Golpe de Estado en España de 1981

Disparos en el techo del Salón de plenos del Congreso de los Diputados / Wikimedia - Benjamín Núñez González

Tal día como hoy… 23 de febrero de 1981 se producía el Golpe de Estado en España de 1981

 

El 23 de febrero de 1981, un grupo de guardias civiles irrumpía en el Congreso de los diputados y lo tomaba por la fuerza mientras se estaba llevando a cabo el discurso de investidura del nuevo presidente, Leopoldo Calvo Sotelo. Paralelamente, los tanques ocupaban las calles de Valencia, la división acorazada Brunete ocupaba TVE y se disponía a marchar hacia Madrid. Era un golpe de estado contra la recién reestrenada democracia española.

 

CV / Hacía tiempo que el peligro de un golpe de estado militar colgaba sobre el país como una espada de Damocles. Prácticamente desde que se había estrenado el sistema democrático después de 40 años de dictadura. Incluso antes, al poco de morirse el dictador, se empezó a especular sobre un golpe de los  militares más franquistas para corregir el «peligroso» rumbo hacia la democracia que el país estaba tomando.

Hacía tiempo que el peligro de un golpe de estado militar colgaba sobre el país como una espada de Damocles

Contra la democracia estaban toda la carcunda y las excrecencias heredadas de la dictadura, todos los que no habían querido o no habían sabido reciclarse. Y muchos de ellos estaban bien colocados en el aparato del estado. Los había en abundancia en el ejército, entre la policía y la guardia civil, y había también una trama civil, con los grupos de extrema derecha campando a sus anchas ante la condescendiente mirada de las supuestas fuerzas del «orden».

Se habían descubierto conspiraciones, siendo la más famosa de ellas la denominada «Operación Galaxia». Sus instigadores fueron detenidos y posteriormente liberados sin más. Fue precisamente uno de ellos, un oscuro teniente coronel de la guardia civil, conocido por sus ideas ultramontanas, el que comandaba al grupo de guardias civiles que entró, metralletas en mano, en el Congreso. Un tal Tejero. Y lo hizo a la manera cuartelera, con el grito de « ¡Quieto todo el mundo!» y con algunos disparos intimidatorios tras forcejear con un anciano que se le opuso, el teniente general Gutiérrez Mellado, a la sazón vicepresidente del gobierno y ministro de defensa. Solo tres cabezas se mantuvieron erguidas: la del todavía presidente Adolfo Suárez (1932-2014), la del secretario general del PCE Santiago Carrillo, y la del propio Gutiérrez Mellado (1912-1995).

El capitán general de Valencia, Milans del Bosch, otro conocido franquista, declaró el estado de excepción y sacó el ejército a la calle

El capitán general de Valencia, Milans del Bosch, otro conocido franquista, declaró el estado de excepción y sacó el ejército a la calle. En Madrid, la unidad más poderosa del ejército, la división acorazada Brunete se puso en marcha, dirigida por un general que no tenía mando en ella, hacia los estudios de Prado del Rey de TVE y amenazaba con caer sobre la capital. Una vez tuvo la situación controlada en el Congreso, Tejero que allí se iban a esperar todos hasta que llegara «autoridad competente», que nadie sabía quién podía ser. O sí…

Llegó el general Armada, jefe de la casa militar del rey, se ignora exactamente con qué misión, pues dijo no tener nada que ver con los golpistas. Se sabe que Tejero habló por teléfono, enfureciéndose en más de una ocasión y bramando indignado por algo que (al parecer) no iba bien. Al filo de la medianoche, el rey Juan Carlos I apareció ante las cámaras con su uniforme de capitán general. Proclamó que estaba con el orden constitucional y exhortó a los golpistas a deponer su actitud.

A partir de entonces, diferentes capitanías generales anunciaron su lealtad al rey y a la Constitución. Algunos números de la guardia civil que estaban dentro del Congreso empezaron a abandonarlo descolgándose desde las ventanas hasta la calle. A la mañana siguiente, Tejero se rendía y en Valencia las tropas volvieron a sus acuartelamientos. De la Brunete incluso se llegó a decir que no se había movido…

Se dijo que hubo dos tramas en una, que Armada iba por un lado, y Tejero y Milans del Bosch por otro

Y empezó un largo proceso, que en muchos aspectos arrojó más sombras que las que disipó, muy especialmente en lo relativo a la magnitud de la trama y a qué falló exactamente y dio al traste con el golpe de estado. Se dijo que hubo dos tramas en una, que Armada iba por un lado, y Tejero y Milans del Bosch por otro. Y algunos generales y oficiales de media graduación que nunca quedó claro si se apuntaron espontáneamente al golpe o si, simplemente, fueron la punta del iceberg. Y tampoco quedó nunca claro quién era el «elefante blanco» al que esperaban Tejero y sus picoletos; solo que al final no se presentó.

Con el 23-F ocurre algo así como con el conocimiento humano: contra más se sabe, más consciente se es de lo mucho que se ignora.

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