y aunque ello no sea precisamente un atenuante, la Inquisición no fue precisamente un invento español. La particularidad española consistió en su dependencia de la Corona, convirtiéndose en un brazo del Estado, a diferencia de la Inquisición pontificia medieval, aunque a la vista de cómo fue la cosa, quizás más bien habría que decir que fue la monarquía quien acabó dependiendo de ella.

En principio, la Inquisición tenía solamente jurisdicción sobre cristianos bautizados en temas de desviaciones de la fe y la práctica religiosa; es decir, herejías o falsas conversiones. Aunque bien mirado, si tenemos en cuenta que no había libertad religiosa, esto afectaba a la práctica totalidad de la población, con la intermitente excepción de los judíos, que vivían bajo el estatus de propiedad real… cuando no eran masacrados en los pogromos que con frecuencia estallaban debidamente instigados.

Detalle del cuadro Auto de Fe presidido por Santo Domingo de Guzmán de Pedro Berruguete (c. 1500) en el que se ve a dos condenados por la Inquisición española siendo ejecutados a garrote vil y quemados por herejes

Pero fue precisamente a causa de los judíos, aunque parezca contradictorio, que los Reyes Católicos establecieron su propia Inquisición en España. Algunos celosos clérigos detectaron que muchos judíos convertidos al catolicismo seguían practicando sus rituales en secreto –muy especialmente en Andalucía-, y urgieron  a sus majestades que tomaran medidas. Luego la cosa se extendió a los moriscos, a los brotes de protestantismo peninsulares y a cristianos viejos. En realidad, la Inquisición era un estado dentro de un estado. Así por ejemplo, Carlos I era un reconocido erasmista y fue protector de Luis Vives en Flandes. Mientras tanto, en España la Inquisición perseguía erasmistas y quemaba al padre de Luis Vives… Se atribuye también a la Inquisición el retraso secular de España ciencias y pensamiento.

La Inquisición acabó funcionando como una policía política en un estado teocrático, y ciertamente sembró el terror entre todos los sectores sociales. De ahí la expresión “no quiero ruidos con el Santo Oficio”, utilizada como respuesta cuando alguien no quería comprometerse en algo. Es difícil determinar, ni siquiera como aproximación, el número total de encausados y ajusticiados por la Inquisición a lo largo de su siniestra historia. Según la fuente, las cifras varían enormemente, desde los 50.000 a 300.000 encausados, un diez por ciento de los cuales habrían sido condenados, en cada caso, a muerte. La mayoría durante el siglo XVI y la primera mitad del XVII, sus momentos de mayor «esplendor». El último reo condenado a la hoguera fue, curiosamente, una moja: María de los Dolores López, el 1781 en Sevilla, conocida popularmente como la beata Dolores.

La primera abolición de la Inquisición la llevó a cabo Napoleón en 1808 –algo que no suele recordarse-. Luego, las Cortes de Cádiz, con la Constitución de 1812, también la suprimieron. Al regresar el rey felón Fernando VII y derogar la Constitución, la Inquisición fue restablecida. Fue de nuevo abolida durante el trienio liberal (1820-1823), y reapareció bajo las llamadas «Juntas de Fe» durante la «década ominosa», promovidas por los absolutistas. A la Junta de Fe de Valencia le corresponde la última víctima mortal: Cayetano Ripoll, un maestro de escuela ahorcado en 31 de julio de 1826. Una plaza en Valencia lleva su nombre en honor a su memoria.