Hacia el 9-N

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La penúltima vuelta de tuerca

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Xavier Massó_editedX.M. x.masso@catalunyavanguardista.com

A medida que los acontecimientos se van precipitando en esta vorágine de propósitos y despropósitos que nos acapara a diario, cada vez está más claro que el objetivo del independentismo es llegar a dar aquella vuelta de tuerca a partir de la cual no haya posible retorno; la única que, a medio plazo, puede llevar a Cataluña hasta la independencia. Es decir, forzar al Estado a suspender cautelarmente la autonomía catalana y conseguir, con ello, un progresivo enrarecimiento de la situación hasta extremos que inviertan el sentido que, hasta ahora, las cosas parecían llevar. La lógica solución de continuidad al “procés” que, si no me equivoco, entrará a partir de ahora en una nueva fase que irá mucho más allá de las declaraciones de intenciones y de las demostraciones de fuerza más o menos festivas y testimoniales. No se vislumbra un escenario nada halagüeño, se mire por donde se mire.

Las recientes declaraciones de Mas, situándose como 129 presidente de la Generalitat, y recordando que se trata de una institución anterior a la Constitución son, en este sentido, tan explícitas como las que esporádicamente han proferido algunos generales jubilados del ejército español. Las esencias, las patrias, están más allá de la ley y de la historia. Igualmente explícitas son las afirmaciones de algún vocero mediático sobre el resultado del referéndum escocés, con un título que habla por sí mismo: el derecho a decidir a los 65 años, recurriendo a algo tan vil como que el voto contrario a la independencia tuviera mayor eco entre la población de más edad, y descalificándola moralmente por ello, frente al supuesto fervor independentista de los jóvenes escoceses. Inquietante. No es este exactamente el contenido del artículo, pero basta con el título, es lo que la mayor parte de la gente lee.

Se saben en la cresta de la ola, que ahora es el momento; y están dispuestos a aprovecharlo

Ahora el nuevo mantra es el palabro «astucia». Una astucia que, como empieza a rumorearse, pasa por la convocatoria de elecciones autonómicas catalanas para el 9-N. Todo un globo sonda. De este modo, la prohibición del referéndum no impediría que en esta fecha se vote, con lo cual Mas daría por cumplida su promesa de votar. O poco después, ajustándose a la convocatoria electoral de acuerdo con los plazos legales, aunque, si la cosa va por ahí, no creo que esta pequeñez les detenga. Puede que incluso al revés ¿Se imaginan las reacciones si, además de prohibir el referéndum, el TC prohibiera las elecciones catalanas convocadas para el mismo 9-N? Se saben en la cresta de la ola, que ahora es el momento; y están dispuestos a aprovecharlo. Es la penúltima vuelta de tuerca. Ahora bien ¿Bajo qué condiciones y qué escenario se abriría con este supuesto todavía hipotético?

La única posibilidad que tiene Mas para salvar los muebles, los suyos y los de su partido, es concurrir en coalición con ERC, y puede que también con alguien más, en un frente cuyo primer punto, tal vez el único, sea la promesa de proclamación unilateral de la independencia en caso de obtener la mayoría suficiente -68 diputados- en estas elecciones plebiscitarias. Si se produce esta coalición por la independencia, y dado el modelo electoral, podría bastar con un 35 o un 40% de votos para alcanzar esta mayoría absoluta; algo que, por cierto, está a su alcance, dada la inevitable dispersión del voto no independentista.

Si se llega a esta mayoría, el Parlamento catalán proclama la independencia y el proceso entra entonces en su penúltima fase. El Estado aplica el 155 de la Constitución e interviene la autonomía catalana. Con ello, todo el entramado político, jurídico y social, o sea, el orden formal y consuetudinario, se enrarece y altera radicalmente. Cómo lo haría el Estado está por ver, pero no es difícil imaginarlo; no hay muchas maneras. La reacción del independentismo también está por ver, pero es de suponer que, por un lado, es una eventualidad que han de haber considerado, y por el otro, que la suspensión de la autonomía catalana, o su intervención por el Estado, enardecería todavía más los ánimos y hasta puede que ampliara sus bases, un sector de las cuales se radicalizaría aún más.Y si nos vemos envueltos en una situación de rechazo social significativamente ampliado y mayoritario, entonces sí, no es de descartar que al poco estuviéramos en una situación convulsa y, no precisamente de euskaldunización, sino incluso de ulsterización de Cataluña. Con todo lo que ello conlleva. Un panorama ciertamente nada reconfortante.

[blocktext align=”left”]Un país, este, especializado en perder oportunidades históricas reconvirtiéndolas en catástrofes

Si el frente por la independencia no consigue esta anhelada mayoría absoluta, entonces Mas ha salvado los muebles, al menos de momento, pero las posibilidades que se le abren ante esta perspectiva tampoco son muy halagüeñas, a la vez que augurarían un recorrido más bien breve. ¿Gobierno en minoría pero sin poder declarar la independencia? Posible lo es, sí, dado el irreprimible apego a los sillones del poder, pero también incómodo y comprometido, porque… ¿No eran unas elecciones plebiscitarias? Además, puede que a Convergencia ya le fuera bien, pero es más que dudoso que ERC se adaptara a esta situación, y menos aún las plataformas pro independencia, auspiciadas desde este mismo poder, y sus amplias bases sociales. Nuevamente, pues, en un callejón sin solución de continuidad aparente.

Por lo demás, puede que, efectivamente, sean el Sr. Mas y su entorno quienes nos han llevado a esta situación, pero también que no es exclusiva responsabilidad suya, ni de los catalanes que se han dejado llevar por los cantos de sirena independentistas. La torpeza con que el Estado ha estado gestionando todo este embrollo desde un buen principio ha contribuido, y no precisamente poco, a llevarnos hasta dónde estamos.Una torpeza que corre pareja a la irresponsabilidad de sus antagonistas. Hubiera sido relativamente fácil de contrarrestar… sólo con un poco de inteligencia política y sentido de la estrategia. Algo de lo cual, por lo visto, carecen los gobernantes españoles. Confiar en que, llegado el caso, se interviene la autonomía catalana y sanseacabó, demuestra un desconocimiento alarmante de las auténticas raíces del problema catalán y de la situación que se está viviendo actualmente.

No verlo, es estar ciego. Y lo peor de todo es que, a estas alturas del partido y después de tanta torpeza, acabe siendo la única (no) opción que el Estado tenga a mano. Un país, este, especializado en perder oportunidades históricas reconvirtiéndolas en catástrofes.Porque la suspensión de la autonomía no acaba con el problema, muy al contrario, el problema de verdad empezaría entonces.

Xavier Massó

Licenciado en Filosofía y en Antropología Social y Cultural

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