Final de la Batalla del Ebro

Pieza antiaérea republicana con su dotación, durante la batalla. Durante los combates en el Ebro, los artilleros antiaéreos republicanos alcanzaron su madurez operacional, jugando un importante papel. / Wikimedia - De Desconocido - Československý rok 1938,

Tal día como hoy… 16 de noviembre de 1938 concluía la Batalla del Ebro

 

El 16 de noviembre de 1938, las últimas columnas republicanas, al mando del teniente coronel Manuel Tagüeña, cruzaban el Ebro de regreso, dando por concluida con ello la batalla más sangrienta de la Guerra Civil Española 1936-1938. Había comenzado casi cuatro meses antes, el 25 de julio, con el paso del río por parte del ejército republicano. Las posiciones quedaron como antes de empezar la batalla, pero la República había quedado herida de muerte.

 

CV / El año 1938 fue fatal para la República. Empezó con la caída de Teruel, que la República había conseguido ocupar un mes antes, para distraer la atención del enemigo sobre Madrid, una vez había liquidado el frente del norte en octubre de 1937.  Con toda la superioridad militar a su favor, Franco inició entonces la ofensiva sobre Aragón, con la intención de partir la zona republicana en dos, aislando Cataluña del resto. Lo consiguió el 15 de abril de 1938, al alcanzar Vinaroz, en el Mediterráneo. La posterior ofensiva franquista sobre Valencia fracasó, pero para evitar la presión, el general republicano Vicente Rojo planeó la ofensiva desde la propia Cataluña. Fue la batalla del Ebro.

La ofensiva franquista sobre Valencia fracasó, pero para evitar la presión, el general republicano Vicente Rojo planeó la ofensiva desde la propia Cataluña

El 25 de julio de 1938, tras cruzar por sorpresa el Ebro, el ejército republicano inició una gran ofensiva que abarcaba desde Mequinenza hasta Amposta. El objetivo proclamado era abrir la comunicación de nuevo entre Cataluña y el resto de la zona republicana. Y también, dar un golpe de efecto internacional, para demostrar que la República seguía viva, intentando aprovechar la crisis de los Sudetes en la esperanza de que Francia y Gran Bretaña de decidieran a ayudar a la República.

El cruce del Ebro por Amposta fue un fracaso; inexplicablemente, la aviación republicana no hizo su aparición hasta el tercer día. Pero en las zonas centro y norte, los republicanos consiguieron cruzar el río y ocupar en pocos días unos 800km2 de territorio al oeste del margen derecho del Ebro. La operación se consideró un éxito, pero fracasó a las puertas de Gandesa y, perdido el efecto sorpresa, las líneas se estabilizaron. Como solía hacer en estos casos, Franco concentró todas sus fuerzas para destruir al mejor ejército republicano, y la batalla se convirtió durante los meses siguientes en una durísima guerra desgaste.

En septiembre de 1936, durante los momentos más críticos de la batalla, la República decidió retirar a las Brigadas Internacionales

En septiembre de 1936, durante los momentos más críticos de la batalla, la República decidió retirar a las Brigadas Internacionales, como muestra de buena voluntad ante la opinión internacional, con la esperanza de que las potencias aliadas presionaran a Alemania e Italia a que hicieran lo mismo en el bando franquista. Fue otro error de cálculo. Hitler incrementó su ayuda material y humana, y el desequilibrio se convirtió en decisivo. En cualquier caso, no parece que la retirada de las Brigadas Internacionales cambiara el curso de la batalla ni, a aquellas alturas, de la guerra. El desequilibrio era demasiado grande.

Los miembros de un batallón internacional, posiblemente el Batallón inglés en su despedida durante la Batalla del Ebro en el campo de fútbol de Marçà (octubre de 1938). / Wikimedia – La preocupación ilustrada Daily Courier – Archivo de ilustración

Por parte de la República, intervinieron unos 130.000 hombres, y sus jefes militares más conocidos: el general Rojo, Modesto, Líster, Tagüeña, Vega, el Campesino… Por parte franquista, lo mismo: Yagüe, Dávila, García Valiño, las tropas mercenarias moras, la Legión Cóndor alemana y el CTV italiano. El propio Franco se personó para dirigir personalmente las operaciones.

Al final, con la República agotada, sin capacidad de refuerzos y sin apenas material, la retirada fue la única opción posible

Al final, con la República agotada, sin capacidad de refuerzos y sin apenas material, la retirada fue la única opción posible. Las bajas republicanas fueron de entre 10.000 y 12.000 muertos, unos 35.000 heridos, 20.000 prisioneros  y grandes pérdidas materiales no reemplazables. Por parte franquista, llegaron a intervenir hasta 180.000 hombres, con unas bajas de 7.000 muertos, 30.000 heridos y 5.000 prisioneros.

El general Vicente Rojo, comandante en jefe de las fuerzas republicanas, siempre se quejó amargamente de que el cruce del Ebro era solo una parte de un plan mucho más ambicioso, destinado a obligar a Franco a dispersar sus fuerzas. Se habían previsto, como mínimo, dos maniobras simultáneas al cruce del Ebro: el desembarco de una brigada de infantería de marina en Motril, y una ofensiva en el Centro y en Extremadura que mantuviera ocupadas a las fuerzas franquistas, impidiéndoles concentrarse en el Ebro… Nada de esto se llevó a cabo, sin que se haya sabido nunca por qué.

La derrota republicana en el Ebro sentenció definitivamente el destino de la guerra. El 23 de diciembre, el ejército franquista inició la ofensiva sobre Cataluña; el 10 de febrero llegaba a los Pirineos. A la República, abandonada por todos los países democráticos tras los acuerdos de Múnich, ya solo le quedaba el Levante y el Centro. El 1 de abril de 1939 concluía la guerra.

Dejar comentario

Deja tu comentario
Pon tu nombre aquí