Geología estelar. Hacia una Teoría Sintética de la Astronomía

La Geología terrestre se fundamenta en la Tectónica de Placas como paradigma científico aceptado y aplicado por la mayoría de geólogos / Pixabay

Las ciencias propiamente dichas surgen de paradigmas contrastados y demostrados que nos permiten entender y hasta pronosticar el futuro natural. Así la Tabla de los Elementos Periódicos sirve eficazmente a la Química, la Relatividad a la Física cosmológica, la cuántica a la Física de ondas y partículas, la Teoría Sintética de la Evolución a la Biología, o la Tectónica de Placas a la Geología.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista  @DAVIDRABADA

Estas ciencias propiamente dichas hallan sus raíces en personajes como Galileo, Descartes o Newton. Y fue durante la Revolución científica del XVII cuando se maceró el concepto de ciencia bajo la demostración computable de lo real, es decir, describiendo la naturaleza en términos de observación, medida y cálculo. Galileo Galilei, uno de sus fundadores, escribió lo siguiente en su obra «Il Saggiatore» de 1623: “El universo es un libro escrito en lenguaje matemático”.

La ciencia se va equivocando en sus interpretaciones y predicciones pero los científicos, a sabiendas de sus errores, los subsanan bajo nuevos experimentos, datos y contrastes

Este fue uno de los puntos de partida de las ciencias, describir con un lenguaje objetivo lo que observamos dejando los dogmas a un lado. Luego podemos proponer interpretaciones y predicciones que serán contrastadas experimentalmente o, en el lenguaje de Popper, falsables bajo prueba empírica. En caso contrario no estamos hablando de ciencia sobre lo real, sino de ciencia ficción sobre dogmas. Por eso, y como decía Bertrand Russell, la Teología apenas ha cambiado sus postulados desde el Concilio de Nicea en el siglo IV; la ciencia, en cambio, ha tenido que ir cambiando sus postulados y concepciones a medida que los iba contrastando empíricamente. Dicho de otro modo, la ciencia se va equivocando en sus interpretaciones y predicciones pero los científicos, a sabiendas de sus errores, los subsanan bajo nuevos experimentos, datos y contrastes.

En fin que todo aquel hervidero de ideas del XVII resultó más productivo y práctico que sus competidores humanísticos. Luego la Revolución Industrial del XVIII, bajo sus grandes avances científicos y tecnológicos, lo cambió todo. Pero a mediados del XIX, y para no quedarse atrás, las disciplinas sociales se autoproclamaron también ciencias aunque no aplicaran el método científico. Pero convendremos que una cosa eran las ciencias originales y la otra las sociales, aunque estas últimas no devengan ciencias en el concepto original. De hecho no permiten realizar pronósticos de futuro como qué reacciona con quién, cuál será la velocidad de caída de un objeto, cómo serán los rasgos de un antepasado no descubierto, o cuándo y con qué intensidad será la efusión de unos volcanes.

A mediados del XIX, y para no quedarse atrás, las disciplinas sociales se autoproclamaron también ciencias aunque no aplicaran el método científico

Todo lo anterior, y en base a datos, computaciones e interpretaciones ha permitido diseñar modelos contrastables, repetibles y corregibles. De todas formas hay quienes prefieren predecir el futuro bajo profetas, chamanes o charlatanes pensando que las ciencias sociales están haciendo Física, Química, Biología o Geología. Y en caso de dudar de éstas últimas, prescinda de sus detergentes por la Química, de su GPS por la relatividad, de su móvil por la cuántica, de sus alimentos mejorados con la Teoría Sintética de la Evolución, o de los pronósticos de riesgos geológicos por la Tectónica de Placas. Es más, tire todas las herramientas que la ciencia le ha brindado incluido su Smarthphone, su tablet y su Internet. Aunque, y en caso contrario, siga leyendo y disfrute de lo que la ciencia le ofrece. Una nueva Tectónica de Placas está a punto de nacer.

Las 15 placas tectónicas mayores. /Wikimedia

La Geología terrestre se fundamenta en la Tectónica de Placas como paradigma científico aceptado y aplicado por la mayoría de geólogos. Con ella explicamos y predecimos gran parte de los fenómenos geológicos de nuestro planeta. No obstante nuestra Tierra no es el único geoide del Universo por lo que en un futuro no muy lejano la Tectónica de Placas devendrá sólo una parte del paradigma geológico del cosmos.

