Del 22 de marzo al 9 de junio de 2013

La retrospectiva del Thyssen-Bornemisza reúne 66 obras de este arte

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A finales de los años 1960 surgió en Estados Unidos un grupo de artistas que pintaban con gran realismo objetos y escenas de la vida cotidiana utilizando la fotografía como base para la realización de sus obras. La consagración del movimiento tuvo lugar en la Documenta de Kassel en 1972.

La exposición que presenta ahora el Museo Thyssen-Bornemisza plantea, por primera vez, una antología del Hiperrealismo desde los grandes maestros norteamericanos de la primera generación, como Richard Estes, John Baeder, Robert Bechtle, Tom Blackwell, Chuck Close o Robert Cottingham, a su continuidad en Europa y al impacto en pintores de generaciones posteriores, hasta la actualidad.

Don Eddy. Sin título (4VWs, 1971). Pintura acrílica sobre lienzo. 167 x 241 cm F. Javier Elorza

Organizada por el Institut für Kulturaustausch (Instituto para el Intercambio Cultural de Alemania) y comisariada por su director, Otto Letze, esta retrospectiva reúne 66 obras procedentes de diversos museos y colecciones particulares.

La Kunsthalle de Tubinga (Alemania) ha sido la primera escala de un recorrido que llevará la muestra a varias ciudades europeas; en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid podrá verse hasta el 9 de junio y, posteriormente, viajará al Birmingham Museum & Art Gallery (Reino Unido).

Paisajes urbanos, escaparates, restaurantes de comida rápida, últimos modelos de coches, relucientes motocicletas, máquinas de pinball, juguetes de hojalata, botes de kétchup,… fragmentos de la vida cotidiana, escenas banales y artículos de consumo convertidos en motivo artístico.

Los principales asuntos que ocupan el interés de los pintores hiperrealistas están tomados del mundo que les rodea, de su propio entorno personal, dando visibilidad a lo cotidiano a través de su pintura.

Charles Bell. Paragon, 1988. Óleo sobre lienzo, 127 x 244 cm. Courtesy of Louis K. Meisel Gallery, New York.

Motivos intrascendentes que captan primero a través de la fotografía y que después trasladan al lienzo mediante un laborioso proceso, utilizando diversos recursos técnicos, como la proyección de diapositivas o el sistema de trama. Son obras generalmente de gran formato, pintadas con tal precisión y exactitud que los propios lienzos producen una impresión de calidad fotográfica, pero realizadas mediante un proceso creativo completamente opuesto a la inmediatez de la instantánea fotográfica.

Considerada como una forma objetiva de documentar el mundo, desde su invención, el uso de la fotografía como punto de partida de la pintura fue una práctica habitual de muchos pintores, aunque pocos lo reconocían.

Tras la utilización pionera de la serigrafía por los artistas pop, como Warhol o Rauschenberg, fueron los primeros hiperrealistas los que empezaron a usar la fotografía sin reparos, convirtiéndola así en un instrumento “legítimo”. Partían a veces  de fotos de revistas o periódicos pero pronto empezaron a captar ellos mismos las imágenes, una o varias que luego fusionaban en el cuadro.

Las escenas tridimensionales se transforman en bidimensionales y quedan privadas de cualquier emoción; son instantes de realidad congelados en el tiempo y a menudo también sin la presencia de seres humanos. Les fascinan las superficies metálicas de cristales y espejos que permiten recrearse en las imágenes deformadas de sus reflejos.

Roberto Bernardi. Reunión, 2012 Óleo sobre lienzo. 122 x 142 cm. Courtesy of Bernarducci.Meisel.Gallery, New York

La fotografía como punto de partida y como aparente resultado final, pero no como objetivo; en ningún caso el pintor hiperrealista aspira a competir con ella, su motivación es completamente diferente. Sus obras parecen reproducir la realidad pero, de hecho, se trata de una nueva realidad gráfica creada por el pintor.

A través de ella empezaron a plantearse determinados problemas en torno a la percepción de la realidad: se interrogan por cuestiones como la objetividad y la autenticidad de las imágenes, o sobre cómo la fotografía ha cambiado la forma de ver y de relacionarse con el mundo.

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