Francisco de Goya

Retrato del pintor Francisco de Goya (1826), por Vicente López (Museo del Prado). Créditos: Vicente López Portaña – Museo Nacional del Prado, Galería online

Tal día como hoy… 30 de marzo de 1746, nacía Francisco de Goya

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El 30 de marzo de 1746, nacía en Fuendetodos (Zaragoza) Francisco de Goya y Lucientes, el pintor que revolucionará el arte y dará paso a la pintura contemporánea, que no se podría entender sin él. Es uno de los grandes maestros de todos los tiempos. Como tantos otros genios españoles, murió en el exilio, huyendo del fanatismo y la represión que por aquellos tiempos campaban a sus anchas en España.

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CV / En realidad, que naciera en Fuendetodos fue más bien accidental. Su familia se trasladó a la casa que poseían en esta población mientras se realizaban obras en la casa de su propiedad en Zaragoza, y es en esta ciudad donde creció. Con sus propios recursos –fracasó en sus intentos de obtener una beca- se trasladó a Italia para mejorar su técnica. Allí tuvo la oportunidad de estudiar y conocer de primera mano las obras de Rafael, Rubens o Veronese, entre muchos otros. De esta época datan una seria de bocetos que se conoce como «El Cuaderno Italiano». En Parma, obtuvo una mención especial en un concurso de tema histórico con su obra ‘Aníbal contempla por primera vez Italia’, de inspiración neoclásica ya claramente debida a las influencias italianas. Estuvo en Italia cerca de un año.

En 1789, a propósito de la coronación de Carlos IV, accederá al puesto de pintor de cámara de la familia real

A su regreso a España, realizó varios encargos en Zaragoza, hasta que se instaló se instaló en Madrid, empezando a trabajar para la Fábrica de Tapices, a la vez que empezó a frecuentar las tertulias ilustradas, conociendo a Moratín, a Jovellanos…  Todo esto le valió introducirse en la alta sociedad madrileña, que empezó a encargarle retratos. En 1780 fue nombrado miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. En 1789, a propósito de la coronación de Carlos IV, accederá al puesto de pintor de cámara de la familia real. Será su mejor época personal y la de sus cuadros más suntuosos, la familia real, escenas de la corte, las ‘majas’… En 1792 cae enfermo y empieza a volverse sordo. Se ha especulado mucho con la naturaleza de la enfermedad que contrajo; los médicos discreparon en sus diagnósticos, apuntándose varias posibilidades, desde la sífilis –por la sordera- hasta una intoxicación producida por los componentes de las pinturas que utilizada.

Se recuperó en parte de las dolencias físicas, pero no de la sordera. Su carácter se tornará más áspero y se convertirá en un pesimista, aunque también influyeron en ello los acontecimientos que fueron produciéndose: el motín de Aranjuez, la caída de Godoy, el 2 de mayo, la guerra de la independencia… Se volverá progresivamente introvertido y su obra tenderá cada vez más hacia la representación de una realidad grotesca y deformada, en una atormentada y a la vez lúcida interpretación de los tiempos que le tocará vivir. Será la época de los fusilamientos del 3 de mayo, de la carga de los mamelucos, y las series de los sueños y los desastres de la guerra… Y tras la guerra y con el regreso de Fernando VII, las pinturas negras… Saturno devorando a sus hijos.

Decidido partidario del liberalismo, Goya aplaudió el pronunciamiento de Riego en 1820 y el restablecimiento de la Constitución de Cádiz

Decidido partidario del liberalismo, Goya aplaudió el pronunciamiento de Riego en 1820 y el restablecimiento de la Constitución de Cádiz. Tras la invasión de los ‘Cien mil hijos de San Luis’, llevada a cabo por Francia y apadrinada por la Santa Alianza para reponer el absolutismo en España, la persecución contra los liberales y constitucionalistas se tornó implacable. Como tantos otros, emprendió en 1823 el camino del exilio, recalando en Burdeos, acogido allí por su amigo, el escritor Leandro Fernández Moratín.

Murió en Burdeos, olvidado y en la miseria, el 16 de abril de 1828, a los 82 años de edad. Y allí fue enterrado, hasta que sus restos fueron trasladados en 1899 a la ermita de San Antonio de la Florida, en Madrid, donde descansan hoy, junto a los frescos que él mismo había pintado cien años antes.

Saturno había devorado a otro de sus hijos.

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También un 30 de marzo se cumplen estas otras efemérides

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