Homo erectus y su eterna juventud sexual

Créditos vídeo: Visar Studio / Vimeo

Sabemos que en erectus la retroalimentación entre su cohesión social y la obtención de proteínas mejoró un órgano muy caro de mantener, su gran cerebro. También sabemos que todo ello potenció su reproducción y su consecuente expansión por varios continentes. Pero lo que no hemos detallado es qué mecanismo biológico permitió la expansión de su encéfalo.

 

David Rabadà | Catalunya Vanguardista  @DAVIDRABADA

Si observamos los rasgos de erectus y sapiens con respecto a sus parientes y antropomorfos, salta a la vista algo crucial, que sus cuerpos retuvieron caracteres cada vez más graciles, es decir, más juveniles. Sus esqueletos adultos fueron recordando cada vez más al de sus jóvenes e infantes. Por ejemplo, si comparamos el cráneo de un bebé humano con el de un bebé chimpancé las semejanzas saltan a la vista, pero ambos, y al crecer, se diferencian bajo un rasgo importante, el sapiens va conservando las características juveniles y el chimpancé se vuelve más robusto.

Los rasgos de erectus y sapiens con respecto a sus parientes y antropomorfos retuvieron caracteres cada vez más graciles, es decir, más juveniles

En 1977 Stephen Jay Golud habló de algo muy interesante en su libro Ontogeny and Phylogeny, la neotenia. La idea inicial no era suya sino que citaba a Julius Kollman como su instigador ya en 1885. Ambos se referirían a aquellos organismos que durante su evolución van conservando cada vez más rasgos juveniles o neoténicos. Por ejemplo, los bebés de erectus y sapiens nacían prematuramente para poder pasar por el canal pélvico. Si los bebés hubieran crecido al ritmo normal de un antropomorfo, el cerebro devendría demasiado grande para salir por el cinturón pélvico. Por tanto, y ante el gran cerebro a gestar, el feto debía nacer antes de tiempo con un mayor número de rasgos neonatales. La neotenia en Homo era un hecho observable.

Otro rasgo neoténico en Homo fue la baja pilosidad con la que nacía, desnudez que preservaban de adulto. Añadamos que el período de aprendizaje en estos Homo tan infantiles se alargó extremadamente. En resumen, la evolución de Homo se halló repleta de conservadurismo de los rasgos juveniles por neotenia. Todo ello permitió estructuras más gráciles con respecto a sus ancestros y parientes actuales, todos ellos mucho más robustos.

En 1991 Michel McKinney y Kenneth McNamara añadieron algo más en su trabajo The Evolution of Ontogeny. Ellos hablaban de hipermorfosis cuando algunas especies retardaban su crecimiento conservando también rasgos juveniles en los estadios adultos.

Otro rasgo neoténico en Homo fue la baja pilosidad con la que nacía, desnudez que preservaban de adulto

Un primer ejemplo de ello lo observamos en la aparición de los molares. Estos crecen más tarde en Homo que en el resto de antropomorfos. En erectus lo hacían entre los 4 y los 5 años, mientras que en sapiens ello ocurre entre los 5 y los 6. Si nos damos cuenta que entre los antropomorfos los molares surgen a los dos años queda claro que en Homo existió un claro retraso de crecimento o hipermorfosis.

Homo erectus macho / Steveoc 86

Otro ejemplo lo tenemos en el cerebro de los bebés sapiens. Éste sigue creciendo después del parto pero a una velocidad inferior a la de los antropomorfos. Es decir, Homo retrasó su madurez con respecto a gorilas y chimpancés. Además el peso del cerebro neonatal con respecto a su peso corporal muestra también este proceso. En Australopithecus y antropomorfos la relación es de 0,33 mientras que en erectus y sapiens la cosa baja hasta el 0,25. En otras palabras, Homo había retrasado su crecimiento cerebral.

Fuera por neotenia o por hipermorfosis, la evolución de Homo preservó gran cantidad de características juveniles en sus fases adultas, algo muy importante para comprender su gran baza, la encefalización. Los erectus nacían con un desmesurado cerebro que así seguía en sus fases adultas, es decir la neotenia les potenció su encefalización. Además también nacían con una reducción mandibular, molar, y facial que conservaban como adultos a favor de una relativa mayor capacidad cerebral. En resumen la encefalización hundía sus raíces en el conservadurismo de rasgos infantiles.

