Herbert Marcuse

Herbert Marcuse en Newton, Massachusetts en 1955 / Wikimedia - Titular del derecho de autor: familia Marcuse, representada por Harold Marcuse

Tal día como hoy… 29 de julio de 1979 fallecía Herbert Marcuse

 

El 29 de julio de 1979 fallecía en Stamber –por entonces Alemania Occidental- Herbert Marcuse. Filósofo y sociólogo, fue uno de los referentes intelectuales de los movimientos universitarios de los años sesenta del siglo XX, en los EEUU y en Europa occidental. Su influencia decayó posteriormente hasta caer prácticamente en el olvido.

 

CV / Marcuse nació en Berlín el 19 de julio de 1898. Pertenecía a una adinerada familia judía alemana, originaria de Pomerania, propietaria de una fábrica textil.  Luchó en el ejército alemán durante la I Guerra Mundial y participó en la fracasada revolución de 1918. Después de la guerra, estudió Filosofía en la Universidad de Freiburg im Bresgau, doctorándose en 1922. Allí se introdujo en la Fenomenología de Edmund Husserl. Tras concluir el doctorado regresó al atribulado Berlín de la posguerra, trabajando en una editorial durante seis años.

Aunque afín a ideas políticas izquierdistas, regresó en 1928 a la Universidad de Freiburg para estudiar con Martin Heidegger, cada vez más proclive a los nazis

Aunque afín a ideas políticas izquierdistas, regresó en 1928 a la Universidad de Freiburg para estudiar con el que se estaba convirtiendo en la máxima figura filosófica alemana del momento, Martin Heidegger; éste, a su vez, había sido el alumno favorito de Husserl pero en aquellos tiempos ya empezaba a encontrarse distanciado de él por razones políticas. Heidegger, al que la esposa de Husserl había llegado a llamar «nuestro hijo fenomenológico», era cada vez más proclive a los nazis, y Husserl era judío. Heidegger, que acababa de publicar ‘Ser y Tiempo’ ascendía progresivamente en la escala universitaria, y no hizo nada por ayudar a su antiguo mentor. Todo lo contrario, en la primera edición de ‘Ser y Tiempo’ todavía apareció una dedicatoria –«A Edmund Husserl, con admiración y amistad»- que fue suprimida en las siguientes ediciones.

Nada de esto fue óbice como para que Marcuse se convirtiera en uno de los alumnos más destacados de Heidegger. Pero las diferencias ideológicas y su condición de judío acabaron impidiendo su habilitación como docente universitario. Marcuse se trasladó entonces al Instituto de Investigación Social, que fue el germen de la Escuela de Frankfurt, donde entabló relación con Mark Horkheimer, Theodor W. Adorno, Eric From… Poco después del ascenso de Hitler al poder, emigró a Suiza, y luego a París, donde se consagró como uno de los máximos representantes de la Escuela de Frankfurt. En 1934 se trasladó a los EEUU y  trabajó en la Universidad de Columbia. En 1940 se nacionalizó estadounidense.

Durante la II Guerra Mundial trabajó para los servicios de inteligencia norteamericanos, constituyendo ésta una de las etapas más oscuras de su vida profesional

Durante la II Guerra Mundial trabajó para los servicios de inteligencia norteamericanos, constituyendo ésta una de las etapas más oscuras de su vida profesional. Al concluir la guerra se reintegró a la docencia en las Universidades de Columbia –de nuevo-, Yale y San Diego. A partir de los años cincuenta se convirtió en un influyente pensador de la izquierda heterodoxa, adquiriendo un gran prestigio entre los movimientos estudiantiles revolucionarios que empezaban a surgir, primero en los EEUU, y luego en Europa, que culminaron en el Mayo del 68.

Fue el filósofo más explícitamente izquierdista de la Escuela de Frankfurt, y sin duda el que más influencia ejerció, fuera de los ámbitos más estrictamente filosóficos. Su pensamiento intentó ser una suerte de síntesis entre el psicoanálisis y el marxismo, con aderezos de fenomenología y dialéctica hegeliana.

Filosóficamente, esto puede ser considerado sin demasiados problemas un «batiburrillo», pero obras suyas como ‘Razón y Revolución’ (1941), ‘Eros y civilización’ (1955), ‘El Marxismo soviético’ (1958), ‘El Hombre unidimensional’ (1964) o ‘El final de la Utopía’ (1967) –por citar algunas de las más destacadas-se convirtieron en auténticas «biblias» entre las generaciones de estudiantes universitarios de los años sesenta y principios de los setenta. En gran medida por su posición claramente heterodoxa y contraria a la izquierda oficial, entonces representada en Europa por los partidos socialistas y comunistas, y también, cómo no, porque supo decir lo que estas generaciones querían oír.

Fue un pensador ligado al movimiento estudiantil y su pensamiento duró lo que este movimiento: hasta los años posteriores al Mayo del 68

Para hacernos una idea, en ‘Ideología y Utopía’ sostenía que el fracaso de las revoluciones se debió a que existían las condiciones «subjetivas» para la transformación de la sociedad, pero no las «objetivas», mientras que en la opulenta sociedad capitalista de principios de la segunda mitad del siglo XX, se daban las «objetivas», pero no las «subjetivas» -se refería, obviamente, a la alienación de la clase obrera, «sujeto» de la historia según el marxismo-leninismo clásico-.

Hebert Marcuse murió de un accidente cerebro-vascular durante una visita a Alemania, hoy hace cuarenta años. Fue un pensador ligado al movimiento estudiantil y su pensamiento duró lo que este movimiento: hasta los años posteriores al Mayo del 68. Hoy su obra está olvidada, incluso en aquellos aspectos que presentan una mayor enjundia intelectual.

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