El informe de la OCDE confirma una asociación ya conocida entre nivel educativo y prevalencia de depresión / Foto: UAH

Una educación universitaria disminuye el riesgo de padecer depresión

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Los españoles que cuentan con una educación universitaria tienen menos probabilidades de padecer depresión que aquellos con un nivel formativo más bajo, y en ambos casos, el porcentaje de personas con tendencia a deprimirse es inferior a la media del resto de países de la UE y de la OCDE, según el informe ‘Panorama de la Educación 2017’ de la OCDE. Guillermo Lahera, psiquiatra y profesor contratado doctor de Psiquiatría y Psicología Médica de la Universidad de Alcalá y CIBERSAM, analiza en esta entrevista los detalles del estudio.

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Fuente: Universidad de Alcalá

Según el informe, en los adultos con niveles de educación más altos tiene una menor incidencia la depresión que en aquellos que tienen niveles de educación más bajos. La diferencia en España entre aquellas personas que solo tienen la primera etapa de Educación Secundaria y las que alcanzaron la Educación Terciaria es superior en algo más de tres veces (10% y 3%). ¿A qué cree que se deben estos datos?

La adquisición de conocimiento y competencias, de pensamiento flexible y crítico, puede hacer al individuo más resiliente frente a la depresión

El informe de la OCDE confirma una asociación ya conocida entre nivel educativo y prevalencia de depresión. Tiene el valor de recoger datos de muchos países y hacer un análisis global del fenómeno, pero no resuelve la cuestión clave: la dirección de la causalidad de esta asociación. Es posible que el tener depresión, o una vulnerabilidad a ella, impacte en el rendimiento académico y por tanto en el nivel educativo alcanzado, especialmente porque la edad de inicio del trastorno depresivo se sitúa en la adolescencia y primera juventud.

La otra posibilidad -muy atractiva para los que nos dedicamos a la Universidad- es que la educación suponga una protección a la depresión. Ambas posibilidades son plausibles, y es preciso un estudio longitudinal o prospectivo que siga a una cohorte de sujetos a lo largo de la vida, determine qué es primero y cuantifique el porcentaje atribuible a cada factor. Para nosotros, claro, es sugerente la idea de que la educación fomenta la adquisición de conocimiento y competencias, de pensamiento flexible y crítico, y que todo ello haga al sujeto más resiliente frente a la depresión. Pero no podemos demostrarlo con este informe.

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Estas cifras,  ¿son también consecuencia en parte de que las personas con mayor nivel de estudios suelen tener mejores trabajos, menos posibilidades de estar desempleados y por tanto, menos problemas económicos?

Ésa es la hipótesis que desliza el Informe, que los alumnos universitarios tienen mayor empleabilidad (un 10 % más de probabilidad de ser empleado y el hecho de ganar de promedio un 56 % más de salario) y eso reduce el estrés de no encontrar trabajo o que se encuentre uno con malas condiciones laborales. Sin embargo, el Informe aclara que esto depende también de las áreas de conocimiento. Yo no diría que expender indiscriminadamente más títulos universitarios mejoraría la Salud Mental de la población, pero ofrecer una educación de alta calidad, equitativa y alineada con las demandas laborales actuales sí puede reportar grandes recompensas a la sociedad, entre ellas mayor satisfacción personal y menor tendencia a la depresión. Es interesante analizar la asociación “bajo nivel educativo – depresión” en el contexto de los otros datos que aporta el Informe: diferencias en el tanto por ciento de gasto educativo del PIB, en el acceso y la calidad docente.

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¿Puede también tener peso en el estudio el caso de las amas de casa que han recibido poca formación, y que sufren el síndrome del ‘nido vacío’ una vez sus hijos abandonan el hogar?

El ‘síndrome del nido vacío’ hace referencias a mujeres entregadas al cuidado de sus allegados, que sufren cuando éstos abandonan el hogar

El ‘síndrome del nido vacío’ hace referencias a mujeres entregadas al cuidado de sus allegados, que sufren cuando éstos abandonan el hogar e inician una vida autónoma. Es cierto que a veces su nivel educativo es bajo, pero lo sustancial es más su identificación con la figura ‘sacrificial’ de la familia. En la terapia la paciente debe re-construirse, re-inventarse, y a veces lo hace recuperando estudios que dejó de lado en su día.

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Según el estudio,  la educación generalmente contribuye al desarrollo de una variedad de habilidades, pero no todas ellas interactúan de la misma manera con la depresión: la expansión de las habilidades sociales y emocionales (como la autoestima) es más  eficaz  en  la  reducción  de  la  depresión  que  otro  conjunto  de  habilidades  (como la comprensión lectora o la matemática), por ejemplo. Pero, ¿qué pasa con las personas con formación, cuya autoestima cae porque no consiguen un trabajo adecuado sus características, o porque tienen que falsear su currículum para no estar sobrecualificados?

Está claro, estos casos de ‘exceso de titulación’ y de falseamiento ‘a la baja’ del currículum  son dramáticos. En España, debido a nuestro anómalo mercado laboral, hasta hace poco con cifras brutales de paro, hemos tenido casos. Por eso insisto en la idea de que la formación universitaria en sí misma no es un factor de protección de depresión, seguramente depende de su calidad y orientación a un trabajo que consiga de veras la realización personal del sujeto. Este alineamiento entre la Universidad y el mundo laboral a veces es interpretado como mero interés productivo-capitalista, pero simplemente consiste en alinear ambos factores (estudios y trabajo) en el proyecto vital de la persona.

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¿Hay alguna razón por la que las mujeres sufran más la depresión que los hombres, o simplemente ellas están más predispuestas a reconocer que están enfermas y a pedir ayuda?

La formación universitaria en sí misma no es un factor de protección de depresión, seguramente depende de su calidad

Las diferencias de género en la prevalencia de depresión son indiscutibles. La mujer se encuentra en torno al 12 % de prevalencia en la vida  y el hombre en torno al 6-8 %. Las diferencias son debido a múltiples factores, pero entre ellos destacan los periodos del ciclo vital en los que la mujer es biológicamente más vulnerable (periodo menstrual, posparto, menopausia). También hay factores sociales involucrados, sin duda. Y además de estas diferencias epidemiológicas, hay aún más diferencias en el uso de recursos sanitarios y la petición de ayuda psicológica o psiquiátrica (mucho mayor en la mujer).

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¿Por qué son inferiores los índices de depresión en España a la media del resto de países de la UE y de la OCDE.? ¿Tiene que ver con que el buen clima y el sol favorecen el ‘salir a la calle’, romper el aislamiento y hacer una vida social más rica?

Nuestras cifras de depresión o de suicidio son inferiores a la media de países, sí, pero ello no debe hacer minimizar su dimensión.  Recuerdo que cada año mueren al menos 3.600 personas de suicidio consumado, más que de accidente de tráfico. Las repercusiones económicas, laborales y sociales de la depresión son también tremendas. ¿A qué se debe que otros países estén aún peor? Los estudios sugieren que en España intervienen el clima, efectivamente (la dosis diaria de luz), la dieta, la sociabilidad y la accesibilidad al sistema público de salud.

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