“El problema es que los efectos no son inmediatos y resulta difícil concienciar de algo que ya está aquí pero cuyos efectos más negativos están por llegar”, asegura el experto

Las concentraciones de CO2 no descenderán durante muchas generaciones

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El profesor del Departamento de Física y Matemáticas de la UAH William David Cabos Narváez explica qué significa que hayamos entrado en una nueva era de realidad climática, como advirtió en su día el Boletín Sobre los Gases de Efecto Invernadero que publica la Organización Meteorológica Mundial.

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UAH / Según ese Boletín, en 2015 la concentración media de dióxido de carbono (C02) en la atmósfera a nivel mundial alcanzó por primera vez el umbral simbólico de las 400 partes por millón (ppm). En 2016 se superó ese récord debido a nuevos episodios del fenómeno El Niño y eso significó que durante un año continuado los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera en todas las partes del planeta estuvieron por encima de esa barrera de los 400 ppm. Las cosas no han mejorado durante 2017. Además, las predicciones de la estación de vigilancia de los gases de efecto invernadero ubicada en Mauna Loa (Hawai), que es la más antigua del mundo, apuntan a que las concentraciones de CO2 no descenderán por debajo de ese nivel durante muchas generaciones.

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Profesor, ¿qué significa que, como indica la OMM, hayamos entrado en una nueva era climática?

Hemos llegado a un nivel de CO2 que no ha existido en la Tierra al menos en los últimos 800.000 años, que tengamos constancia

Lo que quiere decir es que el contenido de CO2 en la atmósfera ha alcanzado la barrera psicológica de los 400 ppm y, aunque desde el punto de vista físico no tiene una trascendencia muy grande, desde nuestra percepción sí la tiene, porque eso significa que hemos llegado a un nivel de CO2 que no ha existido en la Tierra al menos en los últimos 800.000 años, que tengamos constancia. No ha habido ningún salto, el contenido de CO2 en la atmósfera ha ido aumentando paulatinamente, pero tener 400 ppm significa que en la atmósfera hay un 40% de CO2 más que en la época preindustrial y ese escenario nos obliga a adoptar todas las medidas posibles para frenar las emisiones de gases de efecto invernadero, porque si no, va a ser casi imposible alcanzar el objetivo del nivel llamado ‘RCP 2.6’, que es el escenario más optimista del nivel de emisiones de dióxido de carbono de cara al año 2100, y que sería de 421 ppm.

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El aumento de las emisiones parece imparable…

El contenido de C02 está creciendo y parece que va a seguir haciéndolo, porque además del efecto humano tenemos los fenómenos que ocurren en la naturaleza y en la atmósfera sin intervención del hombre: una temperatura más alta, que es lo que genera el incremento de los contaminantes de efecto invernadero, va a provocar que los océanos, unos de los grandes ‘sumideros’ de C02, absorban menos dióxido de carbono. Además, si suben las temperaturas, se propician las sequías, y por tanto las plantas, que son otras de las grandes absorbentes de C02, reducen también esa absorción….

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¿El Niño tiene la culpa de todo lo que está pasando?

El Niño trae un aumento de temperatura en la superficie del océano y disminuye su capacidad de absorción de CO2

El Niño trae un aumento de temperatura en la superficie del océano y disminuye su capacidad de absorción de CO2. En los años que hay, por tanto, aumenta el contenido de C02 en la atmósfera. Pero cuando acabe el Niño el incremento de C02 será menor, sobre todo si aparece una Niña (fenómeno climático que, al contrario que El Niño, se caracteriza por ser una fase fría), o se produce una gran erupción volcánica. Tenemos que estar pendientes, por tanto, de los fenómenos de la naturaleza, que es una variante que no podemos controlar.

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Estamos hablando de cambios importantísimos en la vida de nuestros hijos y nietos…

Si seguimos con el escenario más pesimista, los fenómenos más extremos, de frío y de calor, el aumento del nivel del mar… puede afectar a futuras generaciones. El problema es que los efectos no son inmediatos y resulta difícil concienciar de algo que ya está aquí pero cuyos efectos más negativos están por llegar.

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