Giacomo Casanova

Retrato de Giacomo Casanova (1760), por Anton Raphael Mengs / Wikimedia

Tal día como hoy… 2 de abril de 1725 nacía Giacomo Casanova

 

El 2 de abril de 1725 nacía en Venecia un personaje ciertamente singular: Giacomo Girolamo Casanova, más conocido como «Casanova» a secas. Ha pasado a la historia como encarnación material del mito de Don Juan. Sus andanzas las explicó él mismo en su ‘Histoire de ma vie’, que dejó inconclusa y que fue publicada en 1822, veinticuatro años después de su muerte.

 

CV / Casanova es sin duda el máximo exponente de un tipo humano a medio camino entre el impostor, el aventurero y el erudito –en el cual entrarían también Cagliostro, el conde de Saint-Germain o el barón Münchhausen- que, aunque atemporal, adquirió una especial notoriedad en los tiempos de la segunda mitad del siglo XVIII. En el caso de Casanova quedan documentos epistolares abundantes, así como su obra, si bien la mayor parte de sus andanzas se conocen por su propia versión en su autobiografía.

La fama de Casanova proviene fundamentalmente de su faceta de libertino seductor, -autoatribuyéndose 132 conquistas amorosas-, pero fue mucho más que esto

La fama de Casanova proviene fundamentalmente de su faceta de libertino seductor, -autoatribuyéndose 132 conquistas amorosas-, pero fue mucho más que esto. Era también un personaje culto, instruido y sin duda buen conocedor del espíritu de la sociedad de su tiempo y de la naturaleza humana, que debió poseer grandes facultades empáticas. A lo largo de su vida hizo de todo y lo contrario. Sirva como ejemplo que estuvo perseguido por la Inquisición veneciana, y que también trabajó para esta misma institución.

Era hijo, de Zaretta Farussi, una actriz que viajaba por Europa con sus espectáculos, y de Gaetano Casanova, el dueño de la compañía, que murió cuando el joven Giacomo tenía ocho años; aunque lo más probable es que su padre biológico fuera un patricio veneciano, Michele Grimani, que le protegió siempre que se vio perseguido por las autoridades venecianas. Fue destinado a la carrera eclesiástica, aprendiendo en el seminario matemáticas, filosofía, latín, griego, biología… y adquiriendo, en general, una vasta cultura que le sirvió posteriormente en su vida de «hombre de mundo y mundano». Pero su pathos pudo más que la convención social, y sus problemas empezaron cuando tuvo una aventura amorosa con la favorita de uno de sus protectores, el senador veneciano Malipiero.

Sus problemas empezaron cuando tuvo una aventura amorosa con la favorita de uno de sus protectores, el senador veneciano Malipiero

Fue expulsado del seminario y su madre lo envió a Roma, como secretario del embajador de España en la Santa Sede. Allí protagonizó un nuevo escándalo  al seducir a una joven aristócrata huida de su casa, y ocultarla en el palacio del embajador. Empezó entonces su vida de vagabundeo por Europa, repleta de aventuras amorosas y lances de todo tipo, siempre a la búsqueda de fortuna, sin reparar en imposturas. Se hizo pasar por aristócrata y adoptó el nombre de «caballero de Seingalt». Actuó como asesor financiero, médico, diplomático, filósofo, poniendo por lo general los pies en polvorosa cuando se descubrían sus tejemanejes o algún delicado escándalo amoroso adulterino.

Viajó por toda Europa y se trató a lo más florido de la aristocracia europea de su época. Conoció a Catalina la Grande de Rusia, a Federico II de Prusia, a Luis XV y a Mme. Pompadour, a Goethe, a Mozart –se dice que inspiró su Don Giovanni-, a Voltaire, a Rousseau… Fue masón, agente de la Inquisición, diplomático, abogado, presunto banquero… Conoció, cómo no, a Cagliostro y a Saint-Germain, a los que luego denunció públicamente como impostores; sintió interés por el ocultismo, no porque creyera en él, sino por estar «à la page»…

En Barcelona pasó cuarenta y dos días en la cárcel por haber tenido un sonoro affaire con la amante del Capitán General de la ciudad

Siempre intentó  promocionarse para conseguir el favor de algún soberano que le permitiera acceder a ser realmente lo que simulaba ser, sin conseguirlo: el rango de noble. Incluso pasó por España. En Madrid trató de conseguir un puesto en la administración de Carlos III, que no consiguió; en Barcelona pasó cuarenta y dos días en la cárcel por haber tenido un sonoro affaire con la amante del Capitán General de la ciudad.

En Polonia protagonizó un duelo con el favorito del rey, el príncipe Braniski, por haber seducido, una vez más, a la amante de aquél, lance que relató este mismo año (1780) en ‘El Duelo’. Escribía en francés e italiano. Las obras que consideraba menores las escribía en italiano, las importantes en francés. Como él mismo anuncia en la introducción a su autobiografía: “J’ai écrit en français, et non pas bien en italien parce que la langue française est plus répandue que la mienne”. Fue, en cierto modo, uno de los primeros escritores costumbristas, sino el primero.

Aburrido y deprimido, empezó a escribir sus memorias, 4500 páginas manuscritas que llegan hasta el 14 de septiembre de 1774

En 1785, ya con sesenta años, consiguió de la mano del conde de Waldstein el empleo de bibliotecario de Dux –hoy Duchcov- en Bohemia. Casanova aceptó, en parte por el cansancio que arrastraba, y también porque el puesto lo ponía a salvo de sus muchos enemigos y deudores. Aburrido y deprimido, empezó a escribir sus memorias, 4500 páginas manuscritas que llegan hasta el 14 de septiembre de 1774. Faltan 27 años de su vida, que no pudo narrar por sobrevenirle la muerte en su biblioteca de Duchcov, el 4 de junio de 1798, a los 73 años. En el prólogo, justificaba así su talante libertino y descreído:

«Entre los tormentos del Infierno, ningún sacerdote ha mencionado jamás el aburrimiento”.

 

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