Fuera por neotenia o por hipermorfosis, la evolución de Homo preservó gran cantidad de características juveniles en sus fases adultas

Pero, y a nivel genético, ¿resultaba fácil este proceso? Pues sí. Sólo con un gen que retrasara el crecimiento embriológico ya se desencadena la neotenia o la hipermorfosis. En 2004 se habló del gen ASPM como clave en todo ello. Una vez la genética lo potenció, y dentro de todo aquel arsenal de rasgos neoténicos, Homo mejoró su encefalización, su reproducción y se extendió por varios continentes. Recordemos que la mayor encefalización de erectus le permitió una mayor optimización en la búsqueda de recursos, mayor cohesión social y mejor defensa ante depredadores y competidores. En fin la neotenia propició una mayor tasa de reproducción.

 

El sexo, en la evolución de Erectus

Pero no sólo de una mayor encefalización se lucró erectus para reproducirse mejor. El sexo jugó un papel muy importante en su evolución ya que se escapó de su papel meramente fecundador.

Para comprender lo anterior cabe detallar que en todos los antropomorfos actuales, excepto el bonobo, existe estro y por lo tanto la cópula se ciñe a períodos estacionales. En cambio en Homo y bonobo no existe estro y se practica el sexo durante todo el año. Sin estro los machos no pueden saber cuando sus amantes llevan óvulos fértiles, y por lo tanto, el sexo deviene desligado de la fecundación.

La cópula ya no servía sólo para la reproducción sino que se utilizaba para mitigar el estrés, intercambiar placeres y hasta reforzar los lazos personales

Ello permitió aparearse de manera frecuente y placentera forjando mejor la cohesión familiar, la del grupo y su éxito reproductivo. En otras palabras, la cópula ya no servía sólo para la reproducción sino que se utilizaba para mitigar el estrés, intercambiar placeres y hasta reforzar los lazos personales. Y Homo no resultó el único en ello ya que a muchos murciélagos les ocurre lo mismo. En fin, que nos volvimos hipersexuales y con ello también incrementamos nuestras tasas de fecundidad.

Independientemente de todo lo anterior hay otro dato que nos indica la hipersexualidad de erectus. En chimpancés, gorilas y orangutanes, como también en australopitecinos y Homo habilis, el peso de las hembras era muy inferior al de los machos. En su conjunto los machos pesaban casi el doble que sus compañeras. Estos sementales eran tan grandes para pugnar entre ellos por la cópula. Es decir, sólo los ganadores devenían sexualmente activos y sólo durante el estro de sus mujeres.

Al igual que en bonobo, el dimorfismo sexual entre hembras y machos, se redujo drásticamente / Rob Bixby

En cambio a partir de Homo erectus las normas cambiaron. Al igual que en bonobo, el dimorfismo sexual entre hembras y machos, se redujo drásticamente. A lo sumo en erectus los machos eran un 20 % más pesados que sus consortes. Así, como en los bonobos, los machos erectus ya no se disputaban las féminas. Cabe añadir que los bonobos, como Homo, son altamente neoténicos y que pueden copular de cara entre muchas otras afinidades.

Erectus evolució hacia un sexo frecuente entre sus miembros, sin machos alfa por medio y bajo una mejor cohesión social

En resumen, erectus evolució hacia un sexo frecuente entre sus miembros, sin machos alfa por medio y bajo una mejor cohesión social. Por primera vez en la evolución humana el sexo quedó desligado de su papel reproductivo y pasó a ofrecer placer y refuerzo afectivo. Muy probablemente, y sin estro que las delatara, las hembras evolucionaron hacia pechos y nalgas hinchadas durante todo el año. Estas turgencias consisten en redondeadas acumulaciones de grasa como reclamo sexual. En el pasado muy probablemente indicaban que la hembra devenía fértil pero para erectus resultaba un falso estro para estimular a los machos.

Las formas femeninas que tanto describen hoy en día muchas conversaciones masculinas seguramente empezaron con la evolución de erectus. E incluso desde entonces que evolucionó nuestro intenso y largo orgasmo, nuestras largas precópulas, el aumento de la sensibilidad en pene, labios, lengua, pezones, clítoris más otros puntos. De hecho nuestro cerebro ya lo indica con un septo y una amígdala anómalos con respecto a la media del resto de los primates. Ambas estructuras límbicas explican el incremento del placer sexual y la reducción de la agresividad, algo básico para la cohesión social y la mayor reproducción en erectus.

Todo ello, más la revolución cultural en este Homo, explicaron su expansión (Ver el capítulo: La mente de erectus y el poder de su cultura). La prueba fue, y por primera vez en la evolución humana, que la gran flexibilidad biológica y cultural de erectus lo propulsó hacia cuatro de los grandes continentes. Sigamos ahora su viaje pionero por el mundo desgajando los prejuicios de algunos en evolución humana.

Este artículo es la continuación de una serie titulada “Prejuicios y Evolución Humana“, a cargo de nuestro colaborador científico, David Rabadà.

Entrega anterior: La mente de erectus y el poder de su cultura (entrega 18)

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