Fracaso escolar o fracaso político (última entrega)

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

Las hipótesis pedagógicas llevan lustros predicando la imaginación, la felicidad y la creatividad como teoría central de un aprendizaje espontáneo entre los críos, pero desgraciadamente no han demostrado cómo mejorar nuestro sistema educativo con tal facilidad. En el anterior apartado ya fueron descritos cinco puntos que denotan los errores de las pedagogías teóricas. Ahora veamos cinco más.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista @DAVIDRABADA

Quinto error, la idealista pedagogía teórica, y sin conocer cómo funciona la compilación y encriptación de datos en nuestro encéfalo, ha elaborado muchas conjeturas para luego diseñar estratagemas en el aula, es decir, ha construido la casa desde el tejado. Pero en cualquier rama del conocimiento primero son los datos experimentales, luego la proposición de una hipótesis, y finalmente la elaboración de una teoría general. Primero debemos recopilar todas aquellas técnicas que mejoran el aprendizaje en el aula y después construir, si es que existe, una didáctica global. Por ahora, y sin saber cómo funciona la compilación y encriptación de datos en nuestro encéfalo, no podemos todavía desarrollar una teoría educativa correcta. Por tanto, y lo único que podemos hacer es registrar y ordenar todas aquellas estratagemas didácticas que han demostrado su efectividad contrastada en la enseñanza. Este sería el objetivo de lo que podría llamarse la EMC, la Enseñaza Múltiple Contrastada.

Proponer una teoría y luego un experimento, es saltarse la lógica del método científico contraviniendo los datos neurobiológicos actuales

Toda técnica que sabemos que facilita el aprendizaje, ha sido fruto de muchas pruebas y errores. Y estos procedimientos sí nos dan pistas de cómo realmente funciona la mente humana. Hacerlo al revés, proponer una teoría y luego un experimento, es saltarse la lógica del método científico contraviniendo los datos neurobiológicos actuales. De hecho, esta es la forma como trabaja la descabezada pedagogía teórica. Así se explica su fracaso ya que nos impone cómo debe aprender nuestro cerebro, pero no nos explica como realmente lo hace.

Sexto, la descabellada pedagogía teórica no resulta ciencia alguna ya que carece de paradigma único consensuado. Las ciencias como la Biología, la Geología, la Física o la Química tienen su teoría global que permite explicar cómo funciona la realidad y hacer ciertos pronósticos. La pedagogía, en cambio, con sus muchas hipótesis durante la historia, no ostenta paradigma central alguno ni nos explica cómo funciona la mente humana, y ni mucho menos puede prever qué aprenderá un chaval. Sólo hay que ver todas las ideas pedagógicas que fracasaron al aplicarlas universalmente.

Desde la pedagogía progresista y la pedagogía de Clarapède pasando por el constructivismo de Piaget y la pedagogía Summerhill, hasta llegar a la pedagogía de Tonucci y al camelo de las inteligencias múltiples, se ha cruzado todo un muestrario sin paradigma central alguno. Ya hemos detallado que la antediluviana pedagogía teórica no es una ciencia contrastable sino muchas imaginaciones sin fundamentos reales, algo menos que un autoengaño bajo una creencia demagógica. En fin, que la pedagogía teórica, sin saber cómo trabaja nuestra mente, propone hipótesis a ciegas sin hechos neurobiológicos que la respalden. Es así de simple y nada más. Se insiste, la centenaria pedagogía teórica no tiene fundamentos científicos ya que ha creado quimeras educativas desde proposiciones imposibles de verificar.

El científico honesto sabe lo que el presente le brinda, pero desconoce lo que el futuro le deparará. El pedagogo teórico ignora lo que la neurobiología le brinda, pero afirma lo que el futuro nos deparará

El científico honesto sabe lo que el presente le brinda, pero desconoce lo que el futuro le deparará. El pedagogo teórico ignora lo que la neurobiología le brinda, pero afirma lo que el futuro nos deparará. Por desgracia el futuro es incierto y creerse, sin hechos contrastables, con la verdad educativa resulta pura prepotencia y dogmatismo. Todo ello explica que llevemos más de cien años con experimentos pedagógicos que no mejoran el rendimiento escolar, todo lo contrario, lo entorpecen una y otra vez. En enseñanza hay que ir siempre sobre seguro. Nuestros alumnos no son ratas de laboratorio, son nuestra más preciada inversión. Por tanto, hay que enseñarles a través de una Enseñanza Múltiple Contrastada y no con más experimentos pedagógicos.

Hoy en día, y sin saber cómo funciona nuestro cerebro, debemos fiarnos de las prácticas que países, centros o docentes aplican con éxito para construir un marco legal consensuado que proteja tales praxis. Con ello crearemos una Enseñanza Múltiple Contrastada fundamentada en hechos y no en hipótesis imaginarias. Luego deberemos ampliar todo ello a medida que nos lleguen más métodos eficaces. Este debería ser un proyecto abierto para mejorar la enseñanza y reducir el fracaso escolar vigente. Obligar, y con leyes estatales, a la aplicación de pedagogías teóricas sin éxito, significa entorpecer la enseñanza y estafar a nuestro preciado futuro, a nuestros jóvenes.

De seguir así a nivel estatal, abonaremos la pura creatividad de los ilusos repitiendo una y otra vez los errores de los últimos cien años. La antigua pedagogía teórica no fue jamás una ciencia, fue una creencia. Por ello, y ante todos los hechos aquí expuestos, sólo caben dos opciones, reconocerlos o negarlos. Si se hubieran admitido ya se estaría ante las soluciones, pero al rechazarlos continuamos en el escollo educativo. Nuestro fracaso escolar sigue siendo un fracaso político.

Este artículo forma parte de una serie, que hoy finaliza, titulada “Fracaso escolar o fracaso político“, a cargo de nuestro colaborador, David Rabadà.

Entrega anterior: Propaganda pedagógica y fracaso escolar (60)

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