Nuestro geoide es muy particular por lo que deberemos incorporar a la geología el resto de cuerpos que descubramos. Así alcanzaremos una teoría mayor y más extensa sobre la geología estelar universal. Las nuevas galaxias, los extraños sistemas solares, sus nuevos planetas y los meteoritos devendrán los datos cruciales para esta nueva Teoría Sintética de la Astronomía, el nuevo paradigma de la Geología global.

La composición de la mayoría de entes que orbitan en nuestro universo son los átomos primigenios y más sencillos, el hidrógeno y el helio evolucionados del Big Bang

Para forjar esta nueva Teoría Sintética de la Astronomía existen muchas variables. Tres de muy importantes son la composición principal del astro, su tamaño y su proximidad a otros astros. Veámoslos por partes.

La composición de la mayoría de entes que orbitan en nuestro universo son los átomos primigenios y más sencillos, el hidrógeno y el helio evolucionados del Big Bang. De ellos están formados la mayoría de estrellas y galaxias que las generaron. Luego, y tras muchas reacciones a alta presión en los núcleos estelares (teoría de la nucleosíntesis estelar), surgieron el resto de los elementos hoy conocidos en la tabla periódica de la Química.

Como muy bien decía Carl Sagan, sólo somos polvo de estrellas, y el carbono de nuestra biología evolucionó de ellos bajo las leyes de la termodinámica. De todo ello se formaron meteoritos y planetoides que bajo su gravedad fueron amalgamando planetas y otros cuerpos celestes. Por ello existen, en este sistema solar y en otros, planetas gigantes con mucho hidrógeno y helio, mientras se forman también otros con sílice y hierro de menor tamaño.

Como muy bien decía Carl Sagan, sólo somos polvo de estrellas, y el carbono de nuestra biología evolucionó de ellos bajo las leyes de la termodinámica / Pixabay

La composición vincula el cuerpo estelar a su destino. Los grandes suelen ser enormes masas de gas mientras los menores (asteroides, planetoides y planetas rocosos) devienen cuerpos rocosos. Los mayores gaseosos, y si llegan a cierta dimensión, estallan como estrellas de distintos colores y evolución, desde soles amarillentos hasta gigantes azules, pasando por supernovas y agujeros negros. La astrofísica explica perfectamente esta evolución sin diseños inteligentes de por medio.

Pero también la medida de los astros menores condiciona su evolución rocosa tal que halla o no Tectónica de Placas. Si el planeta surgente ostenta una masa pequeña, su calor inicial se disipa de forma tan rápida que no da a lugar a una diferenciación en su escorza. Tras ello no se dan placas que se mueven bajo un calor latente sobre un manto plástico. En ello hallamos ejemplos como Mercurio, Luna, Plutón y hasta Marte. Existe por tanto una masa crítica en donde su calor primigenio se pierde antes de formar una Tectónica de Placas como la terrestre.

En la Tierra se han contabilizado más de 4.500 minerales distintos mientras que en la Luna o en Marte no se llega a unos cientos

En fin que un cuerpo menor disipa mayormente su calor de acreción y aborta una posible Tectónica de Placas. La razón es simple, su menor superficie con respecto a su volumen no permite guardar el calor acumulado durante su fase de acreción. Por ello los planetoides y planetas menores no desarrollan tectónicas como la terrestre. Otra prueba la hallamos en su diversidad mineral. En la Tierra se han contabilizado más de 4.500 minerales distintos mientras que en la Luna o en Marte no se llega a unos cientos. En el caso de la Luna se han identificado unos 350, y en Marte no se llega a los 500. Ello se explica por nuestra Tectónica de Placas y su diversidad de procesos.

Pero la tectónica en otros planetas no es función de sus dimensiones ni de su composición original, sino que se halla ligada a la interacción con la gravedad con otros cuerpos cercanos. La intensa fuerza gravitatoria deforma, retuerce y provoca vulcanismos en otros astros cercanos. De ello surgen fallas, retracciones y efusiones que planetas mayores influyen en sus satélites. Así se entiende en Io y en otros cuerpos que orbitan en grandes planetas.

En fin que la Tierra y su Tectónica de Placas resulta sólo el inicio de esta Teoría Sintética de la Astronomía. A la geología y a la astronomía les queda un largo camino para casar un nuevo paradigma científico que acoja a todos los cuerpos celestes. En nuestro caso, la Tierra, tenemos un largo sendero que describir desde sus primeras rocas de hace unos 4.600 millones de años.

Este artículo es la continuación de una serie titulada “Evolución en la Tierra“, a cargo de nuestro colaborador científico, David Rabadà.

Entrega anterior: Meteoritos, la simiente de la Tierra (entrega 9)

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