Fracaso escolar o fracaso político

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Ahora que se aboga por la educación por competencias, los trabajos por proyectos y la eliminación de la memoria en las aulas, veo como la transmisión de conocimientos y su currículum se desvanece en secundaria. Y lo más curioso, son muchos los pedagogos que afirman que los profesores enseñamos demasiadas banalidades cuya memorización resulta innecesaria, pero ésta, la memorización, pervive y persiste entre nuestros alumnos aunque sea en educación competencial o en los trabajos por proyectos. Ante tal paradoja yo sólo deseo que la enseñanza sea competente ante una educación competencial.

 

David Rabadà @DAVIDRABADA

La Ilustración del XVIII, que quiso que todo el mundo tuviera la oportunidad de estudiar, ahora ve que en su nombre se reducen los contenidos a enseñar. Convendremos que educar adolescentes no es sólo impartir competencias, más bien implica regalarles valores morales, habilidades sociales y sobretodo conocimientos contrastados. Pero el hecho de educar va todavía más allá. Y es que llevar bien un aula conlleva muchas técnicas y experiencias maceradas lentamente entre púberes y cursos. De hecho al educar se debería instruir, estimar y respetar a estos adolescentes. ¡Uf! Y lo que se queda en el tintero, o en el cartucho de la impresora. Educar, en fin, es más que una experiencia. En mi caso ya llevo más de veinte años secundarios en secundaria. Y créanlo, todavía no domino el arte de enseñar, ni mucho menos. Para ello escribo, para recordar, ordenar y compartir mi parcial aprendizaje como un profesor de secundaria que, ante la política educativa, se siente  secundario.

Cuando sufres en el aula la afrenta de un adolescente desafiante y agresivo es algo único, de temblor, de nervios, de sudor. Pero cuando ves que en su casa no halla esa pizca de respeto y cariño lo comprendes todo

Cuando sufres en el aula la afrenta de un adolescente desafiante y agresivo es algo único, de temblor, de nervios, de sudor. Pero cuando ves que en su casa no halla esa pizca de respeto y cariño lo comprendes todo. Luego, con firmeza, paciencia y estima, uno se gana su confianza a pesar de lo que digan las pedagogías de moda. Y entonces, y sólo entonces, surge el milagro que los teóricos de la educación desconocen. Con el paso de los años, y hechos hombres y mujeres, aquellos díscolos que se me encaraban, ahora me los encuentro por la calle. Y son ellos, que no mi despistada mirada, quienes vienen a saludarme con agradecimiento por los conocimientos, la estima y el respeto que les proyecté. Los breves minutos que dura su saludo y su cordialidad son algo fascinante. Ellos me recuerdan que les hice sentir estima hacia ellos mismos, agradecimiento por una ayuda desinteresada, y felicidad gracias a tres cosas: mis retos durante el curso, mis ideas para granjearse buenos amigos y finalmente mi convicción que podían proyectar su futuro con muchos conocimientos.

Así fueron mis clases durante más de veinte años, una lucha entre lo que aprendí del aula y lo que me imponía la política alejada. En fin, que educar no devenía sólo impartir valores, habilidades y competencias teóricas, sino firmes conocimientos contrastados para que mis alumnos llegaran a ser críticos con causa y no causa de crítica. Para ello hay que haber estado muchos cursos en las aulas, en muchos centros distintos y con gran disparidad de alumnos. Creo que este es mi caso y así pienso ofrecer mi torpe, aunque aprendida experiencia, a quien ahora me lee. Desgraciadamente la política educativa nacional sigue dando palos de ciego ante las aulas de secundaria.

Hoy en día, y desgraciadamente, demasiados expertos hablan de educación. De todos ellos muy pocos lo hacen desde el aula, de hecho lo hacen desde un despacho alejado de esta realidad

Hoy en día, y desgraciadamente, demasiados expertos hablan de educación. De todos ellos muy pocos lo hacen desde el aula, de hecho lo hacen desde un despacho alejado de esta realidad. Algunos ni siquiera han pisado un paraninfo o impartido clases. Y lo más gravoso, quienes sí trabajan al pie del cañón educativo, los profesores, son escuchados vagamente por estos expertos. Así pues, y en las próximas páginas, detallaré cientos de buenos ejemplos que he vivido como educador entre alumnos, profesores y progenitores, unas anécdotas, que tras más de veinte años de docencia, parecen haber dado buenos frutos entre mis asistentes. Y pido perdón por mi falta de humildad, pero ya va siendo hora que los profesores veteranos nos valoremos un poco más y dejemos de ser secundarios ante la política educativa nacional.

En fin, que todas estas realidades pueden ayudar a mejorar la educación de otros padres, madres y profesores. La verdad es que después de décadas de reformas pedagógicas nuestro país ostenta el mayor fracaso escolar de toda la Unión Europea. Alrededor de casi el treinta por ciento de nuestros alumnos abandonan los estudios, o simplemente no los aprovechan eficientemente. El estropicio escolar nacional es escandaloso y para mi es una gran pena. La pregunta clave es, ¿son nuestros padres y profesores los culpables de ello? Muchos expertos educativos así lo afirman. Pero, y de ser cierta su hipótesis, ¿por qué los llamados expertos educativos no han hallado la manera que nuestros estudiantes aprendan lo máximo bajo sus potenciales? Pues la respuesta es tan lógica, simple y real que la escuché un día de un alumno de primaria.

Aprendemos poco al estudiar poco.

Y claro está, muchos pedagogos dicen que enseñamos demasiadas cosas en secundaria, que la mayoría de los conocimientos impartidos devienen meras banalidades inútiles, y que lo memorístico tiene los días contados. A pesar de todo ello se sigue estudiando menos que hace unas décadas y la pregunta consecuente es la siguiente, ¿por qué no se estudia más? Pues para ello les contaré hechos del sistema educativo que responden a la pregunta anterior. Para ello analizaremos un triángulo, que no amoroso, entre alumnos, docentes y progenitores. De cada uno de ellos detallaré muchos perfiles observados. La mayor parte de ellos los anoté de mis días docentes. El resto me los han confiado otros compañeros de la enseñanza. Un capítulo entero dedicaré a cada uno de ellos describiendo perfiles tópicos de adolescentes, profesores y padres que lo hacen mejor o peor.

No se trata de culpabilizar a progenitores y docentes de los problemas educativos, esta estrategia resulta ya harto utilizada por gran parte de algunos teóricos y políticos

Adelanto que no se trata de culpabilizar a progenitores y docentes de los problemas educativos, esta estrategia resulta ya harto utilizada por gran parte de algunos teóricos y políticos. Lo que aquí propongo es olvidarse de ello y difundir las soluciones que aplican los educadores desde su realidad, el aula y el hogar. Para ello viajaré por el recuerdo de mis clases y de mis alumnos. Pasaremos también por muchas ciudades nacionales e internacionales, hasta visitaremos países de reconocido prestigio educativo como Singapur, Estonia y Finlandia. En definitiva estableceré un pacto práctico entre progenitores y profesores con el simple objetivo de ver lo bien y lo mal que lo hacemos todos, a sabiendas de una política educativa ciega a la realidad. Y para ello habrá que convenir cómo tratar nuestro tesoro social, nuestros futuros adultos. Bienvenido a este viaje educativo, bienvenido a este Fracaso escolar o Fracaso Político.

Este artículo forma parte de una serie titulada “Fracaso escolar o fracaso político“, a cargo de nuestro colaborador, David Rabadà.

 

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